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Culpa y mandatos: cómo afectan el deseo y las decisiones personales, según la psicóloga Cynthia Wila

La autora de La culpa (esa voz) analizó cómo las exigencias heredadas y el temor a decepcionar pueden condicionar los vínculos, el descanso y los proyectos personales

Cynthia Wila analiza cómo las exigencias heredadas y el miedo a defraudar condicionan las decisiones y el descanso

La culpa puede actuar como un freno frente al daño ajeno, pero también convertirse en una voz persistente que condiciona el descanso, los vínculos y las decisiones personales. Entre los mandatos heredados y el temor a defraudar expectativas, ese sentimiento suele desplazar el deseo propio y alimentar formas de castigo cotidiano.

La psicóloga y autora de La culpa (esa voz), Cynthia Wila, propone mirar esa tensión sin reducirla a una falta concreta. “La culpa es una voz interior que nos persigue, que nos acusa, que nos exige, que nos inhibe”, sostuvo en Infobae A las Nueve al referirse a un sentimiento que puede surgir tanto ante una decisión relevante como en escenas corrientes: trabajar, criar, descansar, administrar el dinero o elegir un proyecto de vida.

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La culpa puede poner límites, pero también inmovilizar

Wila distingue dos dimensiones. Por un lado, la culpa puede marcar límites frente a conductas que perjudican a otros y ordenar la convivencia. Esa función normativa, explicó, permite reconocer responsabilidades y consecuencias.

La psicóloga distingue la función normativa de la culpa de su capacidad para inmovilizar el deseo propio (Imagen Ilustrativa Infobae)

El conflicto comienza cuando deja de estar ligada a un hecho puntual y se vuelve una exigencia permanente. “¿Qué es lo que te deja presa la culpa? El deseo”, planteó Wila. En ese punto, la pregunta por lo que cada persona quiere queda relegada ante obligaciones y expectativas ajenas.

La autora ubicó esa presión en situaciones frecuentes, como la dificultad para disfrutar de un momento de descanso sin pensar en una tarea pendiente. También la vinculó con la cultura del FOMO, el temor a perderse experiencias, que puede reforzar la idea de que siempre queda algo por hacer.

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Los mandatos se incorporan hasta transformarse en una voz propia

Para Wila, parte de esas exigencias se forma a través de normas sociales, relatos religiosos y experiencias de crianza. Padres, madres, cuidadores, educadores e instituciones participan en la construcción de criterios sobre lo correcto, lo esperado y lo permitido.

La psicóloga citó referencias de la tradición judeocristiana para señalar que algunos preceptos no sancionan solo los actos, sino también deseos y pensamientos. Con el tiempo, esos mensajes pueden operar como una acusación interna, incluso cuando no hay una autoridad externa que controle o castigue.

Para describir ese mecanismo, recurrió al concepto de panóptico desarrollado por Michel Foucault. “La culpa es un panóptico interno”, afirmó. La imagen alude a una vigilancia constante: la persona siente que debe responder ante una mirada que, aunque ya no esté afuera, permanece incorporada.

La autora recurre al concepto de panóptico para explicar la vigilancia constante de la voz interior (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Ya no necesitamos al carcelero que nos mire porque lo tenemos adentro”, explicó. Esa voz suele aparecer en la búsqueda de afecto, aprobación o reconocimiento, cuando alguien intenta cumplir un ideal impuesto. “Nunca va a alcanzar”, advirtió Wila sobre esa carrera por satisfacer expectativas ajenas.

El temor puede imponerse sobre el deseo en los vínculos

La autora señaló que frases instaladas en la vida cotidiana, como “primero el deber, después el placer” o “cada uno carga con su cruz”, sostienen una jerarquía entre obligación y deseo. “El mandato pone el temor por encima del amor”, afirmó.

Esa lógica puede trasladarse a parejas, familias, amistades y espacios de trabajo. Wila cuestionó, en particular, los reclamos de incondicionalidad: “Es cruel que te exijan incondicionalidad, porque quien exige incondicionalidad te inhibe de poner tus condiciones”.

A su criterio, ningún vínculo debería requerir que una persona deje de expresar sus límites o sus necesidades. Cuando una relación se organiza alrededor de las condiciones de una sola parte, la culpa puede funcionar como un recurso que sostiene la renuncia y el silenciamiento.

Wila también abordó las exigencias vinculadas con la maternidad. Indicó que ciertas expectativas culturales y religiosas presentan la decisión de no tener hijos como una forma de egoísmo, sin contemplar la diversidad de proyectos de vida.

La psicóloga presentará su libro La culpa (esa voz) el 27 de octubre en Clásica y Moderna (Imagen Ilustrativa Infobae)

Asumir responsabilidad permite frenar el castigo permanente

La autora diferenció la culpa de la responsabilidad. Para ella, asumir responsabilidad implica reconocer la propia participación en un conflicto, revisar las consecuencias de una decisión y reparar cuando corresponde, sin cargar con hechos que exceden el control personal.

La culpa, en cambio, reclama castigo, según Wila. Puede expresarse en la permanencia en relaciones dañinas, la renuncia a intereses propios, la dificultad para disfrutar de un logro o una exigencia que conduce al agotamiento.

Frente a esa dinámica, propuso el perdón como una herramienta de elaboración. “El perdón no es el olvido”, aclaró. Perdonarse supone revisar lo ocurrido, hacerse cargo de lo que corresponde y, si es necesario, pedir perdón a otra persona, pero también interrumpir la acusación interna.

Wila afirmó que muchas personas permanecen en una pareja, un empleo o un vínculo familiar que les provoca sufrimiento porque se trata de un lugar conocido. Salir de allí implica atravesar una transformación.

La autora presentará La culpa (esa voz) el 27 de octubre en Clásica y Moderna, donde retomará las preguntas sobre los mandatos, el deseo y las formas de responsabilidad personal.

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