Luis Alberto Spinetta dejó una huella imborrable en la música argentina y, a más de una década de su muerte ocurrida en febrero de 2012, su legado sigue vivo a través de sus canciones y del testimonio de sus hijos. La más joven, Vera Spinetta, volvió a poner en palabras el costado más íntimo y personal de la relación con su padre, esta vez en su paso por Todo pasa (Urbana Play). La actriz y cantante no solo evocó la obra musical del Flaco, sino que se animó a revelar cómo se sentía realmente cuando él le dedicó una canción que lleva su nombre.
“Él me hizo un tema que se llama ‘Vera’, que es muy hermoso y como yo de chiquita era muy fanática de la música clásica y bailaba eso”, comenzó explicando Vera en medio del programa. “Él hizo todo un arreglo de cuerdas y todo, y me muestra el tema y yo le digo: ‘Uy me parece muy cursi’, porque además decía mi nombre, ¿entendés?“, continuó.
“Decía: ‘Vera, toda la luz que hay en tu alma...’. Y yo: uy, Dios. Este chabón está en una conmigo, mal”, contó la artista, entre risas y con total honestidad, sobre el impacto que tuvo en ella escuchar su nombre en una canción en plena infancia.
El conductor Matías Martin le preguntó qué edad tenía cuando escuchó esa balada dedicada especialmente a ella. “No sé, tenía nueve. Obvio que a los 11 años ya capté a mi viejo y fue para siempre fue un amor total. Para mí es el número uno”, admitió, reconociendo que el tiempo y la madurez le permitieron conectar de otra manera con el universo artístico y personal de Luis Alberto.
No es la primera vez que un hijo del Flaco decide compartir su mirada y desmitificar la figura de uno de los artistas más grandes del país. En febrero pasado, Dante Spinetta también se sentó frente a un micrófono, Y en esa oportunidad, en presencia de Andy Kusnetzoff en Perros de la Calle (Urbana Play), habló sin rodeos sobre la vida cotidiana junto a su padre. Lejos de los brillos y el glamour que muchos imaginan, Dante fue claro sobre aquellos días: “No, ni en pedo. Ojalá... Ojalá. Creo que era lo que se merecía (de tener más dinero), pero no, eran momentos muy difíciles”, relató al recordar su infancia y la inestabilidad económica que atravesó la familia.
La charla fue aún más cruda cuando Andy le preguntó si los cambios de colegio se debían a cuestiones de dinero. Dante respondió contundente: “Exactamente. Y nos mudamos... No había plata. Entonces, de golpe, un año había plata e iba a un privado y después no había, entonces iba a uno del estado y nos mudábamos de barrio”. Kusnetzoff, sorprendido, le señaló que desde afuera parecía que Luis Alberto Spinetta, por su éxito artístico, debía gozar de una situación económica cómoda. Dante aclaró: “Artísticamente era Spinetta, ya, pero había años que no...”. Y sumó: “Lo más loco era que nunca paraba de laburar. No era que era un colgado, ¿entendés? Que no, hago música y no. No dejaba de tocar, pero no había guita, no alcanzaba”.
La memoria de Luis Alberto Spinetta se renueva en cada anécdota y en cada confesión de sus hijos, que no dudan en mostrar lo que hay detrás del mito: la cotidianeidad, las inseguridades, las risas, los problemas y los pequeños grandes gestos familiares. A través de sus palabras, el Flaco sigue iluminando el presente de la música argentina y de quienes crecieron a su lado, humanizando —sin perder la magia— la figura de uno de los íconos más queridos de la cultura nacional.