La boda civil de Lali Espósito y Pedro Rosemblat tuvo lugar este sábado por la tarde en una vieja casona del barrio porteño de San Telmo, en una ceremonia íntima con familiares y amigos cercanos. El hermetismo que rodeó al evento fue cediendo con el correr de los días, en especial luego del posteo conjunto que hizo la pareja el domingo por la tarde, y los detalles comenzaron a trascender poco a poco. Uno de ellos fue que Martín Rechímuzzi fue el encargado de oficiar la ceremonia en cuestión.
Con apenas cuatro días de anticipación y desde España, donde se encontraba de gira, el humorista recibió una propuesta que no esperaba. “Ay, estuvimos pensando, estamos organizando, ¿no nos querés casar vos?”, le dijeron Lali y Pedro. “Chicos, faltan cuatro días”, respondió él.
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Así lo relató en el programa Amanece que no es poco (Olga), conducido por la Negra Vernaci, quien lo interrogó con una cuota de ironía por el tiempo que le dedicó al traje que llevó el sábado por la tarde: “¿Lo escribiste (al discurso) también con cuatro meses de anticipación?”. La respuesta de Rechimuzzi fue directa: “No, porque me avisaron cuatro días antes”.
Pese al apuro, el comediante reveló que aceptó de inmediato. “Como tengo un genuino afecto por ellos, fue como muy fácil. Era como escribir qué me pasa alrededor de eso, la mirada que yo tengo sobre ellos y al mismo tiempo una idea sobre qué es casarse”, explicó. Vernaci había abierto el tema señalando que Marcos Aramburu, también panelista del ciclo y amigo de la pareja, le había adelantado que el discurso fue excepcional: “Pasaste de la emoción a que todos se rieran con tu discurso, y de nuevo la emoción, sin lugar bajo ni común”, le dijo. Rechimuzzi lo confirmó: “Sí, fue lindo”.
El eje del discurso partió de una observación sobre la pareja y derivó en una pregunta filosófica. “Los observaba a ellos y no es lo mismo un casamiento cuando se dan muchos casamientos que tienen que ver por uso y costumbre, a diferencia del caso de ellos, que está muy soportado sobre un amor que se tienen muy inmenso”, explicó.
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Desde ahí, dijo, surgió la pregunta central: si del amor se espera que dure o que arda. “Yo trataba un poco de puentear ese binarismo, asumiendo que cuando se casan, en este caso dos artistas, pueden ponerse ambiciosos y esperar las dos cosas: un amor que dure ardiendo, que dure y que arda”, señaló. Y aclaró que la pregunta no era suya: “Es una pregunta propia de la filosofía sobre qué es lo que uno busca en el amor”.
A ese hilo central le sumó una serie de “embrujos” o deseos, en sintonía con la fecha elegida por la pareja: el casamiento se realizó en la Noche de Brujas. Entre los hechizos mencionó “el poder de reírse, el poder del complot” y otros que, admitió, no recordaba con exactitud. “Eran cinco”, aclaró. Todos apuntaban, según explicó, a “cosas que probablemente a mí ni me salen, pero que me gustaría que quienes habitan el amor o se arman una institución amorosa, no pierdan”.
El humor a la hora de contar esta anécdota no podía faltar, por lo que bromeó acerca de cómo hizo la tan esperada pregunta. “Señora, ¿a usted le gusta casarse, caballero?”, dijo con una voz distinta, desatando las risas de los presentes. “Perfecto, caballero, perfecto. Y así acepto”, remató. En el piso de Olga, la anécdota derivó en un intercambio sobre sus eventuales honorarios como oficiante. Ante la consulta de Vernaci por un casamiento en Merlo un jueves de noche, Rechimuzzi cotizó sin dudar: “Mil quinientos”.
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La fecha que eligió la pareja no fue casual: coincidió con el día en que se vieron por primera vez, durante una fiesta de disfraces organizada justamente por Rechimuzzi.
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