El sábado pasado, Lali Espósito y Pedro Rosemblat se casaron en una íntima ceremonia celebrada en una antigua casona del barrio porteño de San Telmo, rodeados de un estricto operativo de seguridad que logró mantener el evento en reserva absoluta. La organización estuvo a cargo de Claudia Villafañe, quien lleva años al frente de su propia empresa de eventos y se ha convertido en una de las organizadoras de referencia entre las figuras del espectáculo argentino.
La propia Villafañe brindó detalles de aquella jornada en el foro anual Women Economic Forum Argentina, donde participó como oradora sobre su trayectoria como empresaria. Según contó, el casamiento de Lali comenzó temprano, lo que la obligó a encadenar compromisos: “Tuve el cumpleaños el viernes, un cumpleaños de cincuenta que llegué a mi casa a las seis de la mañana”, relató. “El de Lali empezaba temprano, así que a las diez salí de mi casa de vuelta para ir al de Lali. Estaba muerta, no podía más”, admitió.
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A pesar del cansancio, Villafañe describió la dinámica de trabajo que la distingue: estar al lado del cliente en todo momento, desde los preparativos más tempranos. Cuando el moderador le preguntó si estaba en todos los detalles, ella no dudó. “Sí, sí, sí, la verdad que sí. Estábamos muy atentos. Por eso tenemos un equipo que nos dividimos. Yo me encargo de estar al lado del cliente todo el tiempo, cuidando desde que empieza a maquillarse, a peinarse la novia o la nena que cumple quince. Y estamos ahí al pie del cañón a que no falte nada”, explicó. Y fue más allá: “Y que se sienta contenida, o sea, es un día muy importante para la familia”, agregó.
Para la organizadora, ese trato cercano es lo que diferencia su propuesta. “Creo que eso es lo que nos distingue, por ahí del trabajo que hacemos con mi equipo, de esa amorosidad con la que nos gusta trabajar y atender al cliente”, sostuvo ante el público del foro.
Otro elemento que subrayó el moderador fue la confidencialidad. La boda de Lali y Pedro pasó sin que se filtrara ningún detalle previo, y Villafañe confirmó que así fue el acuerdo: “Perdón a todos los que me preguntaron: les tuve que mentir, no podía decir nada”. El propio moderador reveló que estuvo coordinando con ella su participación en el foro sin saber que, en simultáneo, Villafañe estaba en medio de la organización del casamiento. “Estoy en una boda, me dijo. Después vino la... Ah, ya sé qué boda”, contó entre risas.
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La fiesta apostó por una modalidad poco frecuente para este tipo de eventos. Quienes cruzaban la puerta debían dejar sus celulares dentro de sobres o fundas especialmente dispuestas para la ocasión. La intención era evitar que circularan fotos, videos o mensajes en tiempo real desde el interior de la celebración y que los novios pudieran compartir la jornada sin pantallas encendidas alrededor.
La medida, que generó comentarios entre los asistentes, fue una de las primeras sorpresas de la jornada. Agustín “Cachete” Sierra contó cuál fue el procedimiento al ingresar: “Llegabas y te metían el teléfono en la bolsita”. Pauli Vetrano también se refirió a esa consigna y dejó en claro el alcance de la decisión: “Apenas llegabas te daban una funda porque no podías usar el celular. Chicos, yo no tengo una sola foto del casamiento”.
El protocolo de “cero pantallas” abarcó toda la celebración. La organización buscó que los presentes se concentraran en la música, los encuentros y la dinámica de una fiesta que tuvo buena parte de sus actividades al aire libre. Lejos de las historias de Instagram, las transmisiones en vivo y los videos breves que suelen aparecer antes de que termine un evento, la boda quedó reservada para quienes recibieron la invitación.
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Vetrano explicó que cada asistente seleccionado recibió una de esas cámaras para retratar lo que quisiera durante la noche. “Te daban camaritas descartables para que vos pudieras sacar y después eso se lo quedaban los novios”, relató sobre una iniciativa que convirtió a los amigos y familiares en fotógrafos ocasionales de la celebración.
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