Fomentar la inteligencia emocional es la base para que todo lo demás sea más fácil de aprender (Getty Images)
Fomentar la inteligencia emocional es la base para que todo lo demás sea más fácil de aprender (Getty Images)

Suele decirse que a ser padres se aprende siendo. Y también que nada educa mejor a los niños que el ejemplo.

La llegada de un hijo enfrenta a sus padres a uno de los mayores desafíos de la vida. Es que si bien vienen con unos meses de "preaviso", hacen su arribo sin manual de instrucciones -¡y sin ticket de devolución!-. Y los padres, a la emoción que provoca la nueva vida, le suman la ansiedad de saberse responsables, en gran parte, de lo que a esa personita le depare el futuro.

Querrán que crezca sano y feliz, que sea bueno, inteligente, culto, que alcance sus metas. En síntesis: que hereden -y superen- sus mejores cualidades y sepan evitar los errores, los fracasos.

La llegada de un hijo enfrenta a sus padres a uno de los mayores desafíos de la vida

Pero, ¿es posible?

Melina Furman es bióloga y máster y doctora en Educación. Es investigadora del Conicet y profesora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés. Pero fue el nacimiento de sus hijos (¡mellizos!) lo que la puso de cara con el mayor reto que jamás había imaginado enfrentar.

Desde hace 20 años, su trabajo se centra en entender cómo formar mentes curiosas y potenciar el pensamiento crítico, desde el jardín de infantes hasta la vida adulta. Y desde hace seis años, la experiencia de criar a dos niños de la misma edad en simultáneo, a las clásicas preguntas de toda madre novata acerca de cuánto exponerlos a la tecnología, qué tipo de actividades hacer en casa para potenciar sus habilidades o cómo elegir el jardín de infantes, le disparó otras como cómo potenciar los talentos y deseos de cada uno sin cerrarles la puerta a experimentar cosas nuevas.

En la actualidad se valora más que en otros momentos la curiosidad como motor del aprendizaje (Getty)
En la actualidad se valora más que en otros momentos la curiosidad como motor del aprendizaje (Getty)

Así nació Guía para criar hijos curiosos, su sexto libro, el primero dedicado a las familias, casi una lectura obligada para quienes tienen hijos, o ganas de tenerlos, o de volver a tenerlos, como dice en el prólogo el investigador del Conicet Diego Golombek: "Seguro saldrán más curiosos…y felices".

¿Por qué una guía para criar hijos curiosos? "Creo que hay un clima de época donde se valora más que en otros momentos la curiosidad como motor del aprendizaje, como una vacuna contra el pensamiento más dogmático", comenzó a explicar Furman a Infobae. Es que para ella, "cuando sos curioso no te quedás con el primer punto de vista".

"Estamos en un momento en el que está bueno tener la cabeza abierta; hoy el motor de la innovación tiene que ver con la curiosidad, con poder descubrir cómo resolver problemas de manera creativa -señaló la autora-. Estoy convencida de que nuestra intuición es la mejor brújula interior que tenemos para educar a nuestros hijos, pero también creo que cuando la combinamos con el conocimiento se abren nuevas posibilidades para el pensamiento y la acción que nos permiten ir mucho más lejos".

Hoy el motor de la innovación tiene que ver con la curiosidad

Sobre cómo identificar cuál es el talento de cada hijo y si conviene potenciarlo o hacerle ver otras cosas, Furman instó a "entender la inteligencia como un repertorio, un abanico de capacidades de los chicos para poder valorar en cuál de ellas fluye más y acompañar desde ahí, pero también está bueno ayudarlo a desarrollar las otras".

"Hay inteligencias más clásicas, son las que tradicionalmente se valoran en la escuela, pero hay otras, por ejemplo musical, sinético corporal (que es la que predomina en Messi) y emocional, que puede a su vez subclasificarse en 'intrapersonal', que es la capacidad de vivir con uno mismo y entender qué nos hace bien, cómo ponerse metas, etc e 'interpersonal', que es la que ayuda a establecer vínculos positivos con otros", apuntó la investigadora, para quien "todos los niños tienen talentos y está bueno potenciarlos, pero también ayudarlos a desarrollar otros".

Según Furman, "fomentar la inteligencia emocional es la base para que todo lo demás sea más fácil de aprender".

Los primeros años de vida son fundamentales para ver qué es lo que trae cada niño y cómo potenciarlo (iStock)
Los primeros años de vida son fundamentales para ver qué es lo que trae cada niño y cómo potenciarlo (iStock)

Consultada sobre si es posible enseñar a aprender, y más allá del juego de palabras, la investigadora sentenció: "Absolutamente sí, y nos podemos volver cada vez mejores aprendices, estos niños de hoy van a necesitar aprender toda la vida".

Una manera de ayudarlos a "entrenar" la metacognición -ser consciente del propio proceso de aprendizaje- es, en palabras de Furman, "leer cuento a los niños, pero además, usar ese espacio para la conversación e interrogarlos, por ejemplo, sobre cómo se les ocurre que va a terminar la historia, qué harían ellos si fueran el protagonista, cómo lo contarían; ponerlos en el rol de productores no sólo consumidores".

Otra técnica para subirles la demanda cognitiva es "jugar a la búsqueda del tesoro, y que ellos creen las pistas".

Qué y cuándo hace la diferencia

Un entorno estimulante le da al niño la riqueza para explorar sin riesgo
Un entorno estimulante le da al niño la riqueza para explorar sin riesgo

"Todos tenemos un perfil cognitivo distinto, hay inteligencias en las que cada uno tiene facilidades y la crianza es clave para ver a dónde lleva uno ese repertorio inicial con el que se nace -señaló Furman-. Es lo que en educación se conoce como aulas heterogéneas y tiene que ver con que hay chicos más verbales, otros aprenden más con el cuerpo y es importante ofrecerles opciones para cada uno".

Para la autora, los primeros años de vida son fundamentales a la hora de "ver qué es lo que trae cada niño, cómo potenciarlo y potenciar otras habilidades".

En uno de los capítulos de su libro, Furman plantea la dicotomía que suele presentarse entre un entorno cognitivamente estimulante o un contexto afectivo, como si se tratara de conceptos que no puedan darse de manera simultánea. "Un entorno estimulante le da al niño la riqueza para explorar sin riesgo, en tanto el aporte de un contexto afectivamente seguro es vital en el sentido que sientan que importan, que les damos bolilla", indicó, al tiempo que apuntó: "Una disciplina positiva permite ayudarlos a que puedan tomar control de eso que tiene que resolver, les da herramientas para que ellos empiecen a desarrollar autonomía".

El elogio, un arma de doble filo

Elogiar la inteligencia o el talento de los chicos genera todo lo contrario (Getty)
Elogiar la inteligencia o el talento de los chicos genera todo lo contrario (Getty)

En este punto la autora hizo un alto sobre uno de los errores más comunes en que suelen incurrir los padres: "¡Qué genio que sos!" "¡Sos superinteligente!" acostumbran a alentar padres, abuelos y tíos cuando el niño hace algo bien. Sin embargo, es exactamente lo opuesto a lo que hay que hacer.

Según Furman, "no todos los elogios ayudan, es más, algunos pueden ser contraproducentes". "Lo que muestran las investigaciones es que elogiar la inteligencia o el talento de los chicos genera todo lo contrario: empiezan a no querer defraudarnos a nosotros o a su propia imagen de sí mismos y dejan de elegir actividades que los desafíen; van a lo seguro", resumió.

"Si en vez del talento se les elogia el esfuerzo, se los motiva a seguir buscando desafíos, ya que perciben el mensaje de que lograr algo tiene que ver con trabajar duro", ahondó. Así, frases como "qué bien, cuánto que practicaste" o "se nota que trabajaste mucho para lograrlo", serán preferibles a las tradicionales alabanzas, de cara a "cultivar en los niños una mentalidad de crecimiento, de que cuando algo se intenta con esfuerzo eso da frutos". "Eso ayuda a que vean la frustración de otra manera", resaltó.

Si en vez del talento se les elogia el esfuerzo, se los motiva a seguir buscando desafíos

El capítulo final de Guía para criar hijos curiosos, titulado "¿Cómo elegir escuela para nuestros hijos?", fue casi un imán para esta periodista -y madre- ansiosa, que comenzó el libro por el final. Para sorpresa, antes de indagar sobre la propuesta pedagógica, el tipo de gestión o los valores, los padres deben tener en cuenta, según Furman, "parte fundamental de la educación pasa por lo que sucede en casa porque el vínculo con el conocimiento y el deseo de aprender se construye en lo cotidiano".

"Es igual de importante que la elección de la institución, que nos demos cuenta que la decisión más importante que tenemos que tomar es ver qué pasa en casa antes y durante la escolarización", concluyó la investigadora.

A modo de mensaje final, alentó: "No hace falta hacer un doctorado, un gran paso será empezar a incorporar estas cosas en la rutina, en el rato que ya dedicamos a jugar con los chicos; es cuestión de darle una vuelta de tuerca a lo que ya hacemos".

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