La soledad creó una nueva enfermedad: el pánico a hacer pis cerca de otros

El síndrome de Paruresis es más común de lo que se cree. Quienes lo sufren son incapaces de ir a un baño que no sea el propio

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Aunque parezca raro, la Paruresis está más extendida de lo que se cree, aunque vive tapada por estigmas sociales y la vergüenza, según publicó la revista alemana "Der Spiegel".
 
La International Paruresis Association estima que el 7% de la población necesita hoy de tratamiento, mientras que científicos de Estados Unidos, de acuerdo con la misma publicación, aseguran que el síndrome ocupa el segundo lugar entre las fobias sociales, detrás del pánico a hablar en público. Sólo en Alemania hay un millón de afectados, la mayoría hombres.
 
La revista alemana citó el caso de un ejecutivo de negocios de 45 años que vive la angustia de tener que viajar a Estados Unidos con frecuencia: "Dos horas antes en el aeropuerto, ocho a once horas de vuelo, luego viajes por carretera en Estados Unidos, y todo esto en grupo. He aprendido a planear todo y a no beber nada".
 
Como se sabe tan poco de la Paruresis, un equipo médico alemán de la Heinrich-Heine Universität, encabezado por el psicoterapeuta Philip Hammelstein, comenzará a investigar a 60 pacientes.
 
Hammelstein descartó el mito de que su causa sea una distorsión sexual y esgrimió otras hipótesis. Dice que llegó a la Paruresis después de tratar a personas con depresión: algunas de ellas llevaban años sin salir de vacaciones ni compartir con amigos, aislándose seriamente y desarrollando el mal.
 
Otra hipótesis es que quizás se debe a un miedo arcaico, el de no sentirse capaz de marcar un territorio con la orina.
 
Sea como fuere, una vez que ocurre, provoca el pánico, y quienes son más frágiles son los hombres: "Entre las mujeres no existe la norma social de que es más femenino orinar una junto a la otra; los hombres creen que es más masculino orinar parados y juntos".
 
Aunque poca gente consulta a un especialista, por vergüenza, quienes lo hacen deben orinar en un baño que hay en la consulta, con la puerta cerrada; con el correr de las sesiones, el médico se va acercando, hasta que al final, después de muchas conversaciones terapéuticas, ambos hacen pipí parados uno junto a otro.