La respuesta del Instituto del Diálogo Interreligioso a los agravios a la Argentina en el plano internacional

El padre Guillermo Marcó, Omar Abboud y el rabino Daniel Goldman firmaron un texto que afirma que las generalizaciones expresadas tras la final del Mundial de fútbol, sobre todo a través de redes sociales, no reflejan la realidad del país

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Desde el IDI destacaron que Argentina "posee una profunda tradición de convivencia interreligiosa, sostenida por comunidades que, desde sus diferencias, han sabido construir vínculos de confianza y solidaridad" (Imagen ilustrativa Infobae)

Tras la final del Mundial de fútbol, una ola de expresiones difundidas en distintos ámbitos internacionales —con especial intensidad en redes sociales— presentó a la Argentina como un país racista, xenófobo e intolerante. Frente a ese escenario, el Instituto del Diálogo Interreligioso (IDI) emitió esta semana una declaración pública firmada por el sacerdote Guillermo Marcó, el dirigente islámico Omar Abboud y el rabino Daniel Goldman, tres referentes del diálogo entre las comunidades judía, cristiana y musulmana en el país. El texto rechaza que esas caracterizaciones reflejen la realidad argentina y reivindica una tradición de convivencia construida a lo largo de generaciones.

La declaración no surge de una reacción política ni partidaria. El IDI lo explicita desde el inicio: el documento “surge de una experiencia concreta de encuentro, cooperación y amistad entre personas pertenecientes a distintas tradiciones religiosas que han hecho del diálogo un compromiso permanente al servicio del bien común”. Esa aclaración no es menor: en un clima de polarización, los firmantes buscaron diferenciarse de la lógica de la confrontación y anclar su voz en más de 25 años de trabajo interreligioso conjunto.

Lo que el IDI pone sobre la mesa es una distinción que considera fundamental: reconocer que existen episodios de discriminación, prejuicio o discursos de odio —y que deben ser prevenidos y condenados— es compatible con rechazar que esos episodios definan al conjunto de una nación. Esa es la línea argumental que atraviesa el texto de principio a fin, y es también la que le otorga a la declaración un peso que va más allá de la coyuntura futbolística que la motivó.

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El IDI fue creado con la participación de las comunidades judía, cristiana y musulmana, y desde entonces ha funcionado como espacio de articulación entre tradiciones religiosas que, en otros contextos del mundo, conviven con tensiones profundas. En la Argentina, esa experiencia acumulada es la que habilita a sus integrantes a hablar con conocimiento directo sobre el tejido social del país.

“A lo largo de estos años hemos comprobado que nuestro país posee una profunda tradición de convivencia interreligiosa, sostenida por comunidades que, desde sus diferencias, han sabido construir vínculos de confianza y solidaridad”, señala el documento.

Uno de los argumentos centrales de la declaración remite a la historia migratoria argentina. El texto sostiene que “millones de personas han venido y se han afincado en nuestra nación, han formado familias, se han educado de manera gratuita, se han curado en nuestros hospitales y han transitado y transitan nuestro país con el único requisito de respetar nuestra Constitución”.

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Para el IDI, afirmar que la Argentina es un país racista equivale a desconocer esa trayectoria histórica y la idiosincrasia que de ella se desprende. La diversidad de orígenes, culturas y credos que caracteriza a la sociedad argentina no debilitó una identidad común, sino que la enriqueció, plantea el documento.

En ese marco, el texto recupera una cita del papa Francisco, figura que el IDI identifica como inspiradora en su propia creación: “La fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad” (Fratelli tutti, 103). El llamado pontificio a la cultura del encuentro y a la amistad social aparece en la declaración como respaldo doctrinario a la postura del instituto, que reivindica las diferencias como oportunidad de enriquecimiento mutuo antes que como fuente de conflicto.

El documento también traza una distinción entre lo que el IDI rechaza y lo que propone. Por un lado, el rechazo es explícito y abarca un espectro amplio: judeofobia, islamofobia, cristianofobia, racismo, xenofobia y cualquier otra forma de discriminación. Por otro, la declaración extiende ese rechazo a las “descalificaciones y estigmatizaciones dirigidas contra religiones, pueblos o naciones enteras”, con el argumento de que “las generalizaciones no contribuyen a la convivencia ni favorecen la comprensión entre los pueblos”. Es en ese segundo movimiento donde el texto interpela directamente a quienes, desde el exterior, generalizaron sobre la sociedad argentina a partir de episodios puntuales.

La propuesta del IDI frente a las simplificaciones es el diálogo como práctica concreta. “El camino para comprender un país nunca es la estigmatización, sino el encuentro”, afirma la declaración. El instituto describe esa convicción no como un principio abstracto, sino como el resultado de más de dos décadas de trabajo compartido entre las comunidades judía, cristiana y musulmana, un período durante el cual, según el texto, la fraternidad se reveló como “uno de los rasgos más genuinos y esperanzadores” del país.