Elegir el color de las paredes puede transformar por completo la sensación de descanso y confort en el dormitorio, aunque un tono inadecuado también puede generar el efecto contrario. Según especialistas consultados por Elle Decor, algunos colores muy utilizados alteran la calma del ambiente y pueden afectar la sensación de relajación necesaria para dormir mejor.
Los expertos citados por el medio señalan que estos colores, aunque populares en distintos contextos, pueden dificultar la creación de un entorno relajante y acogedor, ya que tienden a activar la mente, generar incomodidad o asociarse a sensaciones alejadas del reposo.
Blanco intenso: el peligro de un ambiente estéril
El blanco intenso, aunque se asocia con limpieza y luminosidad, puede resultar contraproducente al aplicarse en su totalidad. Lindsey Herod, diseñadora consultada por el medio, advierte que un dormitorio completamente blanco suele transmitir un ambiente “estéril, como un hospital”.
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Esta falta de calidez impide crear el entorno acogedor que requiere el dormitorio. Por este motivo, los expertos sugieren optar por blancos suaves o mezclarlos con tonos cálidos para evitar la sensación clínica y favorecer la relajación.
Rosa: un tono infantil poco relajante
Si bien el rosa es un color apreciado en dormitorios infantiles, Rayana Schmitz, citada por Elle Decor, no lo recomienda para adultos. Explica que este tono genera un “exceso de dulzura” incompatible con la atmósfera tranquila necesaria en estos espacios.
Para lograr un efecto más acogedor y maduro, la diseñadora sugiere alternativas como malva o beige, colores menos saturados y más sobrios, que aportan calma y equilibrio a la decoración del dormitorio.
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Rojo: un color estimulante que dificulta el descanso
Existe consenso entre expertos en que el rojo puro no es recomendable para dormitorios. Drew Michael Scott señala al medio citado que “no se debería pintar un dormitorio de rojo porque no es relajante”.
Además, advierte que en presencia de luz natural puede generar un “resplandor casi neón” que dificulta comenzar el día de manera tranquila.
Ania Agárdy añade que el rojo es un color “estimulante y de alta energía”, capaz de elevar el ritmo cardíaco y fomentar el estado de alerta. También indica que tiende a reducir visualmente el espacio y presenta desgaste desigual, lo que limita la flexibilidad en la decoración y dificulta combinarlo con otros elementos.
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Amarillo: activa el cerebro y genera ansiedad
El amarillo brillante se asocia a vitalidad, pero según la diseñadora Cathy Cherry, citada en el medio, está demostrado que activa el cerebro y complica la conciliación del sueño.
Galey Alix coincide y destaca que este color evoca “precaución, advertencia y ansiedad”, remitiendo a señales de tráfico y situaciones de alarma.
Estas características pueden interferir con el descanso necesario en el dormitorio. Por ello, los expertos coinciden en que el amarillo intenso es más apropiado para otras áreas del hogar donde se busque energía y estimulación.
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Naranja: demasiada energía para un espacio de descanso
El naranja comparte con el rojo y el amarillo su carácter dinámico y estimulante. Lauren Lerner, en declaraciones para Elle Decor, subraya que este tono resulta “demasiado estimulante para un espacio pensado para relajarse”. Recomienda priorizar colores suaves como verdes, azules, púrpuras o rosas apagados, que facilitan la calma en el entorno.
Galey Alix recuerda que el naranja surge de la mezcla de los colores más activadores, rojo y amarillo, lo que puede provocar tensión y dificultar la desconexión en el dormitorio.
Los especialistas en interiorismo advierten también sobre el uso de tonos demasiado oscuros, como el negro o grises intensos. Estas opciones, aunque pueden resultar elegantes, tienden a absorber la luz natural y generar una atmósfera opresiva o poco acogedora, especialmente en dormitorios con escasa iluminación.
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Al finalizar, los especialistas consultados por el medio aconsejan elegir tonos neutros y tierra para las paredes, promoviendo un ambiente sereno donde el dormitorio funcione como refugio reparador al margen del estrés cotidiano.