La televisión ha muerto, ¡viva la televisión!

El epitafio estaba escrito: con la llegada de internet, la televisión estaba condenada a la extinción. Sin embargo, pasó lo contrario: tanto la cantidad y variedad de oferta en contenidos de ficción audiovisual, como la innovación en formatos y géneros, han crecido de manera notable en la era digital. Por Eugenia Mitchelstein y Pablo J. Boczkowski
El suscriptor promedio de Netflix tarda entre cuatro y seis días en terminar cada temporada nueva de las series más populares (IStock)

El aumento del consumo de ficción audiovisual en plataformas digitales ha sido extraordinario. Durante 2017, los suscriptores de Netflix miraron más de 140 millones de horas de programación por día. No solo vieron mucho contenido, sino que muchos lo hicieron de manera casi compulsiva. El suscriptor promedio tarda entre cuatro y seis días en terminar cada temporada nueva de las series más populares, según el género. Los programas de terror, suspenso y ciencia ficción son los que más rápido se consumen: capturan a los espectadores un promedio de dos horas y media por día.

La calidad y creatividad también han aumentado respecto a qué historias se cuentan, cómo se cuentan y quiénes las protagonizan. Desde una serie que mantiene en vilo a la audiencia durante dos temporadas a través de la historia de un único atraco a un banco –la española La Casa de Papel–, hasta la creación de plataformas independientes en las que comunidades de gente de color y LGBTQ de Estados Unidos cuentan sus historias, como Open TV, el territorio de la ficción televisiva registra altos niveles de innovación.

¿Por qué hemos pasado de las predicciones lúgubres a este presente auspicioso? ¿Y qué desafíos implica esto para el futuro? Para responder a estas preguntas hablamos en forma exclusiva para Infobae con Amanda Lotz y Aymar Jean Christian, investigadores y autores de libros de reciente publicación acerca de la televisión en la era digital.

Amanda Lotz (Foto: Rob Gingerich-Jones)

Para Lotz, profesora en la Universidad de Michigan, la industria del cable tuvo un rol clave en la transformación de la ficción televisiva durante los últimos veinte años en los Estados Unidos. "Debido a que el cable usa un modelo comercial diferente, que recibe ingresos de suscriptores y de publicidad, pudo encontrar valor en la creación de series de televisión distintivas en lugar de solo aquellas diseñadas para atraer a la mayoría de la gente".

El rol del cable se expandió con el surgimiento de la web y luego de plataformas como YouTube. "Excluidas de la producción y la distribución durante décadas, las mujeres y las personas de color se volcaron a Internet agresivamente en la década de 1990 para contar de sus historias y probar el valor de las mismas. Esto se aceleró con la llegada de streaming y YouTube a mediados de la [primera] década de 2000", reflexiona Christian, profesor de Universidad de Northwestern en EE.UU. Y agrega: "La producción y distribución independiente permite a las personas históricamente marginadas demostrar sus habilidades para contar una historia, atraer a la audiencia y brindar valor a las marcas como patrocinadores".

A la combinación de cable, web, servicios de streaming como Netflix y plataformas de video online como YouTube, se ha agregado en la década actual la relevancia cada vez mayor de las redes sociales. Según Christian, las mismas "son fundamentales para la distribución de contenido en línea porque amplifican la comunicación oral. Como se están realizando muchos shows en los Estados Unidos y en todo el mundo, las redes son cada vez más imprescindibles para que los programas de TV encuentren sus audiencias".

Lotz acuerda con que los cambios en la industria "como el desvanecimiento de la grilla de programación en tanto organizador principal de los shows de televisión" aumentan la importancia de las redes sociales. "A medida que los servicios distribuidos por Internet ponen a disposición bibliotecas de shows" estas plataformas facilitan que "personas con intereses similares compartan y debatan sus programas favoritos".

Cada red social tiene efectos distintos. "Facebook incrementa directamente la audiencia de los episodios, Twitter aumenta el conocimiento a través de la conversación e Instagram ofrece oportunidades para la creación de marcas", explica Christian.

¿Cómo será el futuro de la ficción televisada? Para los especialistas, depende de qué pase con la regulación de las telecomunicaciones, el nivel de competencia, y la evolución de la globalización.

Aymar Jean Christian (Foto: Kyle Cassidy)

Para Lotz, "la eliminación de las provisiones de neutralidad en la red en los Estados Unidos tendrá implicaciones significativas para reducir las opciones disponibles y aumentar los costos para los portales. La fusión de AOL / Time Warner puede ser el comienzo de una nueva ronda de consolidación vertical que cambie sustancialmente el campo competitivo… Los detalles de estas dinámicas varían de manera considerable de un país a otro".

Esto último es clave para Christian: "Con las noticias de la creación en Rusia de su propia red, el aumento del poder del gobierno en China y la tendencia general hacia el nacionalismo, todavía no podemos imaginar cómo sería Internet con unas fronteras regionales o nacionales más fuertes".

¿Qué consejos tienen estos especialistas para los creadores de contenido en este momento de renacimiento de la ficción en televisión?

"Deben continuar superando los límites y desafiando todo el andamiaje de la industria existente que condujo a un entorno narrativo tan reducido", sostiene Lotz. Y agrega que "es probable que haya menos éxitos masivos y, por lo tanto, menos productos que generen los ingresos extraordinarios que eran típicos en el pasado. Toda la estructura de la industria comercial deberá ajustarse. He escuchado que esto se describe como una transición de un negocio de 'jonrones' a uno de 'singles y dobles', para aquellos que están familiarizados con el béisbol", dice la investigadora, comparando una jugada súper exitosa, en que el bateador logra dar toda la vuelta a las cuatro bases, con aquellas en las que llega solo a primera o segunda base.

Esta transición a un negocio con mayor diversidad tanto en las voces y los temas representados como en las estrategias comerciales correspondientes, origina la recomendación de Christian "a los creadores y artistas". "Produzcan historias reales y específicas [porque eso] siempre les servirá… Sin la diversidad y la autenticidad cultivadas desde los márgenes de la industria, las compañías de medios continuarán persiguiendo las [corrientes] culturales relevantes a nivel nacional y global" en lugar de estar a la vanguardia" de las mismas.

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