La menopausia es una etapa de cambios en la vida de la mujer que comienza años antes del cese de las menstruaciones -período denominado perimenopausia- y gradualmente va mostrando síntomas, tanto en las funciones corporales como psicológicas.
La transición entre los ciclos irregulares -cada vez menos frecuentes- y el cese de estos repercute de distinta manera en la calidad de vida de las mujeres, por lo cual, los efectos no pueden generalizarse. Cada mujer va a vivir esta etapa según su modo de vida, la apertura y el conocimiento que tenga del tema, la estima y el cuidado personal, la valoración del cuerpo, su mirada sobre la madurez y la vejez; y tener una pareja que acompañe, se informe y comprenda.
También se pueden citar la presencia de factores médicos como la obesidad, tabaquismo, consumo de sustancias, antecedentes de histerectomía y ooforectomía (sacar los ovarios), entre otros.
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Impacto en la calidad de vida
La escala de evaluación de calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) muestra que las mujeres en perimenopausia y en menopausia sufren más los cambios en el estado de ánimo -depresión y ansiedad- y en la actividad sexual.
Tener sofocos (síntomas vasomotores) es molesto. La manifestación de estos está aceptada y no asombra a nadie. Sin embargo, hablar de los síntomas anímicos o de los cambios en las funciones sexuales no tiene la misma suerte. Un estudio español de 2025 revela que las normas culturales, la etnia, la educación, el empleo, el estado de salud, el nivel socioeconómico y el conocimiento personal sobre la menopausia, influyen en la variabilidad de la gravedad, la duración y la percepción de los síntomas.
La desinformación, el miedo, la estigmatización de los síntomas empeoran la calidad de vida. A estos parámetros medidos por el estudio agregaría el conocimiento y el nivel de comprensión de sus parejas sobre esta etapa en la vida de las mujeres.
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Menopausia y sexualidad
La estima y la comprensión de los cambios corporales, la información y la apertura a esta etapa de la vida, el desarrollo de deseos postergados, la aparición de capacidades y recursos propios (hasta ese momento reprimidos o desplazados), cuestionar la rutina y proponer cambios, son nuevos desafíos que se abren para mejorar la calidad de vida y de salud.
Las mujeres postmenopáusicas pueden seguir siendo sexualmente activas, en muchos casos, con mejores condiciones que antes. No todas las mujeres postmenopáusicas sufren sequedad vaginal ni bajo deseo sexual, pero sí pueden verse afectadas por el desconocimiento de sus parejas quienes siguen haciendo lo mismo como si nada hubiera sucedido.
Si bien, según el estudio en cuestión, tener pareja estable mejora el puntaje de calidad de vida, no es garantía de que la actividad sexual sea placentera. Distintos factores influyen para que las mujeres aprovechen este período de sus vidas para sugerir cambios.
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Los hijos crecen y se van (o permanecen en la casa, pero ya no requieren la atención de antes), las experiencias acumuladas en los años previos, la difusión de temas sexuales y de nuevos modos vinculares, la autonomía, la libertad para decir y para guiar a la pareja según sus preferencias sexuales, son algunos de los factores que influyen en el deseo de las mujeres.
¿Qué hago con mi mujer?
Las parejas hombres de las mujeres postmenopáusicas no están exentas de estos cambios, menos que menos creer y justificar diciendo que es un “tema femenino”.
Cuando los varones se informan pueden acompañar a sus parejas de manera más empática, reforzando la calidad del vínculo. Lo mismo debería suceder cuando el hombre comienza con hipogonadismo -llamada comúnmente andropausia- y se le pide a la mujer que comprenda la baja del deseo sexual y los cambios de ánimo.
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Sin embargo, el síndrome posmenopáusico lo viven más del 80% de mujeres a diferencia del 11,7 a 12,5 % del hipogonadismo en los hombres. Más allá de las distancias epidemiológicas, desde el punto de vista psicológico y sexológico, la menopausia es una etapa crucial para realizar cambios que la pareja viene postergando o nunca tomaron conciencia de que era necesario hacerlo.
En general, los resultados erótico/sexuales se viven como ganancias o pérdidas para la estima personal, por lo cual, cuando “todo funciona”, la pareja no está dispuesta a hacer modificaciones por temor a que el sexo deje de ser efectivo y cuando “no funciona” tampoco, por pudor a hablar del tema o por considerar que la edad y la baja de hormonas es la causa del problema.
Salir de ese lugar de “no innovar” o de resignación es dejar de lado una conducta defensiva que impide activar el deseo y nuevas maneras de encontrarse.
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La menopausia no es solo una condición médica: abarca factores psicológicos y sexológicos determinantes para la valoración y la calidad de vida personal y vincular. Tanto la mujer como su pareja se deben adaptar en forma flexible a los cambios que propone. Si bien se pierden los ciclos menstruales y la fertilidad, se gana en otras áreas para el bienestar común.
Es una etapa especial para aprender de toda la experiencia conseguida a lo largo de los años y dejar de ser consecuente con las reglas de siempre. Como en la adolescencia, es un momento para cuestionar, romper las normas, abrirse al mundo con más libertad y osadía.