En el último año, la vida de Camilota, nombre con el que Camila Deniz se ganó un lugar en el mundo digital, se vio atravesada por situaciones que pusieron a prueba su fortaleza. Convertida en una de las caras más queridas de las redes y ahora nuevamente participante de Cuestión de Peso (El Trece), Camilota compartió con su audiencia cada uno de los golpes y desafíos que le tocó enfrentar: desde el accidente de su hermano Thiago Medina en septiembre, pasando por mudanzas inesperadas, hasta nuevas rutinas en su búsqueda de bienestar. Y cuando parecía que había superado las tormentas más difíciles, un desamor reciente la sorprendió, dejándola llorando hasta la madrugada y abriéndole una vez más el desafío de reconstruirse desde cero.
La escena se vivió en el estudio de Cuestión de Peso, el programa en el que la competidora retomó su compromiso con el bienestar físico y emocional. Mario Massaccesi, conductor del ciclo, notó el ánimo caído de la influencer y no dudó en acercarse para saber qué le pasaba. “Me quedé hasta las tres de la mañana llorando”, confesó ella, visiblemente movilizada. “¿Llorando por qué?”, quiso saber el conductor. Camilota, entre risas tímidas y sinceridad, eligió no dar rodeos: “Cosas de la vida...”. El conductor fue más allá, por lo que la joven contestó sin titubeos: “Amorosas”.
El intercambio, seguido por las cámaras y por sus compañeros de tratamiento, mostró a una Camilota vulnerable pero transparente. “Me dejaron”, confesó, dejando en claro que la herida estaba fresca. El conductor, fiel a su estilo, intentó alivianar el momento apelando al humor. “Te colgaron la galleta”, dijo, mientras Muma, otro participante, acompañaba con un grito de sorpresa. Sergio Verón, parte del equipo médico, y el propio Massaccesi, buscaron detalles: “Escúchame, no me digas que preparaste todo para ver el partido de la Selección y se piantó. Te dejaron con todo listo”.
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La conversación se fue entreverando entre bromas, preguntas y comentarios de sus compañeros. “¿Te comiste toda la comida vos?”, insistió Massaccesi, mientras Verón sumaba: “¿No había picada para ver el partido?”. Camilota, lejos de caer en lugares comunes, contestó: “No, no comí. O sea, comí... un omelette comí con...“. “No comió, lloró”, remató Muma, subrayando el contraste entre el cliché y la realidad de la joven.
Lejos de quedarse en la anécdota, la charla fue virando hacia el costado más cotidiano del desamor en tiempos digitales. “¿Lo bloqueaste?”, preguntó Massaccesi, atento a los códigos de las relaciones actuales. “Sí”, confirmó Camilota, sin vueltas. “O bloqueado”, sugirió Verón, dejando abierta la posibilidad de que la persona en cuestión no fuera necesariamente un varón. “¿Pero por qué aseguramos que es bloqueado? Puede ser bloqueada”, intervino Muma, sumando una cuota de diversidad y actualidad al intercambio. “Si te quiere mandar un mensaje, no puede”, resumió Massaccesi, cerrando el círculo sobre el final de ese vínculo.
El estudio de Cuestión de Peso se transformó en un espacio de contención y desahogo para la joven, que no dudó en abrir su corazón frente a las cámaras y sus compañeros de la competencia. A lo largo de este último año, la influencer aprendió a transitar las pérdidas, los cambios y los desencuentros, convirtiendo la exposición mediática en una herramienta para sanar y conectar con otros que atraviesan procesos similares. Su presencia en el programa y en las redes es testimonio de que la vulnerabilidad no es un obstáculo, sino una forma de resistencia y de autenticidad. Con lágrimas, risas y la decisión de no esconder lo que siente, Camilota sigue apostando a la reconstrucción, mostrando que reinventarse siempre es posible, incluso cuando el dolor golpea sin aviso.
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