Cada familia tiene sus rituales y, para Wanda Nara, el 25 de mayo encontró un nuevo sentido en Rosario, junto a la familia de Mauro Icardi. Desde su separación del futbolista, la conductora convirtió la visita al hogar de Juan Icardi en una tradición que ya suma recuerdos y que, según comparte en sus redes, tiene un sabor particular: el del locro casero, las empanadas y los reencuentros que trascienden cualquier distancia.
El fin de semana patrio comenzó con Wanda compartiendo una postal del Monumento a la Bandera de Rosario, iluminado con los colores celeste y blanco. La imagen fue la primera de una serie que fue relatando el paso a paso de su viaje. Luego, una foto suya dentro del auto, mate en mano, marcó el ritmo relajado de la escapada. Apenas llegó al hotel, mostró algunas de sus pertenencias y anticipó que el día tendría mucho de familia y de recuerdos.
Pero lo que más esperaban sus seguidores estaba aun por venir. Cada año, la postal clave es la del reencuentro entre Juan y sus nietas. Esta vez, la escena se repitió con la calidez de las cosas simples: las niñas posaron junto a su abuelo, sonrisas de por medio, para conmemorar una visita que ya es parte del calendario familiar. Fue el propio Juan quien compartió la foto en sus redes, agradeciendo la visita y dejando en claro que esos momentos son los que más disfruta. Esto ocurrió en el mismo momento en que Mauro Icardi está de viaje por Japón junto a la China Suárez, sin los hijos de la actriz.
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El vínculo entre Wanda y su exsuegro se fue consolidando con el tiempo, y el 25 de mayo se volvió la excusa perfecta para que las hijas de la conductora y Mauro compartan una jornada distinta en Santa Fe. Pero la historia familiar tiene un ingrediente extra: la cocina. Desde hace años, Juan revitaliza su barrio con un emprendimiento que ya es marca registrada en cada fecha patria. Locro y empanadas caseras, elaboradas en grandes ollas y al ritmo de la receta tradicional, se ofrecen a precios económicos, siendo la porción de locro a 12 mil pesos y la docena de empanadas a 18 mil, y reúnen a vecinos y seguidores que valoran el sabor, el trabajo artesanal y el trato directo con quien las prepara.
Días antes del 25, Nara reforzó el lazo familiar y el apoyo al emprendimiento de Juan desde sus propias redes. Compartió el folleto promocional con la frase “El más rico de todos”, sumando visibilidad y multiplicando la difusión en la comunidad. Los comentarios de aliento y las muestras de cariño no tardaron en llegar, reforzando la idea de que, más allá de las distancias y los cambios, hay gestos que mantienen unidas a las familias. El respaldo público de Wanda no solo impulsa el negocio de su exsuegro, sino que también muestra una faceta cercana y cotidiana de la empresaria, lejos de los flashes y las polémicas.
El emprendimiento de Juan, que nació como una forma de sumar ingresos y compartir un poco de la cultura gastronómica local, se transformó en un punto de encuentro para muchas familias del barrio. El precio accesible, la elaboración casera y el entusiasmo con que se lleva adelante cada fecha patria lograron consolidar su lugar en la comunidad, en especial gracias a la difusión de su exnuera.
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El 25 de mayo del año pasado marcó el inicio de este nuevo capítulo en la historia de los Icardi y Nara. Wanda viajó a Santa Fe junto a sus hijas para compartir una jornada especial junto a Juan. Las imágenes de ese día mostraron a las niñas luciendo camisetas con los colores nacionales y ayudando a su abuelo a revolver la gran olla de locro. El anfitrión, emocionado, cantó y agradeció el reencuentro tras un largo periodo de distanciamiento familiar. Fueron momentos de alegría genuina, registrados en fotos y videos que circularon por las redes y que, según los mensajes de los seguidores, devolvieron esperanza y ternura a quienes siguen la vida de la empresaria.
Este año, la postal se repitió, reafirmando la importancia de los rituales familiares, de las comidas compartidas y de los reencuentros en fechas que tienen un significado especial. Para Wanda, el locro de Juan Icardi y las tardes en Rosario se convirtieron en una nueva tradición, una manera de mantener vivas las raíces y de transmitir a sus hijas el valor de los gestos simples. Así, entre mates, fotos y porciones de locro, la familia encontró una forma de celebrar el 25 de mayo, lejos de los grandes eventos pero cerca de lo que realmente importa.