Emigró desde Cabo Verde, se radicó en Ensenada y vio dos veces salir campeón a Argentina: “Ya sé que camiseta voy a usar”

A los 64 años, Víctor Días Monteiro vive un momento histórico. Por primera vez, su país participa de una Copa del Mundo y se prepara para un duelo inesperado contra “La Scaloneta”. “Nunca pensé que a mi edad iba a poder ver a Cabo Verde en un Mundial”, cuenta

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Víctor Monteiro junto a sus hijos. Llegó a la Argentina en 1979, con apenas 17 años. Más de cuatro décadas después, sigue siendo una de las voces más representativas de la comunidad caboverdiana en Ensenada.

Cuando el árbitro marque el inicio del partido entre Argentina y Cabo Verde este viernes 3 de julio, Víctor Días Monteiro sentirá que la vida le está regalando un capítulo imposible de imaginar. A sus 64 años, este inmigrante caboverdiano radicado en Ensenada desde 1979 ya vivió dos veces la alegría de ver a la Selección Argentina levantar la Copa del Mundo. Primero fue en México 1986, cuando Diego Maradona llevó al país a la gloria. Después llegó Qatar 2022, con Lionel Messi como emblema de una generación que rompió una espera de 36 años.

Pero esta vez es diferente. Porque por primera vez ve a Cabo Verde, la pequeña nación africana donde nació, disputando una Copa del Mundo. Y porque el destino decidió cruzar sus dos patrias futboleras en un duelo que lo encuentra dividido entre la emoción, la memoria y los afectos.

“Yo era hincha de la Selección Argentina hasta que llegó la Selección de Cabo Verde. Ahora ya se complicó”, admitió entre risas, en diálogo con Infobae, al resumir el sentimiento que atraviesa a toda la comunidad caboverdiana de la Argentina.

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Durante décadas, este hincha de Estudiantes de La Plata alentó a la Albiceleste como un argentino más. Pero a diferencia de muchos, él no es fanático de Lionel Messi. “Soy hincha de todos los jugadores de la Selección. Cuando estuvo Diego Maradona tampoco era hincha de él, yo sigo al equipo”, remarcó.

Sin embargo, la aparición de Cabo Verde en la máxima cita del fútbol mundial cambió todo. “Nunca pensé que a mi edad iba a poder ver a Cabo Verde en un Mundial”, admitió. “Siempre lo soñás, pero lo soñás como algo imposible”, aclaró.

Y no es para menos. Cabo Verde tiene apenas unos 560.000 habitantes y un territorio diminuto perdido en el Atlántico frente a las costas de África occidental. Para ponerlo en perspectiva, Monteiro suele decir que su país “es una manchita” en comparación con cualquier provincia argentina.

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Víctor es fanático de Estudiantes de La Plata y pudo ver salir campeón a la Selección Argentina dos veces: en México 1986 y Qatar 2022

Sin embargo, ese pequeño archipiélago se convirtió en la gran sorpresa del campeonato. Llegó invicto al partido contra Argentina y se ganó el respeto del mundo futbolero al empatar sin goles frente a España, uno de los favoritos.

Nos daban un 1% de posibilidades de llegar al Mundial. Ahora nos dan un 0% por ciento para seguir avanzando. Nosotros decimos que somos chiquitos, pero de corazón grande. Todo está por verse”, arremetió confiado.

Víctor contó que la revelación africana transformó cada partido en una fiesta para la colectividad. Los encuentros tuvieron lugar en la histórica Asociación Caboverdeana de Ensenada, una institución que está a punto de cumplir cien años y que constituye uno de los grandes símbolos de la inmigración caboverdiana en el país. “Hubo pantalla gigante, buffet y, por supuesto, cachupa, el plato típico que para nosotros ocupa el mismo lugar emocional que el locro para los argentinos”, recordó sobre los tres partidos disputados por su equipo.

Pero el duelo con Argentina plantea un conflicto inesperado. Los hijos y nietos de Víctor crecieron sintiéndose argentinos y caboverdianos al mismo tiempo. Muchos de ellos lucieron durante el Mundial camisetas de Cabo Verde traídas directamente desde África. Ahora nadie sabe bien qué ocurrirá. “Los sentimientos de ellos van a estar divididos”, reconoció.

Víctor junto a sus nietos, con quien comparte los valores y la cultura caboverdiana

Él, en cambio, no tiene dudas. “Ya sé qué camiseta voy a usar. Me voy a poner la de Cabo Verde”, afirmó. Y al ser consultado sobre su pronóstico para ese duelo, respondió sin vacilar: “Gana Cabo Verde”.

Más allá de que postura pueda despertar alguna disputa familiar, Víctor deja entrever que no se trata de una cuestión futbolística solamente. Es algo mucho más profundo. Es la necesidad de abrazar una historia personal marcada por el desarraigo, la supervivencia y la búsqueda permanente de sus raíces.

Porque mucho antes de convertirse en dirigente de la comunidad caboverdiana, de la que fue su presidente durante dos períodos; mucho antes de formar una familia y convertirse en abuelo, Víctor fue un adolescente que llegó a la Argentina sin saber que estaba a punto de ser abandonado por su padre, cuando apenas podía hablar el idioma.

Una historia de inmigración y abandono

El vínculo de los Monteiro con la Argentina comenzó mucho antes de que Víctor pisara el puerto de Buenos Aires. Su padre había llegado desde, Porto Novo, Cabo Verde en 1924, siendo apenas un muchacho de 18 años, en aquellos tiempos en que el país recibía inmigrantes de todos los rincones del mundo. En 1926, fue uno de los fundadores de la histórica Asociación Caboverdiana de Ensenada y construyó aquí gran parte de su vida antes de regresar a su tierra natal, donde nació Víctor.

Este viernes, Víctor dijo que va a alentar a la Selección de Cabo Verde

En 1979, cuando decidió volver al país con sus dos hijos caboverdianos, se encontró con una Argentina muy distinta de la que había conocido. “Era plena dictadura militar. No estaba cómodo con lo que estaba pasando y decidió volver nuevamente a Cabo Verde. Lo que pasó después es algo que jamás voy a olvidar”, reconoció Víctor.

Su menor quedó bajo la tutela de una familia caboverdiana amiga. A él, su padre simplemente lo miró y le dijo una frase que todavía hoy recuerda palabra por palabra: Bueno, vos te quedás, porque los hombres sobreviven en cualquier parte. Y se fue.

Pocos días después, el dueño de la casa donde vivían le pidió que abandonara la vivienda. Víctor no tenía trabajo, no tenía dinero, no tenía familia, no tenía adónde ir. “¿Y cómo le voy a entregar la casa si no tengo dónde vivir?”, recordó haber preguntado. La respuesta del propietario fue demoledora: Si a tu papá no le importó, ¿por qué me tendría que importar a mí?”.

Durante varios días pensó que terminaría durmiendo debajo de un puente. Sin embargo, apareció la solidaridad. Un caboverdiano que se marchaba a trabajar en Grecia le ofreció ocupar su lugar en una obra en construcción. Gracias a ese gesto, un maestro mayor de obras le dio trabajo, alojamiento y la oportunidad de empezar de nuevo.

Víctor junto a sus hermanas, en uno de sus viajes a Cabo Verde

“A cambio, hacía de todo. Pintaba, levantaba paredes, limpiaba, cuidaba a sus hijos, cocinaba, lavaba los baños, ordenaba el patio. Pero yo estaba feliz. Tenía la seguridad de tener un techo donde quedarme”, detalló Víctor, quien intercambiaba trabajo por casa y comida.

Aquella experiencia moldeó el resto de su vida. Con esfuerzo terminó sus estudios, se recibió de maestro mayor de obras y llegó, incluso, a cursar dos años de la carrera de Ingeniería Civil antes de abandonar la carrera para priorizar el trabajo y la crianza de sus hijos.

También encontró el amor. Conoció a una joven descendiente de caboverdianos nacida en la Argentina. Formaron una familia, tuvieron tres hijos y más tarde llegaron cuatro nietos. Actualmente, están separados.

La historia tuvo además un hermoso círculo de regreso. “Viajé a Cabo Verde en 2017 y llevé a parte de mi familia. Quería que mis hijos y nietos conocieran los paisajes, las costumbres y las historias que me habían acompañado toda la vida”, relató.

Víctor junto a sus tres hijos: Gane quien gana nadie podrá quitarme haber tenido el privilegio de ver jugar por primera vez en la historia a Argentina y Cabo Verde"

También volvió cargado de camisetas de la selección caboverdiana, sin imaginar que años después esas mismas camisetas serían utilizadas para alentar a un equipo mundialista. Ahora, mientras la colectividad se prepara para enfrentar a Argentina, aquellas prendas adquirieron un valor simbólico enorme. Y cuando llegue la hora del partido, no habrá dudas sobre cuál elegirá.

Hoy, varias generaciones de los Monteiro participan de la vida cultural de la colectividad unidos por la música. “Mi nieto mayor, de 18 años, ya es músico y toca en una banda. Junto a su tío, que es mi hijo mayor, están haciendo unos temas que mezclan las raíces caboverdianas con sonidos argentinos, como el folclore y el rock”, detalló Víctor.

Con la remera del "Pincha", Víctor viajó a Cabo Verde en 2017 para reencontrarse con su familia

Quizás por eso el partido de este viernes tenga un significado que excede largamente al resultado. Será la historia de un hombre enfrentado a sus propios afectos. La historia de un inmigrante que encontró un hogar en la Argentina cuando todo parecía perdido. La historia de un hijo que sufrió el abandono, pero construyó una familia enorme. La historia de un abuelo que logró transmitir sus raíces a nuevas generaciones. Y también la historia de un país pequeño que se animó a desafiar a las potencias del fútbol mundial.

“Sé que Argentina es favorita pero los sueños no entienden de estadísticas. Gane quien gana nadie podrá quitarme haber tenido el privilegio de ver jugar por primera vez en la historia a Argentina y Cabo Verde”, concluyó Víctor visiblemente emocionado.