"Me dijeron: 'Como vamos a empezar la guerra, seguro que tendremos muchos problemas legales. ¿Quieren ser nuestros abogados?' A pesar de que nosotros éramos peronistas revolucionarios, por una cuestión de consecuencia política, quedamos apalabrados para la defensa". El actual secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, cuenta así como se constituyó, junto con su amigo Rodolfo Ortega Peña, en abogado de la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo, que lideraba Mario Roberto Santucho y que integraba el recientemente indultado Enrique Gorriarán Merlo.
Las citas son del libro "Todo o nada", de la periodista María Seoane, que cuenta la historia del líder del ERP, y en el que Duhalde se explaya sobre sus pasos de hace dos décadas, cuando Santucho decidiera contratarlo para resolver su situación legal, en octubre de 1971: ?Acababa de nombrar abogados defensores a Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña?, dice la escritora.
?En la casa de Arregui es donde escuché hablar por primera vez de los Santucho, también de su hermano Francisco René, y de la librería que tenían en su provincia. Yo en esos años no tenía acercamiento a las corrientes trotskistas pese a que en la década del cincuenta había militado cerca del ?Vasco? Bengoechea. Luego en los años 70, Rodolfo Ortega Peña y yo teníamos la mayor parte de las defensas políticas?, recuerda el funcionario, al que nadie le solicitó la renuncia.
En la página 164 de su libro, Seoane transcribe nuevamente a Duhalde relatando su labor de nexo entre ejecutivos de la empresa Fiat y Santucho para negociar el pago del rescate del empresario Oberdan Sallustro, quien fuera finalmente asesinado por los terroristas.
Apología
Pocos párrafos más adelante, la periodista relata que el 10 de abril de 1972, el mismo día en que muere Sallustro, un comando conjunto del ERP y las FAR, que expresaba una efectiva coordinación política entre dos fuerzas que simpatizaban, acribilló en una calle de Rosario al jefe del II Cuerpo del Ejército, teniente general Juan Carlos Sánchez?.
Pero la parte más sustanciosa, en la que el actual secretario de Derechos Humanos navega sin hesitar por las aguas de la apología del delito, llega en la página 297 del libro de Seoane, en la que Duhalde, a propósito de la muerte de Santucho, señala: ?Lo que sucedió no radicaba en su personalidad sino en sus concepciones políticas. Su personalidad fue un bronce que podría haber sellado una victoria.Creo que la Argentina de este siglo ha dado pocos personajes como él. Una de las figuras más respetables y más protagónicas que tuvo la izquierda de este país. Y una de las pocas que tuvo en su cabeza, obsesivamente, la cuestión del poder, la necesidad de cambiar el curso de la historia?.
La vieja máxima que reza que el hombre es amo de sus silencios y esclavo de sus palabras cobra nuevamente vigor, tras la ferviente reivindicación hecha por Duhalde de quien ordenó el asesinato del general Sánchez, es decir, el autor intelectual de un crimen.
Santucho fue cliente de Duhalde, como el general Sasiaiñ lo fue del hijo de Sánchez, hoy ex funcionario. La pregunta que surge es si los declamados ?principios éticos de este Gobierno" alcanzan a todos, o solamente a unos pocos.