Su risa se apagó para siempre el 31 de mayo de 2008. Nelly Láinez tenía 88 años de edad y había pasado más de siete décadas actuando cuando murió. Pero llevaba tiempo alejada de las cámaras. De hecho, la última vez que se la había visto públicamente, había sido en 2001, cuando le hicieron una entrevista. En ese momento había sido ingresada a un asilo de ancianos luego de haber tenido que someterse a una intervención quirúrgica en la cadera. Y se la notaba triste y desolada.
Había nacido como Nélida Rotstein el 11 de enero de 1920, en el barrio de Congreso, en Buenos Aires. Su padre, Jacobo, era un inmigrante judío de origen polaco que tras haber enviudado en los Estados Unidos, había decidido instalarse en la Argentina con sus dos hijos mayores. Y aquí se casó en segundas nupcias con Raquel, una profesora de piano con una salud muy delicada, con quien trajo al mundo a su tercera hija. Era una familia de clase media que no pasaba necesidades. Hasta que un mal paso los llevó a la bancarrota y todo cambió.
Aunque ayudaba en la mercería con la que se financiaba el hogar, en su infancia Nelly tuvo la posibilidad de tomar clases de música, declamación y zapateo americano. También inventaba personajes con los que entretenía a los suyos en sus ratos libres. Y todo era un juego para ella. Pero, después de que su padre le saliera de garante a un pariente y terminaran teniendo que vender hasta el piano de su madre, se vio obligada a buscar alguna manera de ayudar económicamente en su casa. Y así fue como, con apenas 12 años de edad, debutó en la radio.
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Talento no le faltaba. Y carácter tampoco. Así que en la primera prueba la rechazaron por prepotente. Pero, gracias a una recomendación gestionada por su madre, consiguió un pequeño papel en el radioteatro Ronda Policial junto a Guido Gorgatti, que con el tiempo se convirtió en uno de sus principales compañeros de dupla. Luego trabajó con Olga Casares Pearson y Ángel Walk. Y fue dirigida por Armando Discépolo en un programa de Narciso Ibáñez Menta. Desde entonces, no paró. Participó de El otro por radio el Mundo. Y se destacó como consultora sentimental radiofónica en Amalia Paz, consejera del hogar y del corazón y en Monsieur Canesú, junto a su amigo Fidel Pintos, entre muchos otros trabajos. Además, reemplazó temporariamente a Eva Duarte en Radio Rivadavia, emisora en la que también hizo Casino de la alegría, con Alberto Olmedo y Héctor Rivera.
Llegó a la televisión de la mano de El consultorio de Berta, que había tenido tanto éxito en Radio El Mundo que se replicó en la pantalla chica. Por su papel en este programa fue nominada a los premios Martín Fierro como Mejor Actriz Cómica en 1959. Perdió. Pero su carrera continuó con ciclos como Operación Ja Ja, Polémica en el bar, y Los Manfredi, entre tantos otros. Y, finalmente, se alzó con tres estatuillas: en 1974 por su labor en La Tuerca y, en 1992 y 1994, por su trabajo El palacio de la risa. Además, fue galardonada con un Pablo Podestá a la Trayectoria en 1996.
El cine tampoco se privó de su presencia. Su primera aparición fue en 1949, con un pequeño papel en Fascinación, película de Carlos Schlieper, que protagonizaban Homero Cárpena y Susana Campos. Y, junto a Los Cinco Grandes del Buen Humor, a quienes se sumó durante catorce años convocada por Zelmar Gueñol, trabajó en varias películas como Cinco grandes y una chica y Cinco locos en la pista.
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Su estilo tan particular hizo que los directores terminaran encasillándola en un rol. Y, quizá, se perdieran de aprovechar sus muchas otras facetas. Sin embargo, a Nelly le gustaba trabajar. Filmó con celebridades como Luis Sandrini, Juan Carlos Altavista, Hugo y Gerardo Sofovich y Jorge Porcel. Algunos de los títulos que la incluyeron fueron Cuidado con las mujeres, La mejor del colegio, Canuto Cañete y los 40 ladrones, Especialista en señoras, Pocholo, Pichuca y yo, La vida color de rosa, Suegra último modelo, Gran valor, Los piolas no se casan, Amor a primera vista, La mujer desnuda, Cuando los hombres hablan de mujeres, Villa Cariño está que arde, El bulín y Los vampiros los prefieren gorditos. Su última película fue en 1981, junto a Juan Carlos Calabró, con quien hizo Gran Valor en la facultad de medicina.
Aunque con menor intensidad, también se lució en teatro con Petit Café, en 1951. Y participó en un espectáculo de revista con Nélida Roca y Susana Giménez. Tuvo momentos en los que el teléfono no le sonaba y se afligía. Pero también es cierto que todos los grandes, como Gogó Andreu, Osvaldo Miranda, José Marrone, Fidel Pintos y Antonio Gasalla, por nombrar algunos, quisieron trabajar con ella.
No obstante, murió sola. Su único gran amor había partido trece años antes que ella. Lo había conocido de grande, en 1968, cuando ya tenía 48 años y pintaba para “solterona”. Él se llamaba Hugo Morales, pero como era periodista y escritor, firmaba sus escritos como Hugo Storni, y vivía en Bahía Blanca. La había visto en una foto de una revista y tomó coraje para escribirle. Pero, en ese momento, Nelly estaba cuidando a su madre enferma. Y pese a la insistencia de ésta, que pensaban en el momento en el que ella ya no estuviera, no le contestó. Lo cierto es que, cuando finalmente su progenitora pasó a otro plano, se sintió desolada. Hasta que un vidente le dijo que fuera a buscar a ese hombre. Y ella, sin dudarlo, se tomó un tren y fue a su encuentro.
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Fue una relación digna de una novela. A pesar de los pruritos de la época, ambos decidieron convivir sin papeles durante 25 años. Y, recién en 1993, pasaron por el Registro Civil para oficializar su unión. Pero no tuvieron hijos. Y, en 1995, Hugo murió. Entonces, Nelly se refugió en el departamento que habían compartido en el barrio de Constitución. Hasta que ya no pudo valerse por sí misma y, en 2001, se mudó a un hogar de ancianos. Pero, en 2008, ya acarreaba varios problemas de salud. Y una infección urinaria la llevó a la terapia intensiva del Sanatorio Argentino de Mataderos, donde falleció.