Salud ocular y lentes de contacto

El rol de la oxigenación es fundamental, es un desafío que la ciencia médica y la industria buscan superar constantemente

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Según estudios realizados en Estados Unidos y Europa entre los años 2000 y 2003, más del 90% de los usuarios de lentes de contacto experimentaron alguna vez diversos trastornos, como ojos irritados y secos, incomodidad, intolerancia o visión borrosa: todos ellos problemas causados en su mayoría por un pobre suministro de oxígeno a la córnea.

El oxígeno es un elemento esencial para la vida y su presencia en la atmósfera terrestre fue clave en el nacimiento del hombre.
 
En el caso particular de la salud ocular, dejar que los ojos ?respiren? también resulta básico, y es por ello que la oxigenación constituye desde siempre un requisito, y muchas veces un obstáculo, en la fabricación de lentes de contacto.

Si el O2 es insuficiente, se compromete la salud del ojo, especialmente la de la córnea, una película transparente que precisa de éste para cumplir con sus funciones metabólicas y que cuando no está bien abastecida experimenta molestias que van desde pequeñas inflamaciones a problemas más serios, pudiendo incluso sufrir lesiones crónicas.

Garantizar la respiración ocular se torna una cuestión crítica en el empleo de lentes de contacto para uso extendido (más de 8 horas por día) sobre todo durante el sueño, ya que mientras el ojo está abierto la córnea toma oxígeno directamente desde la atmósfera, pero al dormir los párpados cerrados obstruyen el contacto con la superficie corneal.
 
Los diminutos vasos sanguíneos internos sólo proporcionan una tercera parte del O2 normalmente recibido en la vigilia causando de forma natural que la córnea experimente enrojecimiento y una leve inflamación, algo que les sucede a todas las personas al despertar.
 
Pero cuando se duerme con lentes de contacto, éstas impiden aún más la llegada de oxígeno. Si bien ciertos materiales son mejores transmisores que otros, por lo general aumentan varias veces la hinchazón de los ojos. Este déficit, llamado hipoxia corneal a largo plazo puede volverse crónico y derivar en traumas tan graves como la queratitis ulcerosa.
 
La revolución de las lentes

La capacidad de un material para permitir el paso de O2 se conoce como su transmisibilidad o Dk/t, y se ha establecido un Dk/t mínimo de 90 para el uso prolongado seguro y de 125 para evitar la hipoxia durante el sueño. Las lentes hasta ahora conocidas ni siquiera eran capaces de acercarse a esos niveles, potenciando varias veces la inflamación corneal.
 
Afortunadamente, gracias al progreso de la ciencia médica y el constante interés de la industria oftalmológica por llevar al mercado materiales con un mayor Dk/t, en estos últimos años han nacido unas lentes desarrolladas en hidrogel de silicona, un diseño revolucionario por su alta transmisibilidad, que alcanza e incluso supera los estándares requeridos.
 
El hidrogel de silicona brinda hasta seis veces más oxígeno que los materiales tradicionalmente utilizados y deja que la córnea respire casi como si no llevase lentes, aún mientras se duerme. Esto ofrece a las lentes de contacto un amplio campo para nuevas aplicaciones, el mismo que se encontraba restringido por el enigma de la oxigenación.
 
Por ejemplo, según el mencionado estudio, el 70% de los usuarios de lentes contacto comunes sufren molestias luego de pasar varias horas frente a la PC o estar en un ambiente climatizado. Los diseños de hidrogel de silicona, en cambio, mantienen constante la hidratación de las lentes evitando esa sensación de resecamiento que se experimenta al final del día.
 
Asimismo, el Dk/t superior de los nuevos materiales permite desarrollar lentes descartables de uso extendido por hasta 30 días continuos, ideales para quienes tienen dificultades de manejo, especialmente en el caso de los niños, que no podían aprovechar esta alternativa a los anteojos porque sus padres la veían como una responsabilidad demasiado grande.
 
Desde aquellos investigadores que por el 1800 dieron los primeros pasos en el mundo de las lentes de contacto, la oxigenación apareció siempre como la gran barrera a superar. Hoy, siglos después, la ciencia y la industria parecen finalmente haber cumplido esa misión.