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Cómo las experiencias positivas en la infancia pueden moldear el bienestar en la adultez, según un estudio

La investigación identificó dos grupos de vivencias en la niñez con efectos opuestos. El trabajo comparó a jóvenes de Estados Unidos, Reino Unido y Japón y halló que este vínculo se sostiene más allá del nivel socioeconómico familiar

Un estudio publicado en el Journal of Happiness Studies concluyó que las experiencias positivas en la infancia predicen la satisfacción durante la adultez - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en el Journal of Happiness Studies determinó que las experiencias positivas durante la infancia —como el cuidado receptivo de los padres, el juego libre y un clima emocional saludable en el hogar— predicen de forma consistente múltiples indicadores de bienestar en la edad adulta, incluyendo salud, felicidad, satisfacción vital, calidad de las relaciones sociales y confianza interpersonal, independientemente del país de origen de las personas evaluadas.

La investigación, encabezada por Eugene Malthouse, investigador de la Universidad de Nottingham, se llevó a cabo con 1.401 participantes de entre 18 y 34 años de Estados Unidos, Reino Unido y Japón.

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A través de cuestionarios validados, los participantes recordaron sus experiencias durante la infancia —definida para este estudio como el período de 0 a 18 años— e informaron sobre su bienestar actual. El trabajo fue publicado el 30 de septiembre de 2026.

La investigación dirigida por Eugene Malthouse en la Universidad de Nottingham evaluó a 1.401 personas de Estados Unidos, Reino Unido y Japón - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El marco teórico que sustenta el estudio es el denominado “nido evolucionado”, o nicho de desarrollo evolucionado (NDE), un conjunto de prácticas de crianza que los investigadores describen como universales a la especie humana.

Según esta teoría, los bebés humanos han evolucionado para esperar ciertos cuidados que favorecen su desarrollo biopsicosocial: contacto físico afectuoso, cuidadores atentos y responsivos, entornos sociales de contención, juego libre no estructurado y un clima emocional positivo en el hogar. Estas prácticas, señala el estudio, se remontan a más de 30 millones de años de historia de los mamíferos sociales y están documentadas en sociedades de cazadores-recolectores de todo el mundo.

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Los resultados fueron consistentes en los tres países estudiados, aun cuando se tuvieron en cuenta variables sociodemográficas como los ingresos, el nivel educativo y el estatus socioeconómico familiar durante la infancia. Malthouse explicó en declaraciones recogidas por la Universidad de Nottingham que “los entornos en los que evolucionamos como especie son muy diferentes de aquellos en los que viven muchas personas hoy en día”, y que su estudio busca iluminar precisamente esa brecha.

La teoría del nido evolucionado sostiene que el contacto físico y el juego libre forman parte de los cuidados universales de la especie humana - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una de las contribuciones metodológicas del trabajo fue identificar, mediante análisis factorial exploratorio, que las experiencias infantiles del NDE se agrupan en dos factores diferenciados: experiencias positivas —clima emocional favorable, contacto físico afectuoso, cuidado responsivo, integración social y juego— y experiencias negativas —clima emocional adverso y castigo físico—.

Ambos factores mostraron asociaciones independientes con los indicadores de bienestar adulto en los tres países, aunque las asociaciones fueron generalmente más fuertes para las experiencias positivas que para las negativas, tanto en bienestar personal como en calidad de las relaciones sociales.

Este hallazgo aporta evidencia al debate sobre las llamadas Experiencias Positivas de la Infancia (PCE, por sus siglas en inglés), un campo que ha ganado peso frente al estudio clásico de las Experiencias Adversas de la Infancia (ACE). Estudios previos, como los de Bethell y colaboradores (2019) en JAMA Pediatrics, habían documentado la asociación entre experiencias positivas y menor probabilidad de depresión; el nuevo trabajo de Malthouse y sus colegas extiende y refuerza esa línea de investigación con un alcance intercultural.

El análisis metodológico diferenció el impacto de las vivencias positivas frente a las negativas, con un peso superior del clima afectivo favorable - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio también midió la prosocialidad de los participantes mediante juegos económicos incentivados —como el Juego de la Confianza, el Juego del Dictador y el Juego de Bienes Públicos—, pero no encontró asociación entre la experiencia del nido evolucionado y el comportamiento en dichos juegos.

Los autores proponen que los instrumentos de preferencias declaradas captarían rasgos de personalidad más estables, mientras que los juegos económicos miden estados transitorios en situaciones abstractas poco habituales en la vida cotidiana.

La confianza general en los demás fue el indicador más consistentemente asociado con una infancia más “anidada” en los tres países, con incrementos de entre 0,70 y 1,14 puntos en una escala de 10 por cada punto adicional en el índice de anidación.

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