Nunca tuvo juguetes y con 96 años su nieta decidió regalarle peluches: “Tal vez soy infantil pero siento que son mis hijos”

Luego de que su último perro falleciera, Milagros le dio su primer muñeco. La historia de Nélida en diálogo con Infobae

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La mujer tiene 3 peluches con los que duerme y comparte su día a día

Durante la década del 30 Argentina se vio fuertemente afectada por la Gran Depresión, una crisis económica mundial que golpeó con fuerza a la Nación. Las exportaciones se desplomaron, el desempleo aumentó y la pobreza se extendió por todo el territorio.

Nélida Coppola nació en Rosario el 23 de junio de 1928. Se crio en una familia de clase media trabajadora donde el esfuerzo era requisito para llegar a fin de mes. Su madre, María Emilia y su padre, Osvaldo, tenían dos hijos más: Martha y Toto con los que tenía una gran diferencia de edad.

A pesar de no ser hija única, Nélida solía divertirse sola, no tenia muchos juguetes pero se las ingeniaba con algo que le sobraba: imaginación. Aunque también tenía alguna que otra muñeca de trapo y le encantaba jugar al futbol. El club de sus amores siempre fue Newell’s Old Boys donde solía ir en familia a alentar al rojo y negro cada fin de semana.

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Pero no fue con las únicas personas con la que compartió los colores: la mujer conoció en Rosario a Manuel el hombre con el que se casó, se mudó a Buenos Aires y tuvo tres hijos.

La mujer, que tiene 3 hijos y 12 nietos, es fanática de Newell's Old Boys

Con el tiempo, su familia se empezó a agrandar. Ya no estaba sola en la gran ciudad. Nélida tuvo 12 nietos a los que disfrutó cada enero en Villa Gesell. Si bien estaba rodeada de familia necesitaba algo más. Así llegó su primer perro, Paco, su fiel compañero cuando enviudó. Con los años su familia decidió regalarle a Monita, una perrita que conquistó su corazón.

“Paco ya estaba grande, entonces le llevamos su segunda perrita, Monita, quien fue su gran compañera. Iba para todos lados con ella. El brillo en los ojos que tenía cuando la miraba no me lo olvido más”, recordó Milagros, una de sus nietas.

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La segunda perra comenzó a enfermarse y a la joven se le ocurrió regalarle peluches. “Yo ya veía venir la situación, no podía ver a mi abuela sufrir de nuevo, y me acordé de la forma en la que miraba mis peluches cuando era chiquita; lo mucho que le gustaban mis muñecas”, relató a Infobae. Así fue que Milagros le compró, con algunas dudas, un perrito de peluche con chapita para su cumpleaños de 93.

Nélida junto a su nieta Milagros de 23 años (@nenacuchilla)

Para su sorpresa, al abrir el paquete de su nieta, Nélida se largó a llorar: “Me dio uno de los abrazos mas lindos que recibí en mi vida. Lo abrazaba, lo acariciaba, estaba tan agradecida, ella sentía que le había dado un compañero”, aseguró Milagros.

Así fue como instaló esa tradición y en cada aniversario le regala un nuevo muñeco. Nélida tiene un perro, un gato y un conejo con los que disfruta como si fuese aquella niña que jugaba por las calles de Rosario. Duermen en su cama, los cuida, les da besos y les habla.

Milagros, absolutamente enternecida por su abuela, decicidió compartir su historia con un tweet que se volvió viral. “Mi abuela hoy cumple 96, cuando era chica no tuvo juguetes entonces cada vez que pasábamos por una juguetería se quedaba viendo los peluches. Hace tres años que le regalo peluches de animales, y siempre que se los doy los besa y llora. Los acuesta en su cama y les habla. Los saluda cada vez que pasa por su cuarto y les da besos antes de dormir, hoy me decía ´se qué tal vez soy un poco infantil pero siento que son mis hijos´”, escribió en su cuenta la joven.

El tweet de Milagros tuvo más de 180 mil visualizaciones en la red social (@nenacuchilla)

El posteo alcanzó más de 180 mil visualizaciones y los usuarios no pudieron contener la emoción. “Lo que es curar el niño interior”, “Un abrazo fuerte a ella”, “Mi bisabuela era igual. De grande llegó a tener 25 peluches, los besaba y perfumaba todos los días. A veces me pongo a pensar en ella y que posiblemente dónde sea que esté debe estar extrañando todos sus peluchitos”, “Qué hermosa tu abu”, “La mía era igual, le encantaban los peluches y muñecas. ¡Disfrutala mucho!”.

Milagros sabe que no hay nada más preciado que pasar tiempo con su abuela. Le encanta merendar en su casa y comer distintos tipos de tortas mientras escucha con atención todas las historias apasionantes y divertidas de su vida. Disfruta de cada momento que pasan juntas. “Cuando me encuentro sola con ella siento que nos transformamos en dos niñas que toman el té y se divierten acomodando peluches. No sé si hay algo más lindo que sacar a jugar el niño que tenemos dentro”.

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