El agua con gas puede resultar menos eficaz que el agua regular para recuperar líquidos después de una deshidratación leve causada por el ejercicio, según un estudio publicado en 2026. La diferencia no estuvo en la absorción del agua, sino en cuánto líquido eligieron beber los participantes.
Un nuevo estudio puso el foco en la cantidad que se bebe
La principal distinción para evaluar esta bebida no pasa solo por las burbujas ni por la sensación de hinchazón. También importa si la carbonatación reduce el volumen que una persona logra ingerir al terminar de entrenar, cuando necesita reponer el líquido perdido.
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La investigación, publicada en Nutrients, incluyó a 15 adultos jóvenes: ocho mujeres y siete hombres, de entre 19 y 25 años. Tras tres bloques de ejercicio en escalón a 25 ℃ que indujeron una pérdida aproximada del 1 % del peso corporal. Los participantes pudieron beber sin un volumen prefijado cuatro alternativas: agua, agua con gas, agua con electrolitos y agua con gas más electrolitos.
El grupo que tomó agua con gas sola consumió menos líquido de forma espontánea y terminó con una recuperación de fluidos inferior a la observada con agua sin gas y con las opciones que incluían electrolitos.
Los autores atribuyeron ese resultado a la menor ingesta total, no a que el dióxido de carbono impida hidratarse. La incorporación de electrolitos mejoró la retención de líquido frente al agua con gas sola. Aunque el volumen consumido siguió siendo menor que con agua común.
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El trabajo ofrece un dato reciente para la recuperación posterior al esfuerzo, pero tiene límites claros. Evaluó una deshidratación leve, un período de tres horas y una muestra pequeña de adultos sanos. Por eso no permite trasladar sus resultados de forma automática a competencias extensas, climas extremos o personas con enfermedades digestivas.
Durante el entrenamiento, la tolerancia digestiva condiciona la elección
El agua carbonatada aporta dióxido de carbono, responsable de la efervescencia. En una caminata o una sesión de baja exigencia puede ser una elección aceptable si la persona la tolera y alcanza a beber lo necesario.
Sin embargo, el gas puede aumentar la plenitud, eructos o distensión abdominal, sensaciones que ganan relevancia en la carrera, saltos y ejercicios de alta intensidad.
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La literatura sobre síntomas gastrointestinales asociados al ejercicio indica que el problema tiene varias causas. El esfuerzo prolongado, calor, deshidratación, movimiento repetido del cuerpo y estrategia de comida y bebida.
Un ensayo de 2026 sobre corredores de resistencia señaló que los adolescentes y los adultos presentaron respuestas generales comparables ante tres horas de carrera. Remarcó la necesidad de seguir estudiando estas molestias.
Esto impide atribuir cada malestar al agua con gas. Aun así, quien ya experimenta reflujo, dolor abdominal, náuseas o sensación de estómago lleno durante el ejercicio tiene un motivo práctico para evitar introducir bebida carbonatada el día de una prueba exigente.
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La reposición debe ajustarse a duración, calor y sudoración
El Colegio Americano de Medicina del Deporte recomienda planes de hidratación personalizados: la tasa de sudoración, duración de la actividad y condiciones ambientales cambian entre personas. Para estimar pérdidas, una referencia útil consiste en controlar el peso corporal antes y después de un entrenamiento de al menos una hora, en condiciones similares a las de la práctica habitual.
El criterio operativo puede ordenarse en tres escenarios:
- Sesiones breves y clima fresco: beber según la sed suele ser suficiente; el agua sin gas evita sumar gas al estómago.
- Ejercicio de más de 90 minutos, calor o sudoración intensa: pueden requerirse líquidos con sodio y carbohidratos, según la duración y las pérdidas individuales.
- Después de una sesión con pérdida de peso: la prioridad es recuperar agua y sales; si el agua con gas reduce el volumen que se puede beber, el estudio de 2026 sugiere optar por agua sin gas o considerar una alternativa con electrolitos.
La guía del Comité Olímpico Internacional aconseja limitar la deshidratación a menos de alrededor del 2% de la masa corporal y recuerda que el sodio cobra importancia cuando las pérdidas por sudor son altas.
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En consecuencia, el agua con gas no debería evaluarse como una bebida “mejor” o “peor” en abstracto. Su lugar depende de la tolerancia personal y, sobre todo, de que permita cumplir con el volumen y la composición de líquidos que demanda cada entrenamiento o recuperación.
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