La piel puede ofrecer señales sobre procesos que ocurren en otras partes del organismo. Cambios de color, enrojecimiento, resequedad, manchas o alteraciones en las uñas merecen atención, según explicó la dermatóloga e investigadora Saranya Wyles, de Mayo Clinic, en The Mel Robbins Podcast.
Para la especialista, el cuidado de la piel forma parte del cuidado de la salud. Sostuvo que este órgano refleja factores como el descanso, la alimentación, el estrés, la actividad física y la exposición ambiental, por lo que planteó cinco hábitos diarios para preservar su función de barrera y acompañar la salud general.
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1) Dormir entre 7 y 9 horas para favorecer la reparación
El sueño encabeza las recomendaciones de la dermatóloga. Indicó que la piel opera en dos fases: durante el día prioriza la defensa frente a la radiación ultravioleta, la contaminación y otros agentes externos; por la noche, activa mecanismos de reparación y regeneración.
“La piel no duerme de noche, cambia a un modo de reparación”, señaló la especialista en el podcast. Los estudios sobre personas con buen descanso mostraron una recuperación de la barrera epidérmica un 30% mayor en comparación con quienes dormían mal.
La falta de sueño también puede incidir en la hidratación. Mencionó una investigación en mujeres de mediana edad que asoció dos noches consecutivas de apenas 3 a 4 horas de descanso con cambios en la barrera cutánea.
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Para acompañar ese proceso nocturno, sugirió mantener humedad ambiental en la habitación y evitar dormir boca abajo o con el rostro presionado contra la almohada.
2) Priorizar fibra, vegetales y una hidratación constante
La segunda pauta apunta a la relación entre alimentación, intestino y piel. La dermatóloga destacó la conveniencia de reducir el consumo de azúcar y carbohidratos de alto índice glucémico, en especial para quienes padecen acné o brotes inflamatorios.
Wyles citó un ensayo de 12 semanas en pacientes con acné, donde una alimentación con bajo índice glucémico se asoció con una reducción del 23% en los brotes. La profesional vinculó ese efecto con la disminución de la glicación, un proceso en el que los azúcares se adhieren a estructuras como el colágeno y la elastina.
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Entre los alimentos que mencionó figuran las verduras de hoja verde, legumbres, cereales integrales, semillas y otras fuentes de fibra. También recomendó una preparación con manzana, remolacha y zanahoria, a la que se pueden sumar cúrcuma, semillas de chía, lino y agua de coco.
La hidratación requiere dos vías, según Wyles: beber líquidos y aplicar productos sobre la piel. Para las mujeres, sugirió cerca de dos litros de agua diarios, con un objetivo de 10 a 12 vasos; para los hombres, entre 12 y 13. “Beber agua no alcanza para hidratar la barrera de la piel”, advirtió.
3) Aplicar humectantes y protector solar todos los días
La médica recomendó buscar ingredientes que atraigan y retengan agua, como glicerina, ceramidas, avena coloidal y beta glucanos. También aconsejó elegir productos sin fragancia. Sobre ese punto, alertó que la etiqueta “sin perfume” no siempre implica ausencia de compuestos aromáticos, ya que algunas fórmulas los utilizan para ocultar otros olores.
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Para la exposición solar, propuso un protector de amplio espectro con factor de protección solar 30 o superior, con reaplicación regular. Durante la entrevista, remarcó que los aceites de coco y la grasa de res no sustituyen al protector solar.
“Podrían aumentar la predisposición a quemarse”, afirmó tras una demostración con cámara ultravioleta, donde los filtros minerales, químicos y con color mostraron protección, mientras que el aceite de coco y la grasa de res no bloquearon la radiación.
La especialista también sugirió llevar protector solar en el auto, dado que la radiación ultravioleta puede atravesar las ventanas durante los trayectos diarios.
4) Incorporar ejercicio y entrenamiento de fuerza
La actividad física es el cuarto hábito recomendado por Wyles. La dermatóloga mencionó investigaciones que asociaron el ejercicio con una mejor cicatrización y mayor elasticidad cutánea.
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En un estudio pequeño con adultos mayores, el grupo que realizó ejercicio mostró una recuperación de heridas, en promedio, 10 días más rápida que el grupo sin actividad. La médica vinculó ese resultado con la circulación y con señales biológicas que el organismo libera durante el movimiento.
El entrenamiento de fuerza recibió una atención especial. Wyles citó una investigación de 16 semanas en 56 mujeres de mediana edad que relacionó el trabajo cardiovascular y de resistencia con mejoras en la elasticidad de la piel y en la capa donde se encuentran el colágeno y la elastina.
5) Reducir el estrés y consultar ante cambios persistentes
El estrés crónico también puede afectar la barrera cutánea, el enrojecimiento y la caída del cabello. La dermatóloga explicó que la piel contiene receptores de cortisol, una hormona vinculada con la respuesta del organismo ante situaciones de tensión.
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La especialista indicó que ciertos eventos estresantes pueden reflejarse en el cabello 3 o 4 meses después. Ante una caída importante, cambios de pigmentación en las uñas, lesiones nuevas o manchas oscuras, recomendó consultar con un dermatólogo.
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