ALICIA BERGER

Visitar el departamento de la chef internacional Alicia Berger significa trasladarse imaginariamente a los más remotos y exóticos lugares del mundo. Las paredes de su hogar están adornadas con objetos tales como piedras fosilizadas, máscaras traídas de Africa y elementos de tortura usados en las Islas de Tahiti.

Guardar

Berger explica: "En uno de mis viajes conseguí los garrotes rompecabezas y un instrumento llamado ?revuelve vísceras? que se utilizaba en ritos sagrados de las tribus que habitaban Tuamoto". Cual museo de arte precolombino, en estanterías de madera oscura raros huacos deslumbran a quienes visitan su hogar. "Fue mi padre, quien sembró en mí la pasión por la historia, los viajes por el mundo y el interés por los objetos autóctonos. De él heredé muchos de los huacos que tengo", explica la reconocida chef."Mi casa tiene un estilo totalmente informal, todo lo que hay es porque lo disfruto y me gusta. Tanto mi pareja, el gourmet Maurice Lacharme, como yo nos encargamos de la decoración y de acondicionar cada uno de los rincones de nuestra casa. Este es nuestro refugio." Tal vez por eso a Berger le cuesta señalar uno como su lugar favorito. "No tengo un rincón preferido, disfruto de la totalidad de mi casa. Sin embargo, me encanta venir a la sala de estar a leer mis libros de cocina; el acuario me carga de energía, me invita a sumergirme en un mar cálido y, al mismo tiempo, mirar los pececitos de colores me hace sentir mucha paz." La idea de colocar un acuario en la biblioteca fue exclusivamente para recrear un ambiente marino y poder introducir dentro de él los corales y las estrellas de mar que la misma Berger recolectó en sus paseos por el mundo.
La chef asegura ser una fanática lectora, especialmente de libros de cocina, tiene más de 600, ordenados en la biblioteca de la sala. Algunas caracolas traídas de sus viajes, animales tallados en madera y fotografías con su pareja y sus hijos también completan el lugar: "Adoro tocar los objetos, me energizan. Los cambio de lugar continuamente porque para mí la decoración es algo dinámico y odio las casa estáticas", dice Berger. Dos mullidos puf escoltan a un cómodo sillón reclinable en cuero negro con su apoyapiés correspondiente.
Su escuela de cocina, una casona de principios del siglo pasado reciclada por el arquitecto Federico Berger es, según la misma Berger su "segundo hogar". La chef asegura: "Mi escuela es como mi casa. Paso allí casi todo el día y por eso también me ocupo personalmente de la decoración. Cambio de estilo frecuentemente, ahora el marino es el elegido. En las paredes coloqué estrellas de mar que yo misma saque de las profundidades de los mares que recorrí y sonadores hechos de vulvas. Pero mi rincón preferido dentro de la escuela es el jardín donde, en canteros aterrazados, cultivo las hierbas que luego utilizo en la cocina, es un placer que recomiendo".