Bonano se refugia en la familia

Mientras los culés lo piden en las encuestas y los periodistas lo quieren entrevistar, el argentino se mantiene en silencio y muy cerca de sus afectos

No hables a menos que tus palabras sean más importantes que el silencio. Por esta máxima se rige en estos difíciles momentos el portero Roberto Bonano, quien de un día para el otro pasó de la titularidad a convertirse en el tercero en la lucha por el arco del Barça.

A ?Tito? Bonano no le gustan las polémicas. No es su estilo ni tiene antecedentes que lo definan como un hombre conflictivo y contestatario. Para nada. Por eso, ese bajo perfil ha sido determinante a la hora de tomar una decisión importante, y de cierta manera inteligente: no hablar con el periodismo hasta que el entrenador lo incluya en alguna de las convocatorias. Bonano sabe bien que, en su situación, una declaración sencilla, sacada de contexto puede sonar como una bomba. Y que la onda expansiva de esa bomba no haría más que volver a perjudicarlo. Siente que el silencio es salud. Al menos, hasta que le llegue otra oportunidad para mostrarse. Su experiencia personal lo respalda: bastó que hiciera un comentario simple y anecdótico en un programa de televisión argentino para que se generara una bola de nieve tan grande que terminó por complicarlo. Y como dicen en las calles de Argentina, el que se quema con leche, ve una vaca y llora...

Pero interiormente, Roberto tiene la tranquilidad del que se sabe querido por la afición y, principalmente, por su familia, el ámbito en el que se siente verdaderamente cómodo. ?Tito? va de su casa al Camp Nou, y del Camp Nou a su casa. Sus afectos --esposa e hijas-- son el cable a tierra que necesita para despejar su mente. Dos hijas. Con ellas pasa gran parte del día. Cerca de ellas, en un mundo privado y familiar, se zambulle en la lectura, escucha buena música rock-pop sudamericana, y como reconoció alguna vez, hasta escribe cuentos para contarle a su niña mayor a la hora de ir a descansar. Cada tanto, desempolva su viejo sueño de ser baterista. En definitiva, lleva una vida tranquila. Y sobre todo, anda con pie de plomo.

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