Cri Cri, una villa sin control

La Policía de Buenos Aires se queja de falta de recursos. Los barrios más peligrosos están fuera de la cuadrícula. La ubicación estratégica también facilita la tarea de la delincuencia. Uniformados admiten la connivencia

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A menos de cuarenta kilómetros de la Capital, el centro de Garín conserva un aire de pueblo. La plaza, el Banco Provincia, la iglesia, todo en su lugar, como en todas las pequeñas localidades del interior provincial. También la comisaría, austera, en la que sólo desentonan algunos autos importados estacionados en la puerta, bajo los rayos del sol del mediodía que ya ordenó la siesta a todo el mundo.

No muy lejos de ahí, en la avenida Tierra del Fuego (?Tierra de nadie?, para los lugareños), Nicolás Garnil fue liberado por sus captores. En la misma zona, tras una persecución que empezó en La Matanza, la policía frustró un secuestro de dos empresarios que derivó en la liberación de Cristian Ramaro. Señalado como una de las bases de operaciones de las bandas de secuestradores, Garín no siente la presión de las fuerzas federales que atestan las calles de San Isidro.

?Perdonanos, pero no podemos decir nada, el comisario no está. Si querés información tenés que pedirle a la jefatura?, fue la previsible respuesta en la única comisaría del lugar. Sólo lamentos salen de su boca: ?Somos treinta policías para una población de 80.000 personas?, se animan, y no se privan de listar sus limitaciones. Que se notan a simple vista. La humedad gana la batalla en paredes y techos. La estufa fue pasada a retiro y una conexión ?a la argentina? improvisa un sol de noche para calentar el ambiente.

Un mapa de la jurisdicción revela una de las claves: las cuatro cuadrículas que refuerzan el patrullaje de la zona apenas alcanzan al casco de Garín. Las zonas de countries están fuera de ese radio. Las patrullas privadas abundan por ese lugar. La villa Cabot, detrás del Parque Industrial Garín, y la Cri Cri, siempre relacionada con los secuestros, curiosamente tampoco fueron tenidas en cuenta en la cuadrícula.

En la calle también reina la desconfianza. Una improvisada parrilla, cerca de la zona caliente, aporta las voces ?prohibidas?. ?¿Viste los ?carros? en la puerta de la comisaría? No son secuestrados, son de los jefes?, larga un parroquiano ante la mínima consulta.

El choripán está a medio comer cuando, casualmente, un oficial bonaerense llega en busca de su almuerzo. ?El comisario estaba al lado tuyo mientras te decían que no estaba?, revela de entrada. Se empezaba a poner bueno.

Jurisdicciones cruzadas

?Es cierto que quieren destruir a la Bonaerense, y está bien. La mitad de la fuerza está en la ?joda? y sólo cuando queden los que están limpios se podrá empezar a trabajar en serio?, se descarga.

Además de la escasez de recursos, la complicidad policial y la falta de apoyo federal, Garín tiene otras características que la hacen estratégicamente provechosa para los secuestradores. En el extremo sur, detrás de la planta Ford, coinciden cinco jurisdicciones policiales y tres partidos: Malvinas Argentinas, Tigre y Escobar. Enclavada entre los ramales Pilar y Campana de la Panamericana, también multiplica la posibilidad de escape.

?Acá los camioneros ya no son asaltados por los piratas del asfalto.
Directamente se ponen de acuerdo con ellos y pactan el lugar para entregarles la mercadería para cobrar el seguro?, describe la fuente.

Siempre hay motivos para justificarse. ?Está bien que con lo que ganamos debamos ?charolear? comida y nafta, pero otra cosa es pactar con la delincuencia.?

?¿Vos crees que estamos en condiciones de denunciarlos?? La pregunta queda en el aire. La coordinación de fuerzas federales y bonaerenses para pelear contra el delito organizado todavía no llegó a Garín, siempre noticia cuando de secuestros se trata.

Gabriel Buttazzoni
gbuttazzoni@infobae.com