La víctima estuvo a dos metros del lugar donde se encontraban sus pertenencias robadas junto a la policía, pero no pudo recuperarlas
La víctima estuvo a dos metros del lugar donde se encontraban sus pertenencias robadas junto a la policía, pero no pudo recuperarlas

Un hombre de 34 años denunció un violento robo a mano armada en el que le sustrajeron un celular iPhone y una computadora Mac el pasado viernes en el barrio porteño de Parque Patricios. El servicio de rastreo de su teléfono con la aplicación "Find my iPhone" le permitió detectar en qué lugar se encontraban sus pertenencias, y por un momento pensó que lograría recuperarlas. La Policía de la Ciudad lo acompañó al punto que marcaba la aplicación: la villa Zabaleta en Barracas, uno de los asentamientos más grandes de la Capital Federal.

El hombre estuvo a dos metros del objetivo, acompañado por efectivos de la Comisaría 28 de la Policía de la Ciudad y con un puesto de Gendarmería observando la escena, pero no logró recuperar su teléfono. El motivo, según su propio relato, parece llamativo.

Ese día, cerca de las 11 de la mañana, Sebastián Bof salió de su trabajo y se dirigió a su auto en Avenida Colonia y pasaje Mutualismo, en la zona del Distrito Tecnológico. Llevaba consigo una mochila con la computadora portátil y el celular, dos elementos imprescindibles para sus labores cotidianas.

Según relató la víctima a Infobae, antes de subir a su vehículo, frenó a su lado un Volkswagen Gol color negro. De él bajaron dos jóvenes "de entre 22 y 27 años", ambos armados. Uno le puso un arma en la cabeza al joven, otro le apuntó al pecho. No se resistió. Entregó la mochila y los ladrones huyeron.

La víctima volvió entonces a su oficina y llamó a la policía y dio los detalles del vehículo de los delincuentes para que intentaran detenerlo, incluida la patente. Mientras tanto, intentó utilizar el servicio de rastreo de su celular.

Minutos después, se dirigió a la comisaría 28 para hacer la denuncia. En cuestión de minutos pudo saber que su teléfono estaba en la villa Zabaleta, detrás de la cancha del club Huracán y a 10 cuadras de su trabajo.

La villa Zabaleta, uno de los asentamientos más grandes y peligrosos de la Capital Federal. Allí estaba el celular de la víctima, pero no pudo recuperarlo
La villa Zabaleta, uno de los asentamientos más grandes y peligrosos de la Capital Federal. Allí estaba el celular de la víctima, pero no pudo recuperarlo

Un operativo frustrado

Personal de la comisaría dispuso entonces un patrullero para dirigirse al lugar. Cargaron las armas, se pusieron chalecos antibalas y salieron. En el asiento de atrás viajaba Bof, que decidió llevar la puerta abierta del móvil policial para apaciguar el calor en el vehículo.

Al llegar a la Zabaleta, Sebastián identificó rápidamente el Volkswagen Gol. Estaba en la puerta de una casilla, justo delante de un puesto de Gendarmería con ocho efectivos custodiando la zona. El rastreador del iPhone seguía marcando el mismo punto: el teléfono y la computadora robadas estarían en el interior del auto negro, justo a dos metros del patrullero. Solo podían estar en el baúl del coche, sospechó la víctima, porque en los asientos no se veía la mochila. Sacaron fotos que sirvieron para acompañar la denuncia.

La Policía se comunicó con la Fiscalía N° 58, con la intención de proceder al recupero de los elementos robados. De acuerdo al testimonio de Bof, "había intenciones". Del otro lado del teléfono, una voz les da la negativa: "Retírense, están alterando la paz en la villa", asegura Bof que oyó.

"El policía le explicaba que yo estaba ahí y que la geolocalizacion marcaba que mis cosas estaban en el auto, pero el fiscal obligó a los policías a abandonar el lugar. Volvemos a la comisaría, les muestro que el celular cambia de posición en el mapa y vuelve al mismo lugar que antes. Los policías, queriendo ayudar, llaman al comisario, el comisario llama a alguien y pide una autorización, se la dan, por lo que volvemos nuevamente a la villa", relató Sebastián.

A esa altura el joven, alertado de la posibilidad de un tiroteo, daba por hecho que iban a arrestar a los acusados, que él iba a recuperar lo robado.

Ya en el lugar, la víctima verifica a través de su teléfono que las cosas seguían ahí. "En un momento, se asoma un nene de unos 10 años de la villa, saca una foto con un celular y se va corriendo por los pasillos. 'Es el vigía', me dicen. Fue a avisarle a gente de adentro".

El auto Volkswagen Gol pertenecía a M. G., uno de los dos jóvenes que cometieron el robo a punta de pistola, y sumaba unos 36 mil pesos de multas
El auto Volkswagen Gol pertenecía a M. G., uno de los dos jóvenes que cometieron el robo a punta de pistola, y sumaba unos 36 mil pesos de multas

De acuerdo al relato de Bof, minutos después salió una mujer adulta de una de las casas diciendo que ese era el auto de su sobrina, cuando se sospechaba que pertenecía a M. G., uno de los dos jóvenes que cometieron el robo a punta de pistola, y que sumaba unos $36 mil de multas.

"Trataron de negociar con la señora para que me traiga mis cosas y todo quedaba en buenos términos, nadie entraba a la villa y todo iría bien. Pero la mujer desaparece 15 minutos y vuelve diciendo que no encontraba a su sobrina y que nadie le daba bola. Aparecieron cuatro gendarmes, les contamos lo que pasó y se sorprendieron, como si fuera una novedad", cuenta la víctima.

La policía entonces volvió a llamar a la Fiscalía Nº 58 para incautar el auto, pero nuevamente el funcionario judicial les ordenó que se retiraran y dejaran el auto sin tocar, a la vez que pidió que se le volviera a tomar declaración al denunciante. "Todas mis cosas ahí y nadie hizo nada. El pibe que me robó está libre y puede matar", se quejó Bof. Y agregó: "Pasó el susto pero no la bronca. Estamos indignados". El celular ya no da señales de su ubicación.

El Distrito Tecnológico de Parque Patricios, creado por el Gobierno porteño en 2008 para albergar empresas de tecnologías de la información y comunicación, está delimitado por las avenidas Sáenz, Boedo, Chiclana, Sánchez de Loria y Brasil, las calles Alberti y Manuel García y la Avenida Amancio Alcorta, en ambas aceras.

En el último tiempo le dio un impulso mayúsculo a la zona en lo que respecta al crecimiento edilicio y la urbanización: se instalaron allí decenas de empresas relacionadas a la informática y los dispositivos electrónicos de última generación. Pero, según Bof, ese crecimiento no fue acompañado por medidas de seguridad.

"Toda la gente que trabaja en la zona está cargada de última tecnología. Es Disney para la gente que roba", concluyó.