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7 estrategias para que los niños coman verduras sin pelear en la mesa

Albóndigas, pizzas, licuados y muffins permiten incorporar estos alimentos en preparaciones que los chicos ya conocen y aceptan sin resistencia. La clave está en la constancia

La incorporación gradual de verduras favorece una alimentación infantil más variada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lograr que los chicos acepten verduras suele requerir tiempo y constancia. Siete comidas cotidianas permiten incorporarlas en preparaciones familiares, sin plantear cada plato como una obligación ni prometer resultados inmediatos.

La selección toma como punto de partida las propuestas del artículo de Eating Healthy Magazine, sitio especializado en alimentación, y las sitúa en recomendaciones de entidades pediátricas y nutricionales.

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Las recomendaciones pediátricas desaconsejan los castigos, las presiones y los premios durante las comidas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese sentido, la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) señala que algunos niños necesitan entre 15 y 20 exposiciones a un alimento nuevo antes de aceptarlo. El objetivo puede ser ofrecer variedad en porciones pequeñas.

1. La salsa de macarrones con queso admite calabaza o coliflor

La calabaza y la coliflor aportan variedad a la salsa de los macarrones con queso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La calabaza o coliflor cocidas y procesadas pueden mezclarse con la salsa de queso de los macarrones. Esta opción conserva una textura cremosa y permite sumar una verdura a un plato conocido. Conviene que los ingredientes se cocinen hasta quedar blandos y que la preparación se ajuste a la edad del niño.

La Asociación Americana del Corazón (AHA) recomienda que las comidas infantiles incluyan al menos una fruta o verdura. Y que se privilegien alimentos con fibra y nutrientes frente a los productos con exceso de sal, grasas saturadas o azúcares añadidos. La composición total del plato importa más que presentar esta receta como una solución aislada.

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2. Las albóndigas permiten integrar zanahoria y zucchini rallados

La zanahoria y el zucchini enriquecen las albóndigas sin modificar demasiado su textura. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las albóndigas de pavo pueden llevar zanahoria y zucchini rallados muy finos, mezclados con el resto de los ingredientes. El tamaño pequeño de los trozos ayuda a evitar cambios marcados de textura.

Como en cualquier comida para niños pequeños, hay que revisar la cocción y adaptar la consistencia para prevenir atragantamientos.

La AAP aconseja servir una comida común para la familia e incluir al menos un alimento que el niño ya acepte. También recomienda evitar presiones ante el rechazo.

3. La pizza puede llevar salsa con espinaca o morrón asado

La espinaca y el morrón amplían las opciones de una pizza casera. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una salsa de tomate con espinaca cocida o morrón asado procesados permite variar la base de una pizza casera. Otra posibilidad es sumar champiñones en láminas si la textura resulta aceptable.

La pizza debe formar parte de una alimentación diversa y no desplazar frutas, verduras, legumbres y alimentos integrales del resto de la semana.

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido explica que los sabores infantiles cambian. Si una verdura no funciona de una manera, cambiar la cocción o el corte puede abrir otra oportunidad.

4. Los licuados combinan fruta con espinaca o coliflor cocida

La fruta combina con la espinaca o la coliflor en licuados moderados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los licuados pueden incorporar espinaca o coliflor cocida junto con fruta. Para que sigan siendo una opción moderada, es preferible usar fruta entera y no convertirlos en sustitutos habituales de las comidas. Las cantidades deben responder a la edad, apetito y patrón general de alimentación del niño.

La Asociación Americana del Corazón recomienda limitar las bebidas y alimentos con azúcares añadidos, así como ofrecer frutas y verduras de distintas formas. Los licuados no reemplazan la exposición a texturas, colores y sabores de las verduras servidas enteras.

5. Las quesadillas reúnen verduras salteadas y queso

Las quesadillas reúnen verduras salteadas, queso y legumbres en una preparación familiar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las quesadillas pueden prepararse con cebolla, morrón y champiñones bien cocidos y picados, además de queso. Las legumbres, como los frijoles, pueden completar el relleno. Servir una pequeña porción de una verdura nueva junto a un componente familiar reduce la cantidad de comida que se desperdicia si hay rechazo.

Entre las pautas de la Academia figura involucrar a los chicos en elegir, lavar o preparar alimentos según su edad y con supervisión. Participar no garantiza que los prueben, pero convierte la comida en una instancia de conocimiento y no solo en una exigencia.

6. Una salsa boloñesa vegetal suma lentejas y hortalizas

Las lentejas y las hortalizas convierten la salsa boloñesa en una alternativa rica en fibra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una salsa para pasta puede reunir lentejas con zanahoria, apio, cebolla y champiñones picados. Las lentejas aportan proteínas y fibra, mientras que las verduras amplían la diversidad de ingredientes. Elegir pasta integral puede ser otra alternativa, siempre que resulte adecuada para la familia.

La Asociación Americana del Corazón aconseja que al menos la mitad de los cereales consumidos sean integrales y que las familias incorporen variedad de verduras durante la semana. La preparación casera permite, además, controlar la cantidad de sal y azúcares añadidos.

7. Los muffins y pancakes pueden incluir zucchini o calabaza

El zucchini y la calabaza se incorporan a muffins y pancakes para desayunos o colaciones. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los muffins de banana con zucchini rallado y pancakes con calabaza ofrecen una vía para incorporar vegetales en desayunos o colaciones. La recomendación es mantener moderados los endulzantes añadidos y evitar que estos alimentos se usen como premio por comer verduras.

El Servicio Nacional de Salud británico aconseja no utilizar comida como recompensa, ya que esa práctica puede hacer que los dulces parezcan deseables y verduras, una obligación.

Las comidas compartidas, sin pantallas y con conversaciones ajenas a cuánto comió cada persona, pueden favorecer un clima menos tenso. Si el rechazo alimentario afecta el crecimiento, la salud o genera preocupación persistente, corresponde consultar al pediatra.

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