Cómo la dopamina y las grandes recompensas aceleran el aprendizaje, según un estudio

Investigadores observaron que animales entrenados con incentivos mayores aprendían en menos intentos que los utilizados en protocolos tradicionales, un efecto vinculado a cambios en la actividad cerebral

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El estudio del Janelia Research Campus revela que recompensas grandes aceleran el aprendizaje en ratones según su actividad dopaminérgica (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante décadas, la neurociencia asumió que aprender una nueva tarea dependía principalmente de la repetición: cuantas más veces se practicaba una acción, más rápido se incorporaba. Sin embargo, un estudio realizado en ratones sugirió que el tamaño de la recompensa podía desempeñar un papel igual o incluso más importante.

La investigación, liderada por científicos del Janelia Research Campus del Howard Hughes Medical Institute (HHMI) y publicada en la revista Science, mostró que los animales aprendieron nuevas tareas en apenas un día cuando recibieron recompensas grandes, mientras que los protocolos tradicionales suelen requerir cientos o miles de repeticiones distribuidas a lo largo de días o semanas.

Los investigadores observaron que algunos ratones lograron dominar determinadas tareas después de recibir menos de 10 recompensas significativas, un resultado que desafía las ideas clásicas sobre cómo se adquieren nuevos comportamientos.

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La dopamina, neurotransmisor vinculado a motivación y placer, potencia la velocidad y eficacia al aprender nuevas tareas con recompensas mayores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diferencia fue tan marcada que incluso sorprendió a los propios autores. “Pero ahora, en un solo día, veo cómo estos ratones lo consiguen a la perfección”, señaló Luke Coddington, científico sénior del Janelia Research Campus y autor principal del estudio.

El papel de la dopamina en el aprendizaje

La dopamina es uno de los neurotransmisores más estudiados del cerebro y participa en procesos relacionados con la motivación, la atención, el placer y el aprendizaje.

El equipo dirigido por Josh Dudman y Luke Coddington descubrió que este efecto está estrechamente relacionado con la actividad de esta molécula. Cuando los animales obtenían grandes cantidades de agua tras completar una tarea, se registraban respuestas dopaminérgicas más intensas y prolongadas en el estriado ventral, una región cerebral clave para el refuerzo de conductas.

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Los propios investigadores reconocieron que el hallazgo desafió supuestos arraigados en la neurociencia experimental. “Todo el sector lleva décadas haciéndolo, y lo digo literalmente; nadie lo había comprobado”, afirmó Josh Dudman, jefe de grupo sénior del Janelia Research Campus, al referirse al uso tradicional de pequeñas recompensas repetidas para entrenar animales.

Los científicos observaron que la intensidad y duración de la señal dopaminérgica permiten mejorar la retención y la atención durante el aprendizaje (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los científicos comprobaron además que podían reproducir parte de este efecto mediante técnicas optogenéticas, que permiten activar grupos específicos de neuronas utilizando luz. Al prolongar artificialmente las señales de dopamina asociadas a pequeñas recompensas, los ratones también aprendían más rápido.

Los resultados sugieren que no solo importa recibir un premio, sino también la intensidad y la duración de la respuesta cerebral que este desencadena. Los investigadores observaron que una señal dopaminérgica más prolongada permitía que los animales aprendieran más en cada intento y mantuvieran la atención durante más tiempo.

“Creemos que al aumentar significativamente las respuestas de dopamina en estos experimentos, estamos convirtiendo a todos los ‘niños’ de nuestra ‘aula’ en estudiantes realmente motivados”, explicó Coddington.

Menos intentos y resultados más consistentes

Uno de los hallazgos más llamativos fue la reducción de la variabilidad entre animales. En los experimentos tradicionales, algunos ratones pueden aprender una tarea en pocos días mientras que otros necesitan semanas. Con recompensas más grandes, las diferencias individuales disminuyeron notablemente y el aprendizaje se volvió mucho más homogéneo.

Ratones entrenados con estímulos más significativos aprendieron tareas complejas en menos de 10 intentos, desafiando paradigmas tradicionales en neurociencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según los investigadores, esta mejora se explicó por tres factores principales: una mayor velocidad de aprendizaje, una mejor conservación de lo aprendido entre sesiones y un nivel más alto de compromiso con la tarea. En otras palabras, los animales no solo aprendían más rápido, sino que también retenían mejor la información y mantenían la motivación durante más tiempo.

Los experimentos mostraron además que tareas de navegación, destrezas motoras y toma de decisiones que normalmente requerían cientos de ensayos podían resolverse con apenas unas pocas repeticiones cuando las recompensas eran mayores.

Qué implicancias podría tener el hallazgo

Los autores creen que estos resultados podrían modificar la forma en que se diseñan muchos experimentos de neurociencia, reduciendo significativamente el tiempo necesario para entrenar animales en tareas complejas.

El laboratorio de Dudman ya incorporó este enfoque en sus protocolos de investigación, utilizando recompensas más grandes para acelerar y estandarizar el aprendizaje. Más allá del laboratorio, el trabajo plantea preguntas interesantes sobre cómo funcionan los mecanismos de motivación en otros contextos.

Los investigadores señalan que comprender cómo la dopamina regula la velocidad del aprendizaje podría inspirar nuevas estrategias en educación, entrenamiento y desarrollo de sistemas de inteligencia artificial. En estos últimos, los algoritmos suelen utilizar principios de recompensa similares a los que emplea el cerebro para aprender.

Las técnicas optogenéticas demostraron que al prolongar artificialmente las señales de dopamina, el aprendizaje resultó más rápido y duradero en ratones (Imagen ilustrativa Infobae)

Además, el hallazgo sugiere que los animales podrían ser capaces de adquirir habilidades más complejas de lo que se creía hasta ahora, siempre que las recompensas logren mantener su compromiso con la tarea.

Aunque los resultados fueron obtenidos en ratones y no pueden extrapolarse directamente a humanos, el estudio indica que la capacidad de aprender no depende únicamente de la práctica repetida. La forma en que el cerebro valora una recompensa también puede influir de manera decisiva en la rapidez con que se adquieren nuevas habilidades.

Los autores concluyen que, siempre que una recompensa logre captar y mantener la atención, el potencial de aprendizaje podría ser considerablemente mayor de lo que se pensaba.

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