En el presente, Juan Manuel Artaza, actor, director y guionista, transita una etapa de determinación y autonomía creativa. “Estoy eligiendo más los proyectos que quiero hacer. Hoy estoy con un poco en ese plan de decir: ‘Voy a hacer mis propios proyectos, voy a hacer mis propias cosas’. Y es un sentimiento muy lindo, debo decir”, confesó en una charla con Teleshow, dejando entrever la calma y la convicción que lo acompañan en este momento.
Heredero de una voz y una sensibilidad artística que remiten inevitablemente a la figura de su padre, Nito Artaza, reconoce esa huella con naturalidad y orgullo. La búsqueda constante de esa magia que solo el arte puede brindar se ha convertido en el eje de su camino, guiado por el deseo de crear y de apropiarse de cada paso que da dentro del universo escénico.
—¿Cuál es tu formación, o sos autodidacta ?
—En principio soy licenciado en Relaciones Públicas de la UADE, me recibí. Le dije a papá que iba a poner el título en el baño de su casa y está ahí, porque después no lo toqué nunca más. Cuando estaba terminando la carrera, empecé a hacer teatro con el estudio de entrenamiento actoral de Julio Chávez. Ahí estuve por cinco años. Después también estuve con otros grandes maestros como Javier Daulte, como Alda Garrote y otros tantos. Ahora también estoy haciendo mucho guion con Mónica Salerno.
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—¿Por qué colgaste el título en el baño? ¿Sentís que lo tuyo siempre fue el arte?
—Sí, también el máster en humor lo tengo hecho, pero no solo por papá, porque quizás mi humor no se parece tanto al de mi viejo. El máster de humor lo tengo hecho también de haber compartido teatros y haber ido a ver en la calle Corrientes a tantos artistas, a tantos, pero muchísimos, miles de humoristas he visto en mi vida. Es como que a lo largo lo vas pensando y decís: “Ah, claro, de acá saco esto”, no solamente de papá. O de Les luthiers , por ejemplo, que los adoro, para mí ellos son lo más grande que tuvimos en cuanto al humor.
—¿Qué otros referentes tenés?
—Quizás de repente había una época que estaba papá con Miguel Ángel Cherutti en el teatro Atlas, en Mar del Plata, y arriba se turnaban, iban tres veces por semana o a veces dos, estaba Capusotto y Alberti. Otro día estaba Yayo y otro día estaba Hugo Varela. Veías y tenían tres humores totalmente diferentes y uno igual de genial que el otro, pero en distintas formas. Eso yo lo veía todos los días. Más allá también de mi viejo y de tantos otros que laburaron con él, porque yo llegué a ver a Mario Sánchez, o lo veía a Antonio Gasalla también en el teatro con papá.
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—¿Tu camino va por el humor o te interesa otro tipo de actuación?
—A mí me gusta todo tipo de actuación. Igualmente creo que el humor está en todo. Es imposible hacer teatro o cine sin humor. Para mí es totalmente imposible.
—¿No harías una obra de drama o un clásico?
—He hecho mucho drama también, que al fin y al cabo siempre tiene un poquito de humor, parece, de lo que me gusta decir a mí.
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—¿Te inclinás por un humor más irónico o más fino?
—Sí, sí. Yo tenía un maestro que decía: “El humor está en la vida y en las cosas que hacemos”. En todo vas a encontrar siempre, hasta en la escena más triste, algo de humor. Algo la gente va a encontrar empatía y se va a reír.
El proyecto teatral sobre la vida de su padre
—¿No volviste a trabajar con tu padre?
—No. No volví a trabajar, pero está la idea y ya estoy trabajando un poco en eso. Quiero escribir una obra sobre su vida, con él en el escenario. Es una especie de biodrama, sobre su vida.
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—¿Él haría de sí mismo?
—No, no. Básicamente, yo voy a contar cosas sobre él y después él también las va a contar. Es un poco extraño, no sé si llamarlo biodrama, un tipo de teatro que se hace mucho últimamente. Tengo la idea de hacerlo sobre él, porque tiene una historia de vida y una historia artística muy vasta y muy interesante y emocionante.
—¿Vas a contar también su vida personal o solo la artística?
—¿Sabés que no tanto? Eso es lo que me parece más interesante. Cuando uno habla de Nito Artaza, es una de las primeras cosas que por ahí viene a la cabeza. Y no es de maña, no es que no quiera hablar de eso. Es que realmente, si tengo que agarrar todas las historias que tengo para contar, tengo como para hacer tres obras. Y la verdad que tengo mucho de eso para dejar afuera, todo lo que es su vida personal y amorosa, que además ya se ha hablado por demás. Lo que tengo para contar son cosas de su vida en Bella Vista, Corrientes, de cómo empezó a ser artista, cómo ya era un artista de niño, su relación con su madre, mi relación como hijo. El verlo yo siendo un niño que vivía en la Patagonia, ir a verlo en un teatro lleno y cómo era para mí ver a mi papá haciendo las cosas que hacía arriba de un escenario, que hoy las pienso y eran muy infantiles. Que mi papá se divierta arriba de un escenario, esa mirada es la que tengo ganas de indagar y que la gente conozca. Porque mucha gente relaciona a papá con todo eso, pero tengo ganas de que la gente conozca a otro Nito Artaza, a Eugenio.
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—¿Cuándo te gustaría estrenar ese biodrama?
—Eso, si puedo empezar a... El problema es que mi padre es mi padre, todos lo conocemos, o por lo menos la gente del medio sabe que es medio desbolado. Sentar a mi papá dos segundos para ensayar algo es muy difícil. Temo mucho por mi vínculo padre-hijo... arriesgo mucho. Y no por él, porque él no se va a enojar. Yo me puedo llegar a enojar como hijo: “Papá, dame bola”. Pero sabiendo que va a ser parte del proceso y ahora que ya terminé el corto, esta segunda mitad de año quiero ponerme las pilas para escribirlo. Si llegamos al verano, genial. Si no, no me voy a apurar, tengo claro eso. Si veo que está como para el verano, capaz hacerlo en el verano, si él está en Mar del Plata. Sería para hacer tipo una vez por semana. Y quiero que esté también mi hermano Leandro, que es músico. No es actor, pero también tiene mucho humor. Y que Sabrina vive en Francia. Supongo que cuando venga de visita la sumaremos, haremos una función con ella. Ojalá, sería hermoso, pero ella tiene su vida allá.
—¿Cómo es la experiencia de haber trabajado con tu papá en teatro?
—Creo que es buena. La vez que trabajamos juntos fue en La jaula. Éramos muy diferentes. Era mi primera vez en un teatro muy grande, pero él es más del gag, del teatro de revista, del sketch. No toleraba que pase un segundo sin risa la gente. Y uno que viene del teatro independiente, donde la gente quiere ver una historia, algo que sucede, era como: “Papá, ahora tenemos que decir estos textos para que haya un peso dramático, para que suceda algo”. Y él quería meter chistes en todo.
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—¿Eso generaba discusiones o diferencias?
—Sí, un poco Raúl Lavié también era así. Era maravilloso porque era un gag, tras otro. Pero a veces uno se descolocaba ahí, pero yo también igual tengo un poco de eso. A mí me gusta mucho el humor. Ahí llegábamos a discutir a veces un poquito con papá en ese sentido, o quería que todo sea más rápido.
—Te gustó la experiencia...
—La disfruté muchísimo. Un día, una de las últimas semanas de La Jaula de las Locas, recuerdo haber estado detrás de escena a punto de salir con papá. Salíamos juntos a escena y recuerdo haber hecho el ejercicio de decir: “Guau, estoy acá, en este escenario con mi papá”. Creo que llevábamos algo de doscientas funciones, esa era la función número doscientos. Dije: “Hice doscientas funciones con mi papá. Que pase lo que pase, hice doscientas funciones con mi papá y me lo voy a acordar toda la vida”. Me acuerdo haber hecho ese ejercicio y que todavía lo siga recordando.
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—¿Tu papá sabe de este proyecto sobre su vida? ¿Él te buscó o vos le propusiste?
—Yo le propuse. Igual, ahora que vio el corto y le gustó tanto, y que también vio algunas otras cosas que hice, ahora me está empezando a buscar él a mí y me dice: “Juan, quiero escribir esto, quiero hacer esto, quiero hacer lo otro. ¿Qué te parece? ¿Por qué no me lo hacés?” Es como: “Bueno, pará”. Y no lo voy a apurar. Si veo que está como para el verano, le voy a proponer hacerlo en el verano, si él está en Mar del Plata. Hacerlo una vez por semana. Y quiero que esté también mi hermano Leandro, que es músico, y si Sabrina viene de Francia, hacer una función con ella.
—¿En dónde trabajás como guía de turismo?
—Acá en la ciudad de Buenos Aires. Trabajo de manera particular y también para una empresa. Hago tours privados y también walking tours, esos que al final la gente elige el precio, o también ahora hay unos con un precio fijo. Es lo que me permite persistir con mi carrera actoral, me permite financiar mi vida.
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—¿Sentís que el trabajo de guía tiene algo de actuación?
—Es un trabajo muy performático. Lo hago todo en inglés para gente de otros países. De hecho, el corto está todo en inglés y en francés, solamente hay un poquito de español al final. Hablo francés un poco, mi madre es francesa.
—¿Viviste fuera de Buenos Aires en algún momento?
—Había vivido un tiempo afuera y todavía hay gente que cree que vivo en Barcelona, pero la verdad es que empecé como guía de turismo en España, cuando me fui a vivir allá. Estuve un tiempo ahí y empecé como guía, y volví. En Buenos Aires, también se dio como la forma que tengo de persistir con mi carrera. El actor hoy por hoy, vivir solo de actuar es difícil. Es hermoso ser actor en Buenos Aires, pero hay que tener otros quioscos para mantenerse. Ojalá el día de mañana pueda vivir de la actuación más tranquilo. Pero hoy es muy valioso tener algo que financie todo el resto y no estar detrás de la plata con la actuación. Hoy estoy en ese lugar y me pone muy feliz porque también estoy eligiendo más los proyectos que quiero hacer.
El cortometraje “Buenos Aires Je T’aime”
—¿De qué trata tu nuevo cortometraje?
—Es un corto que escribí, dirigí, actué, financié y produje. Estuve en todos los roles. Hay un equipo enorme detrás, pero es una producción en equipo y un corto que me puse al hombro. Es la primera vez que hago todo eso junto. No creo que vuelva a suceder. (se ríe). O actúo o dirijo, pero las dos cosas al mismo tiempo es difícil poder estar concentrado en todo. Estoy supercontento porque logré realizar el trabajo que quería.
—¿Qué género tiene?
—Es un falso documental, algo así como The Office o Modern Family, que es como si se estuviese grabando una situación de afuera. Es humor lo que escribí, siguiendo la línea familiar. Está un poco relacionado también a mi trabajo normal, lo que me paga las cuentas, que soy guía de turismo.
—¿De dónde surge la historia?
—Es un francés que viene a Buenos Aires de turista después de la final de la Copa del Mundo que le ganamos a los franceses, y el guía pega buena onda con él, le hace un chiste sobre la Copa en medio del tour y le dice que no le va a hacer más chistes, pero finalmente empieza a hacer muchísimos. Eso tan argentino que tenemos, que es tan irritante como seductor. Mientras van recorriendo la ciudad, se ven imágenes hermosas de Buenos Aires. El guía también va dando datos históricos, hablando de lugares como la Torre de los Ingleses, la Embajada de Francia, la casa de los Ortiz Basualdo, el Obelisco. Es un cóctel de humor, argentinidad y mostrar la ciudad de Buenos Aires. El objetivo lo tenía claro, quería hacer eso.
—¿Ya se presentó?
—En la Alianza Francesa hicimos un screening, se mostró el corto como un work in progress, lo que se tiene hecho hasta el momento. Muchos de los festivales de cine internacionales piden que no sea estrenado, entonces no pude hacerlo. Lo que se hizo fue una proyección privada. Hay algunas historias subidas a Instagram para empujarlo con el tema del Mundial, pero el estreno va a ser si queda en algún festival.