
Ubicada en la intersección de Florida y Paraguay, por la mítica confitería Florida Garden pasaron grandes figuras, entre ellas, Tita Merello, Carlos Monzón, Diego Maradona y Jorge Luis Borges. Desde su inauguración, en 1962, el lugar todavía conserva su escalera suspendida en el aire, las paredes vidriadas y las columnas de bronce. Ícono ineludible del microcentro es, también, uno de los 86 cafés notables de la Ciudad.
Acostumbrada a recibir casi mil personas por día, desde que se decretó el aislamiento social preventivo y obligatorio el pasado 20 de marzo, la confitería Florida Garden está haciendo un esfuerzo por mantener sus puertas abiertas. No es la única: el resto de los cafés, bares, billares y confiterías notables de la ciudad de Buenos Aires atraviesan un panorama similar.
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“La situación que estamos viviendo es dramática”, resume Francisco Miranda, secretario de la Cámara de Cafés y Bares y socio del Bar Bidou. “Abrimos por amor: para sentir que no nos quedarnos de brazos cruzados en nuestras casas. A otros, directamente, les conviene mantener el negocio cerrado por el gasto que requiere ponerlo en marcha. Es un dineral por día, para vender tres cafés”, agrega en charla con Infobae.
A su relato se suma Javier Fernández, uno de los dueños y gerente de Florida Garden. “Por ahora podemos pagar la luz, el gas, los servicios y la parte que nos compete de los sueldos. Estamos tratando de mantener la confitería, que es una mole y, a duras penas, llegamos a hacerlo”, dice.
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Con el objetivo de paliar el fuerte impacto que sufren los bares notables de la ciudad, en el marco de la crisis económica ocasionada por la pandemia del COVID-19, el diputado Leandro Santoro presentó un proyecto de asistencia integral, acompañado por la legisladora María Bielli. Primero lo hicieron en la Legislatura porteña y, luego, en una conferencia de prensa frente a los medios.
Fue el martes 30 de junio a las 15 horas en la confitería Florida Garden. Allí, junto a varios representantes de los bares notables de la Ciudad, Santoro y Bielli brindaron detalles del proyecto que, entre otras cosas, pide la eximición de Alumbrado Barrido y Limpieza (ABL) e Ingresos Brutos; subsidio de servicios públicos por el cien por ciento del valor de las tarifas de servicios de luz, agua y gas; subsidio al personal de trabajo que se encuentren bajo relación en dependencia; líneas de créditos blandos y prestaciones a tasa 0%.
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“Sabemos que la Ciudad tiene muy resentidas sus finanzas, pero necesitamos que les den una mano a estas personas porque no podemos permitir que cierre el Café Tortoni o Los Angelitos. Buenos Aires no será la misma sin ellos porque son parte de nuestro patrimonio cultural, material e inmaterial”, sostuvo el diputado Leandro Santoro.
La legisladora María Bielli, que acompañó el proyecto junto a Victoria Montenegro, Claudio Morresi, Santiago Roberto, Lorena Pokoik, Lucía Cámpora y María Rosa Muiños, apuntó hacia el futuro. “Cuando todo esto termine, queremos volver a una ciudad que conserve su historia. La pandemia no se puede llevar puesto lo que no se llevaron puesto otras crisis económicas”, sostuvo.
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En primera persona

Daniel Conde trabaja desde hace más de una década en el Petit Colón. Según su relato, esta es la primera vez que tuvo que cerrar el café. “Está abierto todos los días del año. Sábados y domingos, también. El único día del año que no abrimos es el 1 de enero”, explica a Infobae.
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“Como si fuera poco, por nuestra ubicación (Libertad 505), trabajamos con tres públicos: Tribunales, Teatro Colón y turistas. Hoy, ninguno de los tres están presentes”, lamenta Conde, y explica que, si bien incorporó la modalidad take away, las ventas son muy pocas y no llegan a cubrir los gastos fijos. “La facturas de luz se pagaron los primeros meses y después no pudimos abonarlas más. Ahora estamos generando deuda: nos quedamos sin recursos”, agrega.
Ricardo Montesino tiene 80 años y fundó el Bar Sur en 1967. Ubicado en la esquina de Estados Unidos y Balcarce, en el casco histórico de San Telmo, es el lugar favorito de muchos turistas que buscan escuchar y ver bailar tango. “Desde el 20 de marzo que no puedo abrir mi bolichito. Es la primera vez en mi vida que tengo que cerrar el bar. Lo vivo con mucha tristeza porque estoy acostumbrado a mi trabajo”, dice Ricardo a este medio.
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Martín Pasech trabaja en la Rotisería Miramar. A cargo del local desde hace casi ocho años, Pasech sostiene que la situación es dramática. “Estamos trabajando un 5% de los que solíamos trabajar. Mantenemos abierto el restaurante un poco por corazón y, otro poco, para decir: ‘Acá estamos’ y no alejarnos de los vecinos y de la gente que nos acompaña hace tanto tiempo”, explica.
Según su relato, en estos más de tres meses, se las han rebuscado para mantenerse activos. “Además de compartir la cocina con la gente del grupo Los Notables, estamos haciendo radio delivery y, aun así, no alcanza. Tuvimos que pedir un préstamo, tenemos deudas con nuestros proveedores y los plazos empiezan a vencer. No sabemos con qué plata lo vamos a pagar”, cuenta con angustia.
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“Necesitamos que se apruebe este proyecto de ley de asistencia integral porque estamos pasando una situación muy difícil”, apunta Laura Ávila, representante del Café San Bernardo. El “Sanber”, como lo llaman sus clientes, fue fundado en 1957 y es una de las joyitas del barrio porteño de Villa Crespo.
Según Ávila, desde que se decretó el confinamiento, el consumo bajó muchísimo y se le hace cada vez más difícil mantener el lugar abierto. “Estamos haciendo un esfuerzo tremendo. En marzo, nos parecía una locura cerrar por catorce días. Hoy llegamos a este punto pidiendo préstamos: ya vamos por el tercero”, cuenta a Infobae.
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Al igual que sus colegas, para Laura, la única posibilidad de generar ventas es a través del servicio de delivery y de take away. “Al no tener la chance de que los clientes entren a tu local, no te queda otra opción que salir a buscarlos. Trabajamos mucho con redes sociales, pero no todos los bares estaban preparados para interactuar desde ese lugar. Muchos tuvieron que aggiornarse”, explica.
Acerca del cierre de El Café de la Esquina, La Flor de Barracas y La Confitería del Hotel Castelar, Laura sostiene que generó un profundo dolor “porque detrás de cada bar hay una historia”. “Nosotros tenemos un local muy grande y, con las luces apagadas, es triste. No sé cuánto tiempo más vamos a poder sostenerlo”.

La conferencia de prensa termina y todos aplauden. De a poco, los representantes de los bares notables comienzan a retirarse. De pie junto a la barra, Javier Fernández observa una pila de sillas arrinconadas a un costado. A pocos metros de él, uno de los mozos termina de armar un pedido que, en pocos minutos, alguien vendrá a retirar.
“El delivery funciona gracias a los clientes de siempre, que nos siguen apoyando. Lastimosamente, cuando vienen a retirar sus pedidos tenemos que invitarlos a que se retiren porque no se pueden quedar acá adentro”, concluye Fernández.
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