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Cómo es el Helicoide, la cárcel más atroz del régimen venezolano que será reconvertida en un centro social, cultural y comercial

La presidenta encargada de Venezuela ordenó el cierre de la prisión, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas. El centro de detenciones es considerado un centro de torturas por organizaciones de derechos humanos y la oposición

Una vista del centro de detención El Helicoide en Caracas, Venezuela, 11 de enero de 2026 (REUTERS/Fausto Torrealba)

La presidenta encargada Delcy Rodríguez anunció el viernes una amnistía general en Venezuela, a pocas semanas de asumir el poder tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro, y en su discurso sumó el cierre de la cárcel de El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas.

Rodríguez informó que el inmueble será transformado en un centro social, deportivo, cultural y comercial destinado a la familia policial y a las comunidades vecinas.

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La prisión ocupa el cuarto lugar entre las prisiones con más presos políticos en Venezuela, albergando a más de 50 reclusos. Con una estructura originalmente concebida como centro comercial, El Helicoide ha sido descrito por diversas organizaciones como el “centro de tortura más grande de América Latina”.

Rodríguez también informó que el inmueble será transformado en un centro social, deportivo, cultural y comercial destinado a la familia policial y a las comunidades vecinas.

Ubicado en la zona centro-sur de Caracas, entre las comunidades de San Pedro y San Agustín del Sur, allí permanecen detenidos varios dirigentes opositores y colaboradores cercanos a la líder opositora María Corina Machado, como Freddy Superlano y Jesús Armas. ONG y familiares denuncian que en esta instalación los presos sufren torturas, malos tratos y períodos de “aislamiento prolongado”.

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La presidenta encargada presentó la propuesta en un acto en la Corte Suprema

La cárcel es conocida por ser el destino de dirigentes políticos, periodistas y activistas secuestrados en plena noche, e incluso ciudadanos de a pie detenidos por el régimen, pero también llegan allí criminales comunes. Muchas veces, sus familiares pasan días sin saber cuál fue su destino, hasta que se enteran de que los llevaron al temido Helicoide.

El edificio Helicoide, una estructura de diseño helicoidal y visión futurista, comenzó a construirse en la década del 50 en Caracas con la intención de convertirse en un gran centro comercial durante la época de auge petrolero en Venezuela. Según la periodista Veda Everduim en Infobae, el proyecto incluía un helipuerto, club, salas de exposición, parque, hotel, 300 tiendas y modernos ascensores traídos desde Viena.

La construcción, sin embargo, se vio demorada por problemas financieros y el edificio nunca cumplió su propósito original. En 1984, la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) ocupó el inmueble, que ya presentaba signos de deterioro. Años después, el chavismo transformó la DISIP en el Sebin, cuyas oficinas hoy ocupan los pisos superiores del Helicoide, junto a los despachos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).

El inicio de la construcción de El Helicoide, en la década del 50 (Archivo Fotografía Urbana)

Ambas fuerzas convirtieron el Helicoide en un centro de reclusión y tortura de presos políticos, alejando al edificio de su proyecto original y dándole un rol represivo en la historia reciente del país.

El centro penitenciario ha sido catalogado por opositores y víctimas como una mazmorra de la dictadura chavista. El edificio cuenta con siete óvalos; el sexto, bajo control del Sebin, alberga celdas, oficinas, cuartos de aislamiento y espacios reducidos que simulan baños, pero en realidad se destinan a prácticas de tortura.

El activista de derechos humanos Lorent Saleh, quien estuvo detenido allí durante cuatro años tras participar en las protestas de 2014, describió el lugar como un espacio marcado por la depravación, la extorsión y el hacinamiento.

En una entrevista con El Mundo tras su liberación, relató: “Era ruido, mugre, hacinamiento, depravación. Presos políticos y opositores se mezclaban con presuntos corruptos y con 200 presos comunes (…) El Helicoide es la pura expresión del Estado mafioso. Ahí reina la extorsión, sobre todo económica. A niveles que nadie es capaz de imaginar”.

El Helicoide en los años 80, cuando pasó a funcionar con sede de los servicios de inteligencia venezolanos (Archivo Fotografía Urbana)

El terror en El Helicoide no se limita a venezolanos; extranjeros también han sido víctimas. Joshua Holt, misionero mormón estadounidense, permaneció allí desde 2016 hasta su liberación en mayo de 2018. Durante su reclusión perdió 27 kilos, padeció bronquitis, sarna, cálculos renales y hemorroides, sin recibir atención médica adecuada, salvo una inyección de analgésicos. Su esposa fue sometida a torturas para forzar una confesión en su contra: “Fue lo más cercano al infierno (…) Tenemos suerte de haber salido con vida”, relató Holt desde su casa en Riverton, Utah.

El primer motín dentro de las instalaciones del Helicoide

Entre el 16 y el 18 de mayo de 2018, se produjo el primer motín en el Helicoide. Varios videos difundidos desde el penal mostraron a los detenidos gritando y protagonizando una escaramuza en los pasillos. En una de las grabaciones, un preso rompía un bombillo con un palo mientras otro lograba reventar el candado de su celda utilizando una mancuerna.

La situación de condiciones infrahumanas llevó a presos políticos y detenidos comunes a unirse en protesta. El detonante del motín fue la golpiza sufrida por Gregory Sanabria, estudiante de Ingeniería del estado Táchira. Los golpes le provocaron una fisura en el cráneo, fractura nasal y múltiples contusiones.

Sanabria resultó casi irreconocible. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraban su rostro hinchado, en parte morado, con el ojo izquierdo cerrado y la nariz visiblemente torcida por la agresión.

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