La presión arterial alta afecta a una proporción considerable de adultos en todo el mundo, y muchos desconocen que la padecen. Su peligrosidad radica en que avanza sin síntomas visibles y, con el tiempo, incrementa el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y enfermedad renal, entre otras complicaciones.
La magnitud del problema es considerable. Según el segundo informe global sobre hipertensión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en septiembre de 2025, unos 1.400 millones de adultos de entre 30 y 79 años vivían con esta condición en 2024 —el doble que el mismo informe estimó para 1990, lo que evidencia un crecimiento sostenido—. Más preocupante aún: solo el 23% la tenía bajo control, y el 44% de ellos desconocía que la padecía.
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La evidencia científica respalda que los hábitos alimentarios son una herramienta eficaz para mantener la presión en rangos saludables. Patrones como la dieta DASH —que prioriza frutas, verduras, cereales integrales y proteínas magras, con bajo contenido de sodio— han demostrado reducir esos valores en pocas semanas. Otros alimentos como el ajo, la remolacha o la banana también son reconocidos por sus efectos cardiovasculares, aunque no son los únicos con potencial: el jengibre se une a esta lista.
Un ingrediente habitual en muchas cocinas podría marcar la diferencia para quienes buscan mantener la presión arterial bajo control, según señala una nutricionista registrada consultada por Parade. Este agregado cuenta con respaldo científico y no requiere mayores modificaciones en la rutina alimentaria para incorporarlo a la dieta: rallado en agua caliente como infusión, en batidos, salteados o aderezos para ensaladas, entre otras opciones.
El jengibre y la presión arterial
Adiana Castro, nutricionista registrada de Compass Nutrition, señaló que el ingrediente posee “propiedades antiinflamatorias marcadas y se sabe que ayuda a bajar la presión arterial y a mejorar la circulación”.
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La ciencia respalda este vínculo. Un metaanálisis publicado en el Journal of Human Nutrition and Dietetics, que consolidó datos de 12 ensayos clínicos aleatorizados, encontró que la suplementación con jengibre redujo la presión sistólica en 5,03 mmHg y la diastólica en 2,03 mmHg. Los efectos fueron más pronunciados en participantes con presión arterial elevada de base y en quienes consumieron dosis de 2.000 mg diarios o más.
Vale aclarar que la mayoría de esos estudios empleó suplementos o jengibre en polvo, por lo que una porción fresca incorporada a una bebida o comida no garantiza la misma dosis. Aun así, puede contribuir a un patrón alimentario favorable para el sistema cardiovascular. Los investigadores atribuyen sus efectos a los compuestos antiinflamatorios del jengibre y a su posible capacidad para relajar los vasos sanguíneos.
Recomendaciones de la especialista para su consumo
Castro compartió algunas recomendaciones sobre cómo incorporarlo a la dieta cotidiana. En primera instancia, señaló que no hace falta una gran cantidad para comenzar: una porción equivalente al tamaño de un pulgar es suficiente para obtener beneficios. La especialista lo recomienda, en particular, como complemento del jugo de remolacha, una combinación con efectos positivos para la salud cardíaca.
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Para quienes buscan potenciar aún más esos beneficios, Castro también sugirió añadir granada a la mezcla. “La granada está cargada de polifenoles, antioxidantes que ayudan a reducir el estrés oxidativo y la inflamación en el sistema cardiovascular”, afirmó.
Precauciones a tener en cuenta antes de consumirlo
Los efectos del jengibre sobre la presión arterial son modestos y no sustituyen el tratamiento farmacológico. Quienes toman medicación deben mantenerla según la prescripción médica. Además, el jengibre puede interactuar con anticoagulantes y algunos fármacos para la presión, por lo que se recomienda consultar con un profesional de la salud antes de aumentar su consumo, especialmente en formato de suplemento.
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