Jorge Coscia: "Sin fomento, el Instituto no tiene ningún sentido"

El presidente del Instituto del Cine explica el criterio de la entidad para discernir entre cine "industrial" e "independiente". Y admite que cinco "grandes" filmes subvencionados "no anduvieron bien"

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Proyecto de circuito nacional de salas "Vamos a tomar un cafecito", le propone el presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Jorge Coscia, a Infobae. Pero renunció a los pocos minutos a la búsqueda de un lugar adecuado.

"¿Te gustan las callecitas de Buenos Aires? Son muy cinematográficas, es una linda manera de darle contexto a la entrevista", ríe el realizador de películas como Sentimientos, Chorros (las dos de 1987), Rosas, 200 años (1993), Canción desesperada (1996) y Luca vive (2002). Es de esos tipos de perfil bajo.

Luego de 570 días de gestión, desde el 19 de febrero de 2002, cuando asumió el cargo, la labor del realizador parece haber obtenido más triunfos que derrotas: logró recuperar la autarquía del cine, lo que generó que el propio Instituto sea el que distribuya los subsidios de su presupuesto; puso peso en el fomento de la cinematografía; y en relación con esto construyó salas en todo el país (la última inversión resultó ser el reciclado del viejo Gaumont). También firmó acuerdos de codistribución de películas con autoridades de Italia, Francia, España y Brasil.

"Tomamos el Instituto de Cine en una de las más formidables crisis de la historia argentina reciente y lo pusimos en marcha, recuperamos la autarquía y restauramos el sistema de fomento, que es lo más importante. Todo lo demás es verso, porque sin fomento, el Instituto del Cine no tiene ningún sentido, teniendo en cuenta que es la única manera que tenemos de idear un cine orgánico, industrial, pero también creativo, artesanal y en libertad", explica Coscia.

Producir y exhibir

Pese a que este hombre "bien nacido en Flores, de clase media", según sus palabras, pone énfasis en el fomento del cine, quizás el logro más trascendente de su gestión hasta el momento sea el haber recuperado la independencia económica del Instituto, haciendo entrar en vigencia la polémica ley firmada en 1994. "No hay duda alguna de que la autarquía se peleó y se consiguió durante mi gestión. Aunque cuando digo que es un logro de mi gestión, también considero que tuve el respaldo de toda la actividad cinematográfica", arguye el funcionario.

El punto, luego de que pasara más de un año de vigencia de la ley, se centra ahora en los resultados que ésta produjo sobre la industria. "Por primera vez en cuatro años se están pagando los subsidios en su totalidad. En el '99, 2000 y 2001, bien sabe la industria que no se pagaron por no contar con los fondos suficientes", recuerda. "Los otros resultados tienen que ver con la reestructuración del Instituto. Porque el Incaa no está sólo para garantizar que se hagan las películas sino también que se vean. Y es en ese sentido que estamos expandiendo el fomento en dos niveles: uno en promoción del cine nacional, en la Argentina y fuera de ella; y el otro, en la construcción de un circuito nacional de salas. Antes del fin de septiembre lo inauguraremos, con casi veinte salas dedicadas al cine argentino y al de sus aliados: Mercosur, España, Italia".

¿Se firmaron acuerdos de distribución con otros países?
-Las políticas de construcción no se ven en el corto plazo. Construir políticas comunes con el Mercosur es complicado, por una cuestión de proximidad. Pero tampoco hay que olvidarse de que estamos trabajando en la construcción de alianzas con las autonomías españolas, con Italia, con Francia y con el Estado de Israel. Todo teniendo en cuenta que el cine como industria cultural tiene un sustento temático; y entendemos que, ya que en Europa suelen cerrarse las puertas más de una vez, por las alianzas prioritarias que se tienen con la Unión Europea, nosotros estamos entrando en el Viejo Continente por la ventana, a partir de nuestra particularidad cultural.

¿Una elección desacertada?
"Este año el Incaa apoyó el estreno de cinco películas de las llamadas 'grandes', que son las que más chances tienen de nivelar el mercado; y la verdad es que no anduvieron bien. No definiría esto como un error sino que es un problema que tenemos que analizar", explica Coscia. Y se defiende: "Pero nadie puede criticar nada porque, aunque quizá confundimos el criterio, trabajamos para que estas películas existieran. De esas películas, el año pasado se estrenó una sola, que fue Apasionado; y este año ya salieron cinco: El día que me amen, de Suar; Un día en el paraíso, protagoniazada por Francella; El séptimo arcángel, de Stagnaro; Vivir intentando, la de las Bandana, y El juego de Arcibel, de Alberto Lecchi". Aquí es donde surge el debate quizá más polémico que involucra al Instituto: el de los subsidios que reparte a directores. El Incaa debe tener en cuenta, para poder entregar el dinero, dos variables de suma importancia: el grado de calidad del filme, que incluye todos los conceptos de evaluación de la película (desde la creatividad hasta el guión, pasando por cada uno de los elementos que conforman la narración) y la condición respecto del respaldo económico que haya conseguido cada producción (lo que las clasifica como 'independientes' o 'industriales').

En el primer caso, el Incaa ha desarrollado comités de preclasificación, grupos de personas de la industria -en los que no participa el presidente de la institución- que analizan cuáles producciones merecen el subsidio y cuáles no. En tanto, en el segundo, la polémica es muchísimo más fuerte, porque confronta a los realizadores: los independientes levantan la voz contra las megaproducciones y éstas, a la vez, defienden su posición para recibir los subsidios. En esta discusión se han invocado a menudo argumentos estéticos y generacionales (como por ejemplo, la consabida y jamás agotada cuestión de si existe un "nuevo cine" y quiénes lo conformarían, en caso afirmativo). Se trata de un debate eminentemente subjetivo, sin duda alguna, por el que se cruzan opiniones para todos los gustos, pero para el que se utiliza, en lo que hace al otorgamiento de subsidios, únicamente el criterio de selección.

"El Incaa considera 'independiente' a toda película que está hecha sin el apoyo de un canal de televisión, que es como lo consideran en Europa. Por lo tanto, Héctor Olivera es un director de cine independiente. Podemos hablar, luego, de un cine muy independiente, que es un cine como el que yo hice. Pero es muy difícil que una película del cine denominado muy independiente se termine sin el apoyo del Incaa", explica Coscia. Y subraya que "el Incaa garantiza la independencia del cine independiente: la verdadera emancipación es aquella que surge cuando tipos como Jorge Coscia o como Pablo Trapero, nacidos en Flores, en hogares de clase media baja, logran ser directores de cine".

¿Pero qué criterio utilizan para instrumentar la asignación de los subsidios?
-La mayor cantidad de películas que el Instituto apoya son filmes de los llamados independientes. Eso sí: es imposible que todos estén contentos cuando hay 12 mil estudiantes de cine y mil directores independientes.

Dos episodios

La polémica por los subsidios que el Incaa entrega lleva años en la escena cinematográfica y ahora, las voces más fuertes de la crítica contra el Instituto las tienen los directores Celina Murga (Ana y los otros) y Juan Villegas. La primera salió con los tapones de punta desde el Festival de Venecia; y Villegas lo hizo cuando se estrenó, el año pasado, su película Sábado.
 
"Celina Murga fue el único caso de película no preclasificada 'de interés' en dos ocasiones. Tomé la decisión de que se preclasificase excepcionalmente, por tercera vez. Viajó al Festival de Venecia subsidiada por el Incaa y encima criticó al Instituto desde allá, o sea, ella ha podido criticar al Incaa con la plata del Incaa. Es un modelo de transparencia. Me llena de orgullo: hasta las críticas las subsidiamos nosotros", ironiza el funcionario.

En cuanto a Juan Villegas, recapitula: "El día que estrena Sábado dice que lo que caracteriza las películas que se estrenan es que no tienen el apoyo del Incaa. Mientras él decía eso, la ciudad estaba empapelada con el cartel de Sábado, pagado por el Incaa". Y remata: "Acá tenemos una generaciónjoven, que es de las más creativas que ha dado el cine argentino. Por ahílos que más se quejan no forman parte de los más creativos. Siempre grita el de menos talento".

No es la primera vez que un director se hace cargo de la presidencia del Instituto: ya lo habían hecho Manuel Antín, Octavio Gettino y Antonio Toné, entre otros. Pero dentro del maravilloso mundo del séptimo arte, esto siempre resulta un ítem polémico e interesante: muchos opinan que quienes ya tienen experiencia en la función pública son los más indicados para dirigir todo tipo de organizaciones gubernamentales, mientras que existe otro reducido grupo que esgrime la frase "cada cual a su lugar" y se muestra encantado con la presidencia de una persona que haya salido de la industria para dirigir el Instituto respectivo.

"Es mejor. Siempre la sensibilidad de quienes tenemos que ver con el cine ayuda para dirigir este Instituto. Pero también debo reconocer que mi gestión ha sido enriquecida por alguien como Jorge Alvarez, que con su experiencia en la función pública le ha aportado conocimiento de estado y de ordenamiento a mi visión parcialmente cinematográfica", opina Coscia. Tiene ejemplos para sustentar sus ideas: "Lo mejor para el país es que la Secretaría de Justicia esté a cargo de un abogado". Sin embargo, como resguardando su posición, también toma en consideración las demás visiones: "Pero no considero que sea malo en sí mismo que el Instituto esté a cargo de un abogado, como lo estuvo."

Futuro como director

La última película de Coscia estuvo signada por las superposiciones. Luca vive, una narración sobre la vida del líder y cantante del mítico grupo de rock Sumo; fue estrenada pocos días después de haber asumido la presidencia del Incaa, en febrero del año pasado. Los críticos la esperaban ansiosos, escondiendo las armas. "Estrenar Luca para mí fue un inconveniente, porque sabía que muchos la iban a juzgar como la película del director del Incaa. Al final, el más perjudicado fue el actor protagonista", se defiende el realizador. Y no se priva de atacar a "cierto sector de la crítica" cuando dice que "está encabezada por el prejuicio".

En tanto, al final de la conversación surgen dos puntos importantes, centrados sobre un mismo tópico: el futuro, como director de cine y como presidente del Incaa. "Filmar no puedo, lo supe desde el momento en que asumí. Gracias al fomento del cine, Jorge Coscia pudo ser director; y gracias a que soy presidente y encabezo el fomento del cine, hoy Jorge Coscia no puede dirigir." En tanto, como presidente del Instituto, Coscia finaliza: "Espero algún día no lejano dejar de presidir el Incaa y poder volver a ser director de cine. Aunque también me ocurre lo que les sucede a los que le gusta mucho el chocolate, pero terminan trabajando en una confitería: estoy un poco empachado".

Juan Giovaneli