El mundo del espectáculo internacional atraviesa un momento de profunda conmoción por la aparición de denuncias de abuso sexual y agresiones físicas contra Julio Iglesias. Lejos de quedar circunscripta a la industria global, la ola de testimonios también tocó fuerte en la Argentina, donde varias figuras eligieron contar sus propias vivencias ante los micrófonos. Entre ellas, Verónica Albanese sorprendió al relatar su experiencia con el artista español, en plena emisión de RPM (AM 990), el ciclo que conduce Rolando Graña.
La conversación se dio en un clima de reflexión y sinceridad, en el que Albanese no dudó en señalar la dificultad para denunciar situaciones de abuso cuando involucran a celebridades internacionales. “No te quieren escuchar, no te la creen y no reciben esa denuncia porque es una persona como Julio Iglesias”, planteó la periodista y conductora, abriendo la puerta a un episodio que marcó su carrera y su memoria.
A pedido de Graña, Verónica recordó los detalles de aquel viaje a Miami, ocurrido hace 30 años atrás, cuando fue enviada por un canal de televisión y una radio para entrevistar a Iglesias. “La compañía discográfica te pagaba todo: el hotel, el vuelo... Llegabas allá, el set donde estaba Julio sentado era todo como un set televisivo y él sentado en una silla, solo una. Y entonces, vos hacías la fila”, describió. El conductor, sorprendido por el cuadro, acotó: “No había otra silla... Ahí ya decís: Che, qué raro”. Ella confirmó: “Una sola silla, y vos hacías la fila”.
La situación que relató Albanese dejó en claro el clima de impunidad y naturalización de los años noventa. “Y los de la compañía discográfica dicen: ‘Bueno, escuchá, vos te tenés que sentar en la falda de Julio. Él va a jugar con tu braga, con la tirita de la bombacha, y ahí le hacés la nota’. Así que bueno, empezás a decir: ‘No, pará, ¿cómo?’”, compartió, visiblemente incómoda al recordar el episodio. Graña, buscando entender la dinámica, preguntó si todo esto era televisivo. “No. Era una nota que se filmaba...”, respondió Verónica.
Otro de los integrantes del panel, acotó: “¿Y se iba a filmar así?”. “Sí, de hecho, Rolo buscó y encontró imágenes. Era una época en la que valía todo. No sé si fue en ese momento, pero que en una entrevista que la sienta encima suena”, relató Albanese, aludiendo a imágenes de archivo que confirman la práctica.
La periodista admitió que, finalmente, volvió sin la nota. “Pero era todo un tema porque me pagaron el vuelo, el hotel, y yo volvía sin hacerla. Pero en ese momento era natural, como medio naturalizado. Porque te decían: ‘No, bueno, vos entras, te sentás en la falda. ¿Pero cómo que te sentás? Sí, a Julio le gusta así. Bueno, dale, sentáte a Julio’”, relató, describiendo la presión y la falta de opciones con la que se enfrentó.
El relato de Albanese visibilizó no solo la incomodidad personal, sino también el contexto de época en el que estas situaciones eran aceptadas, e incluso justificadas. “Y las que se sentaron, agarraba la tirita y jugaba, una toda incómoda, toda nerviosa, pero había que hacerlo”, sintetizó, dejando en evidencia la soledad y la impotencia que sentían las mujeres frente a figuras intocables de la música y el espectáculo.
Mientras la industria del espectáculo global sigue sacudida por nuevas acusaciones, el caso de Julio y los relatos de figuras como Albanese muestran que el camino hacia un ambiente más seguro y respetuoso aún está en construcción. Escuchar, creer y acompañar a quienes cuentan sus vivencias es el primer paso para que, finalmente, las mujeres no tengan que elegir entre su dignidad y su trabajo.