COVID-19 y embarazo: “Lo que sabemos incita a la tranquilidad pero lo que aún desconocemos llama a la prudencia” (Foto: Shutterstock)
COVID-19 y embarazo: “Lo que sabemos incita a la tranquilidad pero lo que aún desconocemos llama a la prudencia” (Foto: Shutterstock)

La pandemia de COVID-19 es aún tan nueva que todos sus hallazgos van cambiando permanentemente y, desde ya que, la información disponible no está completa. Aún falta un largo camino por recorrer y resulta de vital importancia conocer con detalle qué es lo que realmente se sabe y cuáles son todos los recaudos de prevención respectivos, en este caso relacionados con las mujeres embarazadas y los recién nacidos.

En una entrevista con Infobae, Gustavo Leguizamón, jefe de la sección de medicina Materno Fetal del Departamento de Ginecología y Obstetricia de CEMIC (MN 81652), contó los potenciales riesgos que podrían tener la futura madre y su bebé, e instó a extremar los recaudos.

-Según los últimos estudios, ¿cuáles son las posibles consecuencias para la madre y para el bebé en el caso de que se produzca el contagio?

-Con respecto a la infección de SARS-CoV-2 en las mujeres embarazadas, hasta hoy lo que sabemos, por los trabajos publicados, es que la transmisión vertical (que el virus le llegue al bebé por la placenta o la leche materna) no tiene riesgo, y si lo tuviera, sería muy bajo. No se ha documentado transmisión vertical en el bebé. Esto es bueno por distintas cosas y hay buenos datos biológicos, ya que no se aisló en el líquido amniótico, ni en la sangre del cordón del bebé, ni tampoco en la leche materna. Esto tiene impacto sobre varias cosas. Primero, sobre la seguridad del bebé; también sobre la vía del parto y además, en la lactancia, ya que si la mamá es positiva, puede hacerse pero con precauciones. Esto es lo que sabemos hasta ahora pero creo que hay buenos fundamentos para llevar tranquilidad, aunque hay otros para permanecer cautos.

La otra buena noticia es que la infección en la mujer embarazada, hasta el momento, no parecería manifestarse de manera más grave que en mujeres no embarazadas. Entre el 80 y el 86 por ciento, se presenta como una enfermedad leve; el 10 por ciento, con una enfermedad un poco más sintomática y que requieren algo de oxígeno, y un 4 o 5 por ciento requieren cuidados críticos. Esta es la información que tenemos hasta ahora pero tiene algunas limitaciones, por eso y como obstetra que hace medicina materno-fetal, creo que se puede estar tranquilo por ese lado pero no olvidarnos del tema, porque hay información que necesitamos pero mientras tanto hay que ser cautos y precavidos. Para eso, hay que insistir en que las mujeres mantengan la distancia social y que no se expongan.

-¿Por qué recalca que hay que ser cautos?

-Primero, cuando uno ve qué pasa con las infecciones virales respiratorias en las mujeres embarazadas -como en el caso de la influenza o en el del SARS, que es un virus muy parecido al que padecemos en la actualidad, o en el del MERS- el riesgo de salud materna es muy alto. En el caso del SARS, por ejemplo, del 27 al 30 por ciento de los casos se asocia con mortalidad materna. Es otro virus, parecido, pero es otro. Lo mismo cuando se habla de influenza, las probabilidades de una mujer que tenga neumonía o complicaciones de la gripe es mucho mayor que en una mujer no embarazada. Por eso, la importancia de que se vacunen.

 (Photo by ANTHONY WALLACE / AFP)
(Photo by ANTHONY WALLACE / AFP)

Entonces uno piensa que si otros virus respiratorios -algunos muy parecidos en su biología- producen un riesgo importante para la salud materna, ¿por qué éste virus no? En general, las complicaciones del virus no tienen tanto que ver con la acción directa de éste sobre el pulmón, sino en la reacción inflamatoria que tiene el cuerpo hacia el virus. Y eso es lo que produce esa tormenta inflamatoria. En el embarazo, el tipo de reacción inflamatoria que produce este virus -como la respuesta inflamatoria de estas mujeres es diferente a la de una no embarazada- podría ser la diferencia. Porque si uno ve el trabajo de parto, es como un proceso inflamatorio.

Como la mamá tiene en la panza a un bebé, cuya mitad es completamente igual a ella y, la otra mitad, es completamente diferente, la madre tiene que desarrollar una forma de tolerancia inmunológica para no entrar en trabajo de parto. Esa tolerancia inmunológica hace que la respuesta inflamatoria -específicamente para el tipo de respuesta inflamatoria que produce este virus- podría ser que esté amortiguada. Entonces, esa tormenta inflamatoria es posible que no ocurra de la misma manera, por eso, es posible que les vaya igual, e incluso, un poco mejor.

-¿Cuáles son los motivos que tienen las mujeres embarazadas para preocuparse?

-Los motivos de preocupación son los siguientes: hasta ahora, todas las mujeres analizadas en los trabajos de investigación eran muy sanas y casi no tenían enfermedades preexistentes. Además, eran jóvenes, con un promedio de edad entre 30 y 32 años.

La otra preocupación es que la gran mayoría se infectó en el tercer trimestre. Los bebés nacieron entre 7 y 10 días después de la infección. Entonces, ojalá se comporte igual, pero la realidad es que no sabemos qué pasa en las embarazadas del primer y segundo trimestre, y esto también va para el tema que expuse antes, sobre la transmisión al bebé. Tampoco sabemos cómo van a responder las mujeres más añosas, es decir, de una edad más avanzada. No hay que asumir que les va a ir mal pero, simplemente, no hay información.

La otra precaución es: uno piensa que lo único de una infección que puede afectar al bebé podría ser la infección congénita, pero no es así. Hay otras cosas, aún si el virus no llega al líquido amniótico o al bebé, igual puede potencialmente representar algún riesgo, porque si hay una afección respiratoria severa eso puede derivar en otras complicaciones para el bebé, aunque no esté infectado. Por ejemplo, ya que la madre no puede oxigenarse bien, el bebé tampoco puede hacerlo, o que haya que hacer que el bebé nazca antes porque la madre está en estado crítico. Son un montón de cosas que, potencialmente, pueden afectar al bebé, sin necesidad de que esté infectado. Por eso, no hay que simplificar y pensar que, porque no hay transmisión vertical, entonces no hay riesgo para el bebé porque hay otras complicaciones indirectas.

Dudas y certezas en el embarazo frente a la pandemia de COVID-19 (Foto: Shutterstock)
Dudas y certezas en el embarazo frente a la pandemia de COVID-19 (Foto: Shutterstock)

-¿Hay alguna medida especial de prevención que les recomiende a las embarazadas?

-En mi opinión, por estas limitaciones que tenemos de la información actual y por cómo se comportan otras enfermedades respiratorias en el embarazo, hay que ser cautos. Por la limitación de la información y porque otros virus respiratorios se comportan de una manera más agresiva, yo diría que hay que tratarlas como un grupo distinto. Hay que tomar todos los recaudos que sabemos, como lavado de manos, distanciamiento social, etc. Es un grupo que podría ser más vulnerable. La forma en que se presenta el virus en las mujeres embarazadas infectadas no es distinta a las que no están embarazadas, e incluso, en los hombres. La mitad tiene tos seca y, más o menos la otra mitad tiene fiebre.

-¿La fiebre tiene que estar presente necesariamente como síntoma?

-La mitad de las mujeres embarazadas presenta fiebre, es el síntoma más común. En algún punto, la fiebre siempre aparece, depende qué tan precozmente consulte. Es importante que las mujeres sepan que muchas veces el embarazo predispone a tener tos seca, a respirar con un ritmo más rápido o a tener reflujo, porque el útero empuja al estómago. Ante la duda con la aparición de ciertos síntomas, hay que consultar precozmente y no tardíamente, atribuyéndole estos síntomas a los cambios del embarazo. Esta es otra recomendación importante.

La consulta debe ser telefónicamente, y si se va a una guardia hay que avisar antes y llegar con barbijo. Pero es importante destacar que, el embarazo puede producir algunos síntomas -sobre todo tos seca- y hay que tener cuidado de no atribuirlo al embarazo sino que, ante la aparición de un síntoma nuevo, hay que consultar: estar alertas a la tos seca y a cualquier dificultad respiratoria.

-¿Lo ideal sería que la embarazada no salga para nada de su casa?

-Creo que tiene que disminuir al máximo todo tipo de salidas: máxima cuarentena y máximo aislamiento social. Hay situaciones por las que eventualmente tiene que salir, como para recibir ciertos cuidados médicos, pero pienso que tienen que tratar de extremar los cuidados para no exponerse.

-¿Qué pasa con una mujer embarazada cuya pareja se encuentra actualmente trabajando y desarrolla una labor que la deja muy expuesta, porque está en contacto con el público y con otras personas que podrían ser asintomáticas?

-Las precauciones en el caso de personal de seguridad, sanitario, etc., es decir, gente que está expuesta, son las habituales. Cuando la pareja llega a su casa, no entrar con el calzado, cambiarse la ropa, ducharse, etc. Esas serían las recomendaciones generales. En algunas ocasiones, un tema de criterio a aplicar es el distanciamiento social dentro de casa. Yo le recomiendo eso a mis pacientes, que si su pareja sale, dentro de la casa apliquen el distanciamiento social en la medida que se pueda. Por ejemplo, si hablamos de un trabajador de la salud y no de una persona que sólo sale a hacer las compras, esto sería lo ideal: no darse besos, estar a más de dos metros. Claro que esta es una situación ideal, porque no siempre se puede hacer y, por eso, tampoco es una recomendación formal.

REUTERS/Soe Zeya Tun
REUTERS/Soe Zeya Tun

-¿Los bebés se pueden contagiar y qué gravedad puede tener el virus en ellos?

-Los bebés se pueden contagiar pero lo que es poco probable es que la población pediátrica se enferme gravemente. Esa es la diferencia, los bebés pueden contagiar y transmitir pero lo que se modifica es la gravedad de la enfermedad. El recién nacido también se puede contagiar, pero hasta donde sabemos, no se contagia ni en el canal del parto, ni adentro del útero. En los contagios reportados, lo más probable es que haya sido a través de las secreciones respiratorias de la madre en el período neonatal. Pero de nuevo, la mayoría de los recién nacidos infectados no han desarrollado enfermedad severa. Hay algún caso en el que quedó alguna duda pero, el concepto general, es que no han desarrollado enfermedad severa. Se contagian pero no se enferman gravemente.

-Los bebés recién nacidos, ¿pueden salir a la calle como antes de que comenzara la pandemia o hay que tener otros recaudos?

-La única salvedad es que, si un bebé asintomático nace de una mamá que es COVID positiva, hay que tratar de que no esté expuesto a personas mayores de 60 años o con enfermedades crónicas, por lo menos por dos semanas.

-¿De qué modo se protege al bebé en la lactancia?

-El virus no se ha aislado de la leche, o sea, que la leche en sí no es un problema. El tema es que la lactancia se realiza a una cercanía de la mamá y hay que tomar estas precauciones: si la madre estuvo en contacto con un caso positivo, o sospechoso, o si es positiva tiene que usar barbijo; lo ideal es que el lugar del a lactancia sea lejos de la cama donde ella descansa, porque puede haber secreciones; se debe hacer con un camisolín recién colocado; hay que lavarse las manos antes y después, y es importante la limpieza de la piel, porque si bien ese contacto no contagia, lo importante es que no haya secreciones y que ella esté con un barbijo.

-¿Qué puede decirnos sobre la influenza en las embarazadas?

-Ese es un punto muy importante. Uno tiene el falso concepto de que la gripe es algo menor y no lo es. Solo que en la gripe hay vacunas y algunas formas de tratamiento con drogas antivirales, que también disminuyen las complicaciones. Por eso, es muy importante que las mujeres embarazadas se den la vacuna antigripal, porque la gripe en el embarazo aumenta mucho las complicaciones graves para la madre y, secundariamente, para el bebé. Por ejemplo, la tasa de neumonía, el riesgo de mortalidad etc está aumentado en el embarazo por la gripe común, que es la influenza.

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