Surinam, el país más pequeño de Sudamérica, fue declarado libre de malaria, un avance que Bill Gates destacó como el primero de la región amazónica en eliminar por completo esta enfermedad transmitida por mosquitos.
De acuerdo con Gates, la erradicación se apoyó en una combinación de prevención, detección temprana y tratamiento rápido, con despliegue de personal de salud incluso en las zonas más remotas del país.
Cómo se logró este hito, según Gates
Según Gates, Surinam se enfocó en la prevención mediante fumigación en interiores y el uso de mosquiteros tratados con insecticida.
A eso sumó la detección temprana con tests rápidos y el tratamiento veloz a través de trabajadores comunitarios de salud, que fueron enviados también a las áreas más alejadas.
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En su descripción, el objetivo fue cortar la transmisión con medidas simultáneas: reducir la exposición a las picaduras, identificar casos con rapidez y tratar de inmediato para evitar nuevos contagios.
Gates: años de trabajo con foco en la malaria
Gates ya había escrito antes sobre esta enfermedad. En 2025, publicó en su blog:
“Paso mucho tiempo pensando y preocupándome por la malaria. Después de todo, es uno de los grandes focos de mi trabajo en la Fundación Gates. Pero, para la mayoría de los estadounidenses, la enfermedad es una preocupación distante: algo que ocurre ‘allá’, no aquí”.
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En ese mismo texto, recordó que en Estados Unidos la malaria “era especialmente frecuente en el Sur, desde las Carolinas y el delta del Mississippi hasta Florida y a lo largo de la costa del Golfo”, y que cada verano muchas personas se preparaban para el inicio de la “temporada de fiebre”.
También repasó cómo, antes de la medicina moderna y sin una comprensión clara de la transmisión, se apeló a remedios caseros.
En su repaso histórico, Gates dividió la respuesta en dos frentes: el control del mosquito y el abordaje sobre las personas infectadas.
En el “frente del mosquito”, describió una campaña que impulsó la mayor operación de insecticidas en la historia de Estados Unidos y que buscó destruir criaderos.
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Según su relato, equipos de fumigadores recorrieron casas puerta a puerta con tanques de DDT en la espalda, y en algunas zonas se utilizaron aviones para esparcir insecticida sobre condados enteros.
En paralelo, cuadrillas de construcción drenaron zanjas a mano o con topadoras y, en Florida, se llegó a usar dinamita para abrir canales de drenaje desde áreas pantanosas con alta presencia de mosquitos.
En el “frente humano”, explicó que la quinina y luego la cloroquina —a la que definió como su sucesora sintética— se distribuyeron ampliamente, en especial en áreas rurales con altos niveles de infección.
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Según escribió, esos medicamentos eliminaban el parásito de la sangre, lo que reducía la posibilidad de que una picadura derivara en más transmisión.
Además, equipos móviles viajaron de pueblo en pueblo para testear y tratar comunidades completas.
Herramientas actuales, según Gates: redes, fumigación y vacunas
Para Gates, el desafío actual “es mucho mayor”, pero también lo es el conjunto de herramientas disponibles para combatir la malaria.
En su texto, contrastó el uso histórico de DDT —que señaló como prohibido en la actualidad— con las medidas modernas de prevención basadas en mosquiteros tratados con insecticida “más seguros” y técnicas de fumigación intradomiciliaria que utilizan dosis más pequeñas de químicos más específicos.
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Además, mencionó los cebos de azúcar, que atraen a los mosquitos para que ingieran una dosis letal de insecticida, y afirmó que la tecnología de “impulso genético” podría bloquear el parásito dentro del mosquito, de modo que, incluso si ocurre la picadura, no se produzca la infección.
En el plano del tratamiento, escribió que la cloroquina fue reemplazada por terapias combinadas basadas en artemisinina (ACT), que describió como más eficaces y menos propensas a la resistencia.
Citó nuevos fármacos como la tafenoquina, orientados a eliminar cepas recurrentes, y la quimioprevención estacional para proteger a niños durante los meses de mayor transmisión.
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Por último, sostuvo que ya se aprobó la primera vacuna contra la malaria y que hay más en camino. Su conclusión fue que la eliminación “nunca es fácil”, pero que, a diferencia de hace un siglo, ya no es un misterio: “El mundo sabe cómo detener esta enfermedad. Ya lo hicimos antes”.
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