En su casa de Punta del Este, donde cada verano se instala cerca de tres meses.
En su casa de Punta del Este, donde cada verano se instala cerca de tres meses.

-Te digo el nombre de un famoso y me decís si sos amigo: Graciela Borges.

-Sí.

-Susana Giménez.

-Sí.

-Antonio Gasalla.

-Muy.

-Pampita…

-Bueno, ahora no soy amigo. Pero fui amigote en una época.

-Fabiana Cantilo.

-Obvio.

-María Kodama.

-Obvio.

Gerard se ríe con las preguntas. Lo toma como un juego (lo es). Y se para y saluda a una señora muy paqueta que pasa caminando justo por esa esquina, calle Las Gaviotas, confitería Las Delicias, en Punta del Este.

Es un día de enero y Gerard Confalonieri está tomando el té con Infobae en uno de los pocos días de la temporada en que tiene la tarde libre. Los demás días los pasa en el almuerzo de tal, la merienda de tal otro, el lanzamiento de cual marca, o la fiesta de X empresario. Para todos los que son habitués de Punta del Este, su figura y su nombre es ineludible, no hay quien no lo conozca. Algo parecido pasa al revés: uno le puede decir cualquier nombre que en pocos segundos identificará cuándo lo conoció.

Gerard enumera al voleo sus mejores amigos y amigas: Cristiano Rattazzi, Ginette Reynal, Fabiana Cantilo, Mecha Sarrabayrouse, Delfina Frers...
Gerard enumera al voleo sus mejores amigos y amigas: Cristiano Rattazzi, Ginette Reynal, Fabiana Cantilo, Mecha Sarrabayrouse, Delfina Frers...

“Una de mis grandes amigas, que ahora estamos un poco distanciados, fue Marina Dodero (cuando todavía Cristina Onassis, que era su mejor amiga, no se había muerto y que de hecho murió en su casa, en Tortugas). Por ella conocí mucha gente”, cuenta. Después enumera al voleo sus mejores amigos y amigas: Cristiano Rattazzi, Ginette Reynal, Fabiana Cantilo, Mecha Sarrabayrouse, Delfina Frers...

Charlar con él es algo así como una parada obligada de la temporada. Siempre de buen humor, siempre alegre, Gerard es como un chico que encuentra algo para reírse en cualquier situación posible. Suele vestir de bermudas, camisa y naúticos. Suele estar perfumado y “brutal”, como dice él sobre las cosas que le parecen buenas. Suele estar, además, en contacto con todos: si hay algo que lo distingue es que más allá de ser de algún modo la quintaesencia del veraneante de Punta del Este, él es parte de todos los públicos y por algún motivo, todos lo quieren.

Así fue que un día casi sin buscarlo se convirtió en PR (relaciones públicas), o en “socialité” (como lo definen algunas revistas).

-¿Qué es eso? ¿Alguien que es parte de la alta sociedad?

-No sé a qué se refieren con eso, yo soy parte de todo en realidad. Mi gente y mis amigos son de todos lados. Mi espectro es tan amplio… desde Pancho Cabrera hasta la nieta de Susana, pasando por Ginette Reynal, Ana María Picchio, Graciela Alfano… Tengo un núcleo muy grande.

“Cuando empezamos a venir a Punta del Este, hace 35 años, esto era otra historia. Era menos pretencioso, más familiar, no existían las fiestas de las marcas… Había dos o tres fiestas de personas. Lo canchero era tener un ranchito
“Cuando empezamos a venir a Punta del Este, hace 35 años, esto era otra historia. Era menos pretencioso, más familiar, no existían las fiestas de las marcas… Había dos o tres fiestas de personas. Lo canchero era tener un ranchito", cuenta

Para Gerard la vida siempre fue una mezcla de algo fácil y difícil. Fácil, porque tiene un espíritu infantil que lo protege de cualquier dolor. Difícil, porque tiene “una personalidad adictiva” que lo llevó por caminos complicados.

Nació el 25 de octubre en el Sanatorio Marini, en Santa Fe y Aráoz, en el año 1972. Gran parte de su infancia la pasó en Baradero, provincia de Buenos Aires. “Hace mucho que no voy pero tengo muy lindos recuerdos de ese tiempo”, cuenta. Ya en la adolescencia llegó Punta del Este. Comenzó a veranear en Uruguay a los 16 años y nunca se detuvo.

“Cuando empezamos a venir a Punta del Este, hace 35 años, esto era otra historia. Era menos pretencioso, más familiar, no existían las fiestas de las marcas… Había dos o tres fiestas de personas. Lo canchero era tener un ranchito. A la calle Gorlero iba todo el mundo. Uno desayunaba en La Fragata, comías pizza en Di Pappo. Hoy en Gorlero ya ni existen esos lugares”, recuerda.

-¿Cómo llegaste a conocer tanta gente?

-No es que me lo propuse. Yo pienso que uno nace con un don. Yo te presento a vos a la reina de Inglaterra. Presentar a una persona es fácil. Después está en uno que la reina de Inglaterra se enganche con vos. A mí me pasa que todo el mundo se termina enganchando conmigo y yo con todo el mundo. Yo no veo a nadie como famoso. Yo soy Gerard y él es… no sé, Iván por ejemplo, Iván de Pineda. Yo soy cero cholulo porque no veo a nadie como un personaje. Todo me parece natural: estar tirado en la plaza o comer con una reina.

-¿Has ido a comer con princesas o con reinas?

-Sí, por supuesto.

-¿Con Máxima?

-Con Máxima salíamos a bailar antes de que se casara con el príncipe Guillermo. Íbamos con todo un grupo cuando Máxima estaba de novia con Federico Álzaga. Era parte de mi grupo de amigos, pero después no fui invitado al casamiento. Jaja.

Gerard con Juana Viale, Graciela Alfano, y el matrimonio de Selva Alemán y Arturo Puig.
Gerard con Juana Viale, Graciela Alfano, y el matrimonio de Selva Alemán y Arturo Puig.

-Viviste muchas cosas.

-A veces me preguntan la edad y si bien tengo 47, yo siento que tengo como 100. Siento que tengo 100 y siento que tengo 5, las dos cosas a la vez.

-¿Cómo se disfruta una fiesta en Punta del Este?

-Yo siempre voy a las fiestas con algún amigo o alguna amiga íntima. Entonces vamos, sociabilizamos un poco con distintos grupos y después nos juntamos, ponele con Mecha (Sarrabayrouse), y comentamos todo lo que hablamos.

-¿De qué se habla en esas fiestas? O de qué se espera que se hable...

-Uno cuando se encuentra con gente en una fiesta no se puede centrar en un tema que sea tan importante y lleve muchos minutos. Hay que hablar de cosas más cortas. Porque uno está pendiente de muchas situaciones a la vez, mucha gente a la que saludar, y no hay que hablar de cosas que abarquen tanto tiempo. Conversaciones a veces frívolas, otras no, así.

-¿Cómo hay que vestirse para estar a la moda?

-Siempre un pantalón blanco en Punta del Este es un comodín. Hay que tener dos o tres. Unos buenos mocasines italianos. Y una camisa, que puede ser celeste o blanca. Eso no falla. Después está el bronceado. Yo soy como un fanático del sol. Es un poco demodé estar tan bronceado, yo lo sé eso, pero a mí me gusta mucho. Es malísimo para la piel además pero bueno, no puedo con mi genio. Pero la moda hoy es no quemarse tanto.

-¿Hay algo que no se deba hacer?

-No, no sé. Yo soy muy libre. Con Susana siempre nos reímos porque yo sé que a ella no le gusta que en las fiestas la bese todo el mundo, por el maquillaje. Entonces nosotros cada vez que nos vemos le digo que no le voy a dar un beso, porque tenemos confianza. Ella llega siempre brutal y yo no le doy besos, nunca, y siempre nos reímos de eso.

-¿Hay que ser muy falso para sobrevivir en este ambiente?

-No. Yo al menos soy siempre auténtico, de otro modo no me sale. Lo que sí, hay que tener tacto para saber qué temas hay que tocar y cuáles no. Ayer en la playa con Ginette (Reynal) nos encontramos con Lara (Bernasconi), y dijimos: no vamos a hablar del tema del chancho o del cordero porque sabemos que debe estar harta. Así que hablamos de cualquier boludez, menos de si era un chancho, un cordero, si estaba vivo o no, si tenía la cabeza o lo que fuera... Que por supuesto, no estaba vivo. Pero era algo que no le hace bien y no nos parecía.

Con Mecha Sarrabayrouse y Ginette Reynal, dos de sus mejores amigas.
Con Mecha Sarrabayrouse y Ginette Reynal, dos de sus mejores amigas.

La casa de Gerard en Punta del Este es un departamento decorado por él mismo en el que cada cosa parece puesta en su lugar por algún orden imposible de confundir con el azar. Hay ganchos para bolsos de playa, un bar donde las bebidas que podrían haber estado elegidas por el diseño de la etiqueta, mesas y sillas dignas de los balnearios más exclusivos y colores que combinan hasta con la ropa que lleva Gerard cada día.

“De chico iba a los remates con mi abuela materna y miraba fascinado. Pienso que la decoración, la fotografía, la moda… está todo relacionado. Y yo de chico cuando iba a la casa de mis amigos le cambiaba las cosas de lugar, decoraba. Y en París hice un curso de decoración y empecé a trabajar un poco de eso. Es lo que hago hoy combinado con algunos trabajos de relaciones públicas o lanzamientos para marcas y demás”, explica.

-¿Siempre fue así de relajada como parece tu vida?

-No, claro que no.

-Tuviste una etapa de adicción a la cocaína, ¿cierto?

-Sí. Fuerte.

-¿Cómo caíste en eso?

-No es cómo caí. Uno empieza… Yo tuve mucha noche. Tenía mucha noche pero tenía mucho día. Iba al Colón y después salía hasta la madrugada. Iba a una comida super formal y después me iba al boliche y terminaba a las seis de la mañana… Tengo una conducta adictiva en todo. Cuando volví de vivir en París yo consumía cada tanto y después cada vez más. Los últimos años, antes del 12 de enero del 2014, que dejé, yo era sumamente cocainómano.

-¿Qué te daba la cocaína? ¿O qué creés que te daba?

-Uno cuando consume piensa que la cocaína te da energía, te da alegría, te da para seguir… Pero cuando uno está limpio ve las cosas como son. Yo estoy hace seis años limpio y hoy veo que la cocaína no me daba nada. No solo no me daba sino que me sacaba. Yo hoy disfruto plenamente de mis sobrinos, de mis amigos, de las cosas más simples… Todo porque estoy limpio. Yo puedo estar en una comida, puedo ir a Tequila, y me divierto. Estoy libre de consumo y de pensamiento. Hay gente que tiene diez años limpio de consumo, pero está con bronca con la vida, se despierta de mal humor por no consumir… Bueno, no están limpios de pensamiento. Yo sigo siendo una persona con energía, con humor, mis amigos se divierten conmigo. Yo sé que soy todo un personaje.

-¿Por qué decidiste dejar?

-Es muy largo. Yo hoy soy un claro ejemplo de que se puede ser feliz sin tomar nada. Y puedo servirte el champagne y todo y no me tienta ni sufro nada. Disfruto estar libre. A mí me costó mucho dejar porque cuanto más quería dejar, más tomaba. Y yo agradezco a Dios y a mí que hice el click el da 12 de enero del 2014, después de estar varios días seguidos despierto. Yo empecé ese año sin dormir. Todo acá en Punta del Este.

En el living de su departamento de Punta, decorado por él mismo. Uno de sus lugares en el mundo.
En el living de su departamento de Punta, decorado por él mismo. Uno de sus lugares en el mundo.

-¿Tu familia cómo lo tomaba?

-No sabían que yo era tan adicto, porque no vivía con ellos. Pero uno indirectamente le hace mal a los suyos, porque uno es un enfermo, uno es un adicto, entonces nadie te puede retar. Yo pienso que todo mi entorno hoy está feliz de que haya dejado. Recibo cientos de mensajes de apoyo de amigos. Y si hablo de esto es para pasar el mensaje, porque es importante que la gente sepa que puede estar mejor, que salir de las drogas es una manera de tener una mejor vida.

-¿Fuiste a Narcóticos Anónimos?

-Sí, empecé en la sede de acá de Punta del Este. Y súper recomiendo ir a quien esté pasando por una adicción. Yo antes no conectaba, era mucho más egoísta, por ahí no escuchaba lo que me decían. Hoy sí, hoy puedo disfrutar de mis amigos y familia y estar para ellos de manera más verdadera. En Narcóticos Anónimos una de las premisas es alejarse de los amigos que consumen. Yo tenía mis amigos, todos estos que te nombro, que no consumían, y ellos nunca me dejaron de lado. Cuando uno se tiene que alejar de los amigos porque está empezando a limpiarse yo tuve la suerte de que no estaba rodeado de gente que consumiera. Y a su vez cuando tomaba ellos me querían igual.

-¿Cambió mucho Punta del Este? ¿En qué?

-Hoy construyen torres y torres y todo se sigue agrandando y están estas casonas, estos edificios faraónicos, todo es más pretencioso. Me acuerdo de que en La Barra había un barcito que era el más canchero que era Jennys, y te sentabas ahí y veías pasar a todo el mundo. Era muy rústico, nada pretencioso. Hoy cambió mucho.

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