Los gastos asociados al lavado no dependen solo del precio de la electricidad o el agua. La elección de temperatura, carga, ciclo y productos puede elevar el costo de cada colada cuando se repiten hábitos que aportan poco a la limpieza cotidiana.
Una revisión publicada por The Spruce, sitio especializado en limpieza y tareas domésticas, identifica siete decisiones frecuentes que pueden incrementar ese desembolso. Desde el uso generalizado de agua caliente hasta la selección de ciclos y la cantidad de detergente.
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1. Lavar toda la ropa con agua caliente incrementa el consumo energético
El agua caliente no debe ser la opción automática. Calentar el agua representa cerca del 90% de la energía que utiliza una lavadora, de acuerdo con ENERGY STAR, programa respaldado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. La misma entidad señala que pasar de agua caliente a tibia puede reducir a la mitad la energía de una carga, mientras que el ciclo frío la disminuye aún más.
La temperatura debe responder al tejido, indicaciones de la etiqueta y tipo de suciedad. Para muchas prendas de uso diario que no presentan manchas aceitosas, el lavado en frío puede ser suficiente.
Reservar las temperaturas más altas para situaciones que realmente lo requieran evita gastos innecesarios y reduce el riesgo de que algunas telas encojan, pierdan color o destiñan.
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2. Hacer cargas pequeñas multiplica el uso de agua y electricidad
Poner la lavadora en marcha para pocas prendas repite consumos fijos de cada ciclo. ENERGY STAR recomienda completar las cargas cuando sea posible. Ya que una lavadora utiliza aproximadamente la misma energía sin importar el tamaño de la colada. La referencia cobra más importancia en hogares donde la ropa se distribuye en varios lavados breves durante la semana.
Completar el tambor no equivale a sobrecargarlo. La ropa debe tener espacio para moverse y para que el agua con detergente circule correctamente. Agrupar prendas compatibles por color, tipo de tela y nivel de suciedad permite aprovechar la capacidad disponible sin comprometer el resultado del lavado.
3. Descuidar el filtro y conducto reduce el flujo de aire de la secadora
La acumulación de pelusa dificulta la circulación de aire y puede prolongar el secado. Se aconseja limpiar el filtro de pelusa después de cada carga para mejorar la circulación y eficiencia del aparato. Esta práctica también tiene una función de seguridad.
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El mantenimiento debe extenderse al conducto de ventilación en los equipos que lo utilizan. Si el aire caliente no puede salir con fluidez, el aparato necesita más tiempo para retirar la humedad de la ropa.
Revisar el sistema y seguir las instrucciones de mantenimiento del fabricante ayuda a evitar ciclos más largos por una obstrucción evitable.
4. Elegir secado programado puede mantener el aparato encendido de más
Los ciclos fijados por tiempo continúan hasta que se completa el período seleccionado, aunque las prendas ya estén secas. Cuando el equipo dispone de esa función, los ciclos automáticos con sensor de humedad permiten que el aparato detecte el final del secado y se detenga. ENERGY STAR indica que esta terminación automática evita el sobresecado y el desgaste adicional de las prendas.
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El secado al aire elimina el consumo eléctrico de esta etapa cuando las condiciones y el espacio lo permiten. Para prendas que sí deben pasar por la secadora, una temperatura baja u opción sin calor, si están disponibles y son adecuadas para la tela, puede reducir la exposición innecesaria al calor.
5. Usar siempre programas largos o intensivos añade recursos que no se precisan
Los ciclos intensivos y prolongados están diseñados para ropa muy sucia o necesidades específicas. Utilizarlos por defecto agrega tiempo, agua y energía a lavados comunes.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos recomienda elegir el ciclo más eficiente que corresponda a la carga. Recuerda que, salvo en prendas muy sucias, un enjuague extendido no es necesario, según su guía sobre equipos de lavandería.
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Antes de iniciar el lavado, conviene revisar la suciedad visible y las indicaciones de cuidado. Elegir un programa acorde evita tratar una carga cotidiana como si necesitara una limpieza profunda.
6. Excederse con detergente obliga a comprarlo antes y afectar el enjuague
Más detergente no garantiza mejores resultados. La dosificación debe ajustarse al tamaño de la carga, grado de suciedad, concentración del producto y dureza del agua, siempre según las instrucciones de uso.
La citada guía de la EPA recomienda utilizar la cantidad apropiada y productos formulados para lavadoras de alta eficiencia cuando corresponda. Porque un exceso de espuma puede dejar la ropa mal lavada o mal enjuagada.
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Medir el producto, en lugar de calcularlo a simple vista, evita que se agote antes de tiempo. También limita la necesidad de repetir un ciclo para eliminar restos.
7. Omitir tratamiento localizado de manchas y olores puede terminar en un segundo lavado
Las manchas y los olores persistentes requieren una respuesta específica antes de que la prenda entre al tambor. Aplicar un quitamanchas o un eliminador de olores adecuado, de acuerdo con las indicaciones del producto y de la etiqueta textil. Así evitar que la ropa deba lavarse de nuevo para alcanzar el resultado esperado.
La repetición de una carga implica otro uso de agua, energía y detergente. Por eso, identificar previamente las prendas que necesitan tratamiento localizado permite reservar el ciclo completo para la limpieza general y disminuir gastos que, aunque pequeños por separado, se acumulan en la rutina doméstica.
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