El destino (y la naturaleza) le jugó una buena pasada a la Argentina porque le brindó una uva tinta que casi nadie tiene. Además, creció de su mano y se posicionó en el mundo, ya no solo como gran productor de vinos sino como gran productor de muy buenos vinos.
Claro que las personas siempre tuvieron un rol fundamental, primero con los inmigrantes y luego con las nuevas generaciones que, en muchos casos, mejoraron lo hecho. Y entre todos, forjaron un gran presente. Pero en realidad, si no fuese por ese cepaje no habría un futuro promisorio vínico para el país. Porque fue el Malbec el responsable de abrir las puertas de los principales mercados de consumo, y el que le permitió (como ningún otro) al vino nacional codearse con los mejores exponentes internacionales.
Su versatilidad y capacidad de adaptación permitió descubrir nuevos terruños, con una diversidad de estilos como pocas uvas pueden ofrecer. Más allá de Francia con varios vinos, de Italia con el Sangiovese, de España con el Tempranillo y de Alemania con el Riesling, no se asocia a un país con una uva. Quizás en su momento a Australia con el Syrah (o Shiraz), pero ya sin tanta fuerza.
Hoy, Malbec es sinónimo de Argentina, por más que la variedad sea francesa, y eso es una gran ventaja competitiva. Además de su destacada y reconocida relación calidad-precio: donde entra el Malbec, se queda.
Es un tinto expresivo, amable y fresco, y con cuerpo para acompañar un sin fin de comidas, pero siempre con texturas dóciles. No obstante, hoy existen muchos rosados, unos pocos dulces y espumosos, y hasta innovadores (y curiosos) vinos blancos a base de Malbec.
La cepa es originaria de Cahors (Francia), aunque se sabe que en la Argentina encontró su segundo hogar. Se produce en diversas regiones, y esa es su principal distinción, ya que el vino nace en el viñedo. Hoy hay casi 50.000 hectáreas de Malbec plantadas en todo el país.
Luego vienen Chile (6000ha), Francia (5300ha) y un puñado de viñedos en Sudáfrica, Nueva Zelanda y California, pero no mucho más. Pensar que aquí se llegó a tener 60.000 hectáreas en algún momento, allá por los años 70. Pero por las diferentes crisis muchos productores la reemplazaron por variedades más productivas como Pedro Giménez para lograr más kilos de uvas, que significaban más litros de vino, y era lo que demandaba el negocio.
Pero eso no detuvo al Malbec, solo retrasó su evolución. Gracias a que algunos productores de uvas vieron más allá quedaron en pie unas 15.000 hectáreas, en lugares selectos. Y, en gran parte, gracias a esas viñas viejas el Malbec revivió y logró alcanzar prestigio al trascender generaciones de viticultores.
Hoy, su superficie está en constante crecimiento porque es el emblema del país, pero también es el vino que mejor refleja en las copas el carácter de cada lugar.
La historia del Malbec
Es realmente fascinante y, como la de ninguna otra variedad de uva, parece de película. La uva llega al país gracias a una gestión de Sarmiento en 1853. Dos años más tarde (1855) en Francia, Napoleón III crea la “Clasificación de los Grand Cru Classé” para los vinos de Burdeos, con la intención de mostrarle al mundo, en La Exposición Universal de París, los mejores vinos franceses.
Así fue que se eligieron cientos de vinos ordenados, en esa nueva clasificación, en distintos niveles, entre los que se destacaron más de 50 etiquetas en los primeros cinco segmentos: del primer Grand Cru Classé al quinto. Lo más destacable de este hecho es que casi 200 años después muchos de esos vinos siguen siendo reconocidos entre los mejores del mundo.
Pero al año siguiente (1856), una plaga (filoxera) comenzó a arrasar con los viñedos de Burdeos, de otras regiones de Francia y también de España. Luego de un par de años devastadores, cuando los viticultores debieron volver a empezar con sus viñas, vieron que la mayoría de las plantas habían perecido y solo algunas resistido a la terrible plaga.
Esas vides, que eran de Cabernet Sauvignon, fueron las elegidas para reconvertir los viñedos, dando inicio a su reinado hasta hoy en día, ya que se trata de la variedad de uva más plantada del mundo. Y aquellas vides que no pudieron contra la filoxera, que quedaron casi en el olvido, que además predominaban en los viñedos bordeleses de aquel entonces y, por ende, que habían sido las protagonistas de aquellos vinos destacados en la Exposición Universal de Paris, eran Malbec. Y ese dato es clave.
Si bien el Malbec tardaría casi un siglo y medio para volver a la escena internacional, ese hecho histórico avala no solo su origen sino también su nobleza. Esto significa su capacidad de concebir grandes vinos.
Hoy se puede decir que, tras ese largo período “de alejamiento de los escenarios”, tras haberse “escapado” y viajar en silencio hacia un terruño recóndito, se adaptó y desarrolló de una manera sorprendente. Eso explica la gran diversidad de etiquetas de Malbec en todos los segmentos, tipos y estilos.
10 Malbec para brindar
- Amalaya Malbec
Bodega Amalaya, Salta, Cafayate $15.000
Auténtico Malbec de altura, que nace a más de 1.700 metros, lo que explica su gran concentración de fruta madura, con notas especiadas y una acidez vibrante que refresca el paladar. Los taninos amables y consistentes equilibran su trago jugoso y bien expresivo. Ideal para lucirse en la mesa.
- Terrazas Reserva Malbec
Terrazas de los Andes, Mendoza $17.100
Este Malbec siempre sobresale por su relación calidad-precio. Porque es un vino fácil de beber, por frescura y fluidez, pero a la vez expresivo. Entrega varias sensaciones, empezando por sus aromas netamente herbales que remiten a la “alta” montaña, y un paladar ágil, directo y con taninos incipientes. Elaborado a partir de un blend de más de 100 parcelas provenientes de ocho viñedos de altura de las mejores apelaciones de Luján de Cuyo y Valle de Uco.
- Kaiken Ultra Malbec
Kaiken, Mendoza, Valle de Uco $28.600
Este Malbec evolucionó sin traicionar su esencia, porque desde su primera cosecha (2002) buscó ser la mejor y más representativa expresión del varietal en suelos mendocinos. Y hoy, es uno de los referentes en su segmento. Con buena fluidez y un carácter classy, pero con frescura actual. Hay frutas y especias en sus aromas y sabores, con leves dejos de crianza.
- La Contienda Malbec
Cimarrón Wines, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $29.900
Este Malbec de Gualtallary se suma a la propuesta del joven winemaker Lucca Stradella. Y si bien fue un Malbec de San Rafael el que lo inspiró a lanzar su propio emprendimiento, su curiosidad y búsqueda lo llevaron hasta la zona alta del Valle de Uco. Eso explica los aromas a frutas rojas maduras y especias, con algo de regaliz. Taninos firmes que hablan del lugar y aportan estructura.
- Catalpa Malbec
Bodega Atamisque, Mendoza, Valle de Uco $30.000
El hacedor de la casa, Philippe Caraguel, es un gran conocedor de la zona y del Malbec, más allá de su reconocido expertise con las burbujas. Y en este vino lo demuestra cada año. Porque es un tinto fresco y de buen cuerpo, con todo equilibrado; aromas, sabores y texturas. La crianza asoma al final, complementando una expresión que habal del lugar y de la variedad.
- Pulenta Estate Malbec
Pulenta Estate, Mendoza $35.000
El enólogo Javier Lo Forte combina uvas de Agrelo (Finca La Zulema) y del Valle de Uco (Finca Don Antonio) para elaborar este Malbec que sigue creciendo, manteniendo su esencia. De aromas algo frescos que recuerdan a frutas rojas y especias secas. Su paladar fluido, es franco y posee una frescura que resalta su carácter bien de Malbec e invita a otro trago.
- Ameri Malbec Orgánico Single Vineyard
Domaine Bousquet, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $58.000
Este Malbec solo se elabora en años excepcionales en los que el enólogo Rodrigo Serrano Alou siente que la uva alcanzó el máximo de su expresión. De aromas frutados con tonos vegetales. Paladar fresco y franco, con taninos firmes que aportan persistencia a su final de boca. Tiene todo: fruta, frescura, notas de crianza y, además, es orgánico.
- Primeras Viñas Malbec D.O.C. Agrelo
Bodega Lagarde, Mendoza, Luján de Cuyo $80.000
Mucho trabajo hay detrás de este flamante Malbec, elaborado uvas provenientes de parcelas seleccionadas de la finca que la bodega posee en el Valle de Agrelo, y que fueron plantadas en 2006, y manejadas bajo prácticas agrícolas sustentables. Es un vino de aromas intensos y con un paladar que habla del lugar. Porque es voluptuoso, franco y a la vez muestra un equilibrio entre concentración y frescura.
- Tomero Cuartel 41 Malbec
Bodega Vistalba, Mendoza, Valle de Uco $80.000
Carlos Pulenta es uno de los bodegueros que más hicieron por el desarrollo del Malbec, sobre todo del Valle de Uco. Acá, junto al enólogo Fernando Colucci, logra un vino de aromas austeros y equilibrados. Hay frutas rojas con dejos de frutas negras, con buen volumen, y un paladar carnoso y franco, con taninos incipientes. Elaborado con uvas propias de la Finca Tomero (Los Árboles, Tunuyán), a unos 1200 metros de altura.
- Universo Malbec
Bodega Malma, Neuquén, San Patricio del Chañar $80.000
Desde hace casi veinte años este Malbec es un gran exponente de la Patagonia. Un tinto amplio y expresivo, con la frescura que habal de la región y buen cuerpo. SU carácter de frutas rojas con toques florales y especiados, se combinan muy bien con las notas aportadas por su crianza en roble. De paladar equilibrado y con buen potencial de guarda.