La búsqueda entre los escombros del edificio Rita en San Bernardino, al oeste de Caracas, sigue marcada por una cifra que define la dimensión del derrumbe tras los terremotos del 24 de junio: según un vecino que participó en el rescate, “más del 90% de las personas que estaban lamentablemente fallecieron”. Aun así, las labores no se detienen porque, dijo, “todavía tenemos personas debajo de los escombros”.
En el lugar se instaló un despliegue de apoyo para quienes trabajan en la remoción de restos y en la localización de cuerpos. Hay puestos de atención médica, alimentos y asistencia para obreros, voluntarios y rescatistas que mantienen las tareas en la zona de Caracas que aparece como la más golpeada por el sismo.
Ese esfuerzo se sostiene día y noche. Un obrero del Ministerio de Obras Públicas afirmó que los equipos operan por turnos, con relevo entre la mañana y la noche, pero con faena continua: “No hay descanso, 24 horas trabajando”.
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Gerardo Mora, vecino de la zona y habitante de uno de los apartamentos, relató que tras el terremoto los residentes se organizaron para intentar rescatar a las víctimas junto con autoridades, voluntarios y personas de la Universidad Central de Venezuela. En ese mismo testimonio reveló el alcance personal de la tragedia: “Mi esposa, mi suegra y mi hija fallecieron, pero yo estoy aquí ayudando a los vecinos, porque estamos todos juntos en esto”.
El rescate siguió pese a una supervivencia mínima y a la pérdida de familias enteras
Mora describió una escena de devastación casi total dentro del edificio colapsado. Al explicar por qué las labores continúan, sostuvo que el índice de supervivencia “no fue muy alto” y que la mayoría de quienes estaban en la estructura murió.
El vecino también hizo una distinción sobre la respuesta en el sitio del derrumbe. Señaló que no ha utilizado refugios porque se encuentra en otro lugar, pero aseguró que los recursos empleados en recuperación y rescate “han sido óptimos”. “Aquí lo que faltó fue suerte, lo demás estuvo todo”, afirmó, al limitar esa valoración a la zona donde se realizaban las tareas.
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William Moreno, obrero del Ministerio de Obras Públicas, dijo que está en el lugar “el día cero” y que su función ha sido prestar apoyo en la remoción de escombros. Describió la tarea como una operación de gran exigencia física por el volumen de material acumulado tras el colapso.
Moreno explicó que los equipos trabajan en doble turno y se relevan entre sí para mantener la continuidad. “Estamos rotando, pero no hay descanso, 24 horas trabajando”, señaló sobre una dinámica pensada para sostener la búsqueda sin pausas.
Un punto de salud improvisado atendió a rescatistas lesionados y descompensados
Alexandra Ituris, enfermera que atiende a voluntarios y rescatistas en San Bernardino, contó que el puesto sanitario del sector funciona desde hace tres días. Según explicó, la decisión de instalarlo surgió cuando uno de los rescatistas se desmayó y en ese lado del edificio no había apoyo médico inmediato.
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La trabajadora de salud detalló que el punto presta hidratación, curas y atención primaria a quienes salen lesionados o descompensados tras escarbar entre los restos. “Estamos 24/7 aquí prestando el apoyo a ellos”, dijo sobre una asistencia dirigida a quienes participan de forma directa en la búsqueda.
Ituris agregó que los insumos llegaron por aporte de civiles. Mencionó soluciones, medicamentos, agua y comida como parte del material recibido para sostener la atención a rescatistas que, según describió, quedan muy exigidos por el esfuerzo físico de la tarea.
La enfermera resumió el origen de esa red de apoyo en una frase con la que explicó cómo se sostuvo el puesto: “Todos los días vienen personas a apoyarnos con lo que es solución, con medicamentos, con agua, con comida”.
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