PRIMERA ACCIÓN
Ver las faltas propias, por insignificantes que sean, como enormes, como si nos mirásemos con lupa y sin excusarnos por nada.
No como castigo, sino para repensar, responsabilizarnos y crecer.
SEGUNDA ACCIÓN
Considerar las faltas de los demás por enormes que sean como insignificantes.
Entendemos que esa persona que nos enoja, sólo está haciendo lo que puede y está aprendiendo a vivir como nosotros. Su aparición en nuestro día es una prueba para que avancemos, aprendamos, trabajemos nuestra tolerancia y generemos amor.
TERCERA ACCIÓN
Recordar siempre la omnipresencia de Dios, con el nombre o la forma que cada uno elija.
Dios siempre está presente en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, por lo tanto si recordásemos eso, si tuviésemos conciencia de Dios, nunca actuaríamos mal ni ofenderíamos a otros, ya que Dios está también en cada uno de ellos.
Cometemos errores por ignorancia, juzgamos, criticamos, maltratamos, descalificamos, culpamos, sin darnos cuenta que todo eso nos lastima en primer lugar a nosotros y a los demás.
Jesús fue el ejemplo más sublime y compasivo que nos enseñó a no juzgar.
Las siguientes son algunas de sus enseñanzas:
"LO QUE LE HICIERES AL MENOR DE MIS HERMANOS, ME LO ESTÁS HACIENDO A MI"
"EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO, QUE ARROJE LA PRIMERA PIEDRA"
"NO JUZGUES Y NO SERAS JUZGADO"
"CON LA MISMA VARA QUE MIDAS, SERÁS MEDIDO"
Amigos del alma, gracias por existir.
La seguimos a cada instante.