
Los bebés suelen decir “Papá” antes que “Mamá”, según Stephanie Cohen, una patóloga del habla y autora de “The I Can Say Mama Book” y “The I Can Say Dada Book”. Cohen aclara que esto no indica una preferencia hacia los padres, sino que está más relacionado con la frecuencia con la que los bebés escuchan estas palabras. Los infantes tienden a imitar los sonidos que oyen, aunque no siempre lo hacen de manera clara, lo que puede dificultar la identificación de las palabras que intentan decir.
Además, la palabra “papá” es más fácil de pronunciar para los bebés debido a las características del fonema “p”. Este fonema es bilabial, lo que significa que se emite con la unión de ambos labios sin la vibración de las cuerdas vocales. Dado que los bebés ya están en la fase oral y frecuentemente contactan sus labios, la emisión del sonido “pe” es sencilla. Al combinarlo con el sonido de la vocal “a”, surge la palabra “pa-pa”
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En contraste, el fonema “eme” requiere una mayor complejidad en su pronunciación. Aunque también es bilabial, necesita la vibración de las cuerdas vocales y la activación de diversas cavidades de resonancia como la faríngea, oral y nasal. Ese proceso más complejo hace que la pronunciación de “ma-ma” sea más difícil comparada con “pa-pa”.
Los bebés pasan por etapas predecibles al balbucear, comienzan con vocales y luego añaden consonantes. Por ejemplo, primero dirán sonidos sin sentido antes de pasar al “balbuceo duplicado”, repitiendo sílabas como “mamamama” o “papapa”. Norton también señala que, además de “Mamá” y “Papá”, los bebés suelen expresar palabras relacionadas con rutinas sociales como “Adiós”, “Gracias”, “No” y “Pelota”, según Elizabeth Norton, científica del desarrollo y profesora asociada en la Universidad Northwestern.
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Desarrollo del habla
Los sonidos “Eme” y “Pe” forman parte de un grupo de consonantes que los bebés suelen producir primero, ya que se generan en la parte frontal de la boca. Cohen explica que es natural que los bebés hagan sonidos “Pa”, especialmente cuando su boca está en reposo. Aunque estas primeras palabras no siempre tienen un significado claro, una vez que los bebés observan la reacción de los adultos, comienzan a asociar esas sílabas con personas específicas. “Cuando un bebé dice ‘mamá’ o ‘papá’, el adulto se ilumina y el bebé empieza a asociar esa palabra con un significado”, explica Cohen.
El desarrollo del lenguaje en los bebés está estrechamente vinculado a diversos hitos del crecimiento, particularmente los componentes motores. Los bebés sostienen su cabeza y luego intentan rotar mientras están en sus cunas. Después de dominar estos movimientos, los bebés comienzan a sentarse, un proceso conocido como sedestación, que normalmente ocurre entre los cuatro y seis meses de edad.
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En esta etapa del desarrollo, denominada fase oral por el psicólogo, Sigmund Freud, los bebés empiezan a llevarse las manos y otros objetos a la boca para inspeccionarlos con los labios, y obtener así satisfacción y alegría. Este hábito continuo de unir los labios otorga placer, por lo que los bebés repiten esta acción frecuentemente, tanto con elementos inanimados como con las mejillas de sus familiares o incluso sus mascotas.
Recomendaciones
Si el bebé aún no ha dicho “Mamá”, no hay motivo para alarmarse. Norton asegura que hay muchas formas en que los niños muestran su afecto hacia la persona que los cuida, como abrazos, momentos de ternura y tiempo compartido. Además, Cohen añade que los padres pueden incentivar a que el bebé diga “Mamá” a través de juegos y sonidos. “Mientras beben, pueden tomar un sorbo (y decir), ‘Mmmmm’ o... dar besos volados y hacer esos ruidos divertidos”, sugiere Cohen.
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Entre los seis y nueve meses, los bebés suelen comenzar a balbucear sílabas de forma repetida. La comprensión y uso intencionado de palabras como “Mamá” o “Papá” se desarrolla gradualmente, a medida que los bebés reconocen que sus cuidadores responden a esas sílabas. Cohen recomienda interactuar frente a un espejo para que los bebés puedan observar y replicar los movimientos de los labios. Esto obedece a factores de frecuencias de palabras y conexiones neurológicas y no a preferencias afectivas. Además, el apoyo y la interacción activa de los cuidadores son clave en el desarrollo del lenguaje en los más pequeños.
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