
María Eugenia Montenegro no pudo defenderse del hombre que la apuñalo 17 veces en su cuello hasta asesinarla en la madrugada del viernes 12 de agosto pasado. La mujer de 22 años, y madre de dos hijos chicos, fue atacada en su casa de General Madariaga. Las circunstancias que rodean el femicidio son un enigma absoluto para los investigadores. El caso tiene ribetes curiosos: un intento de suicidio, una autoincriminación, mensajes borrados y una misteriosa reunión entre el ex de la víctima y su actual novio en el lugar y en el momento en que se produjo el femicidio.
Los dos únicos detenidos son, justamente, esos dos hombres. El primero en ser apresado fue Damián Vega de 31 años, con quien la víctima salía actualmente, y el otro es Javier Montenegro, de 33, todavía cónyuge de la mujer en los papeles, aunque separados. Los investigadores no tienen dudas: el asesino fue uno de ellos o, quizás, los dos.
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El final de la vida de María Eugenia comenzó jueves 11 de agosto pasado. Ese día la mujer llamó a su ex y lo invitó a su casa esa misma noche. Hasta el día de hoy, no está claro el motivo de esa invitación, pero el hombre aceptó. Ambos estaban separados de hecho hacía ya varios meses, aunque mantenían una relación aceptable por los hijos de 5 y 2 años que tienen en común. Además, vivían, literalmente, uno enfrente del otro. María Eugenia compartía terreno con su madre y su hermana. Ellas dos vivían adelante y “Euge” en una casa pequeña en el fondo.
Cuando ya eran casi las 23 de aquel jueves, Montenegro llegó a la casa de su ex como habían acordado. Pero a los pocos minutos apareció un invitado, quizás, inesperado: Vega, el actual novio de María Eugenia. Tampoco está claro si la mujer le avisó o si el hombre fue por motus propio. Lo cierto es que los tres estuvieron juntos, en el interior de la propiedad, durante varias horas. Se cree que, como mínimo, hasta las 3.
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“Se escuchaba que charlaban adentro, pero en ningún momento oímos ningún tipo de ruido fuera de lo normal. Incluso, habían puesto música, que estaba bastante fuerte. En un momento, los dos hombres salen y María Eugenia se asoma y les dice que no se peleen y que vuelvan a entrar. Fue lo último que supimos de ella”, declaró la hermana, que observó esto desde su casa en la parte delantera del terreno.

A la mañana siguiente, ya del viernes 12 de agosto, comenzaron a sucederse una serie de hechos extraños.
El ex de María Eugenia tocó el timbre de la casa de adelante del terreno. Lo entendió la hermana. “Hola. Vengo a buscar a Euge”, dijo. La joven se mostró extrañada. “Pero si estuvo con vos hasta la madrugada”, le respondió. “Si, pero yo me fui y ahora no me contesta”, insistió. Ante esta situación, ambos fueron a la casa del fondo. Tocaron la puerta, pero nadie respondió. ¿Dónde estaba María Eugenia?
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Tanto la hermana como la mamá le escribieron al novio actua para saber si estaba con él. La respuesta de Vega fue positiva, pero, al mismo tiempo, desconcertante. “Sí, está conmigo, pero no va a volver a su casa. Dice que se queda acá”, dijo. Nadie entendía nada. Durante todo el viernes se comunicaron con el hombre que decía una y otra que vez que Euge estaba bien, con él, y que no volvería a su casa. Nunca dijo en qué lugar estaban.
Le preguntaron a Montenegro, que se mostraba preocupado y consternado por la situación, qué había pasado la noche anterior. El hombre solo atinaba a decir que habían compartido un rato, pero que antes de las 2 se había ido y los había dejado solos.
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La familia decidió no hacer la denuncia y trataron, durante todo el sábado y buena parte del domingo, de contactarse con María Eugenia a través de Vega, porque ella no tenía su celular, ya que se había roto días atrás. Fue en vano. “Le pedíamos hablar con ella, pero nos decía que se había ido a comprar. Le preguntábamos dónde estaban, pero no nos quería decir. Hasta que el domingo a la noche le dejamos un mensaje diciéndole que íbamos a hacer la denuncia a la comisaría”, explicó la hermana de la víctima.
Cerca de las 23 de aquel domingo, la madre y la hermana de María Eugenia, acompañadas de Montenegro, se presentaron en la comisaría. Los hicieron esperar un buen rato. Durante esa espera, sonó el teléfono de la seccional. Un vecino de la zona avisaba que un hombre había intentado suicidarse clavándose un cuchillo cinco veces en su cuello. Un oficial repitió en voz alta el nombre del afectado: Damián Vega. Quién había intentado quitarse la vida era el novio de María Eugenia, que supuestamente estaba con él.
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Las sirenas de dos móviles policiales se encendieron y acudieron a una casa de la calle Brasil al 600, también en Madariaga. Cuando llegaron se encontraron solo con Vega, herido en su cuello. Estaba solo. No había ningún rastro de María Eugenia. Vega fue sedado e internado en el hospital local. Rápidamente, los médicos determinaron que se trataban de heridas superficiales y que su vida no corría peligro.

Por lo tanto, la urgencia cambió de foco y los policías decidieron entrar en la casa de la María Eugenia. Tres agentes de la DDI revisaron la pequeña construcción. No notaron desorden ni vieron nada extraño a simple vista. Antes de irse, uno de los policías decidió tirarse al piso y ver qué había debajo del somier. Estaba a punto de encontrarse con el horror.
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Justo debajo de la cama, prolijamente acomodado, estaba el cuerpo de María Eugenia. Cuando corrieron el acolchado que cubría el colchón, se encontraron con enormes manchas de sangre. La autopsia que se le realizó al cuerpo determinó que la víctima había recibido 17 puñaladas en el cuello. La habían atacado con una saña particular.
Vega, que se recuperaba en el hospital, quedó detenido esa misma noche acusado del femicidio de su novia María Eugenia Montenegro. Al día siguiente, ya lunes de la semana pasada, el fiscal Juan Pablo Calderón, subrogante en la causa, le tomó indagatoria. Tal como contó Infobae, el hombre reconoció ser adicto a la cocaína y señaló a Javier Montenegro como el autor del crimen.
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Pero por esos días, la causa quedó en manos del fiscal natural del expediente, Walter Mercuri, que decidió profundizar la investigación porque había varias cosas que no cerraban. Una era la más relevante: La autopsia determinó que la muerte se produjo en la madrugada en que tanto el novio como el ex habían estado con la víctima en su casa.
El martes Montenegro fue citado a declarar. Ingresó a la audiencia sumamente nervioso y temblando. Casi no podía hablar. Cuando comenzó el relato y detalló la reunión que habían tenido los tres aquella madrugada confesó que Vega había asesinado a María Eugenia delante de él. Insólitamente, se ubicó en la escena del crimen. Se autoincriminó. Inmediatamente, el fiscal Mercuri, detuvo la testimonial y le comunicó que, a partir de ese momento, estaba imputado en el expediente y que debía designar un abogado defensor.
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“Nos encontramos, básicamente, con que la noche del crimen está la víctima con dos hombres en su casa. La mujer es asesinada brutalmente. Los hombres se acusan entre sí. El gran enigma a resolver es que pasó esa noche”, dice un investigador.
Las pericias determinaron que un solo hombre no pudo haber cometido el crimen y esconder el cadáver. Es que en la casa no había manchas de sangre en ningún otro lado que no sea el colchón. Por lo tanto, mientras una persona alzaba el cuerpo, sin apoyarlo en ningún lado, la otra levantaba el somier para luego acomodar a la víctima y ocultarla.
Las preguntas que aparecen en la cabeza de los investigadores surgen solas: si el asesino fue Vega y mintió diciendo que la víctima estaba con él cuando ya estaba muerta, ¿entonces por qué el ex no dijo nada del crimen? Por el contrario, si Montenegro la mató, ¿por qué el novio lo encubrió mintiendo y diciendo que María Eugenia estaba con él para luego intentar suicidarse?
La justicia intentó secuestrar los teléfonos de ambos, pero Vega lo destruyó antes de que lleguen los policías luego del intento de suicidio. El de Montenegro sí fue encontrado, pero estaba reseteado de fábrica. Todos los mensajes habían sido borrados.
Mientras tanto, los dos están detenidos. En las próximas horas tendrán la posibilidad de ampliar sus respectivas indagatorias. Lo que digan puede ser fundamental para ayudar a armar el rompecabezas del femicidio de María Eugenia Montenegro que, por ahora, es un misterio sin resolver.
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