Agónico triunfo de River Plate

Sobre la hora, le ganó 2 a 1 a Chacarita en el Monumental. Ameli y Husain marcaron para los millonarios y Pena para los funebreros

River Plate merecía ganarlo porque, pese a no jugar bien, había sido el único que quiso jugar. Y Chacarita Juniors merecía irse con las manos vacías porque se dedicó a hacer tiempo, a ensuciar las acciones, a recurrir a todas las deslealtades posibles.

Y el partido así acabó, terminó como tenía que terminar, con River festejando largo y tendido ese 2-1 agónico y sufrido, por el cabezazo salvador de Horacio Ameli en el último de los 6 minutos de descuento.

Se hizo justicia, entonces. Porque Chacarita fue la cara del antifútbol y, en nombre del buen gusto, hubiera sido un pecado que se llevara un punto del Monumental. Por eso lo celebró tanto River. Por el valor de los tres puntos y porque debió dejar sangre, sudor y lágrimas para ponerse en carrera en la lucha por el título.

De movida, River amagó con llevarse por delante a Chacarita. Pero ese impulso duró apenas un suspiro, hasta que los visitantes ajustaron un poco las marcas en el medio. Y, a los 5 minutos, Chacarita generó una de las dos llegadas claras que tuvo en el primer tiempo, siempre vía contragolpe. Leonel Unyicio desbordó por la izquierda y mandó un centro hacia atrás para la llegada solitaria de Diego Rivero, cuyo remate salió desviado. Como era de esperarse, River asumió la iniciativa. Pero Chacarita se agrupó bien atrás y los volantes locales fallaron en dos aspectos clave: les faltó contagio para progresar mediante el toque y movilidad para deshacerse de los pegajosos mediocampistas visitantes.

Ariel Rosada persiguió por casi todos los sectores a Andrés D'Alessandro, quien logró superarlo en contadas ocasiones. Eduardo Coudet volvió a estar lejos de su mejor versión. Fernando Cavenaghi y Esteban Fuertes recibían muy poco juego. A River le costaba generar peligro. Recién sobre los 18, Víctor Zapata se escapó por la izquierda y mandó un centro que Fuertes cabeceó por arriba del travesaño. Seis minutos más tarde, Chacarita tuvo una réplica que iba a ser letal. En clara posición adelantada, Sebastián Romero cayó derribado por José María Buljubasich y Sebastián Pena trocó el penal por gol.

River comenzó a mejorar, aunque no demasiado, a partir de los 35. Primero lo tuvo Zapata y después, un disparo potente de Ariel Garcé fue devuelto por el palo izquierdo. Parecía que Chacarita se iría al descanso en ventaja. Pero cuando se había cumplido el primer minuto de descuento, River tuvo un tiro libre a favor y alcanzó el empate en una jugada de laboratorio, de esas que no caben dudas de que fueron preparados durante la semana. Toque corto de D'Alessandro para Coudet, entrega del Chacho para Cavenaghi y preciso centro del delantero para el tiro cruzado y goleador de Claudio Husain.

River volvió a salir decidido al ataque en el segundo tiempo, pero, entre sus limitaciones para crear peligro y la postura ultraconservadora de un Chacarita extrañamente especulador, las cosas se le fueron complicando. Carlos Navarro Montoya le tapó un mano a mano a Fuertes y el árbitro Roberto Ruscio, quien fue muy complaciente para con esa avaricia del conjunto de San Martín, ignóró un claro penal de Héctor Almandoz ante un centro de Garcé. El tiempo corría y River no encontraba respuesta.

Ya estaban en la cancha Luis González y Darío Husain, quienes cambiaron un poco la cara al equipo. El Mono contuvo en dos veces un disparo de D'Alessandro. El gol no llegaba y Chacarita cada vez quería jugar menos. A los 40 Sebastián Romero se fue expulsado y River quedó con un hombre de más para afrontar el poco tiempo que quedaba. Y como había ocurrido en el primer período, tuvo que llegar el último minuto de descuento para que Ameli le pusiera la cabeza al tiro libre de Cavenaghi y River soltara todo su descarga. La mezquindad de Chacarita lo tenía merecido.

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