El interés por el lipedema aumentó en los últimos años, aunque todavía, en la práctica clínica, es difícil identificarlo con certeza. La falta de una prueba concluyente obliga a los médicos a considerar distintos síntomas antes de llegar a un diagnóstico.
En declaraciones recogidas por National Geographic, Rachelle Crescenzi, profesora asociada de radiología e imágenes médicas de la Universidad de Virginia, advirtió además que la mayor exposición pública del tema también puede favorecer la difusión de tratamientos sin respaldo científico.
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Thomas Wright, médico especializado en liposucción, explicó que, hasta ahora, no existe un análisis de sangre ni una resonancia magnética que confirme el lipedema de forma concluyente. Por ese motivo, la valoración se apoya en un examen clínico que considera distintos síntomas.
Vincenza Cifarelli, profesora asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Saint Louis, sostuvo que el lipedema es una enfermedad importante y que no debe atribuirse simplemente a una falta de voluntad para bajar de peso.
El reconocimiento institucional también avanzó de forma desigual. La Organización Mundial de la Salud incorporó un código específico para el lipedema en 2019 dentro de una clasificación internacional que entró en vigor en 2022.
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En Estados Unidos, los códigos diagnósticos específicos no se prevén hasta octubre de 2027. Las estimaciones disponibles indican que la afección podría alcanzar hasta el 12% de las mujeres, aunque la frecuencia real todavía se desconoce.
La especialista indicó que la enfermedad se considera progresiva, aunque su evolución no necesariamente empeora con el tiempo en todos los casos.
El diagnóstico reúne varios signos durante la consulta médica
Wright señaló que, ante la ausencia de una prueba definitiva, durante la consulta tiene en cuenta la sensación de pesadez, el dolor al tacto, la inflamación y una acumulación de grasa desproporcionada respecto de otras zonas del cuerpo. El médico afirmó que esos signos pueden afectar la movilidad y la calidad de vida.
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Crescenzi relató que muchas mujeres consultaron por dolor, hematomas frecuentes y un aumento de volumen en las piernas que no lograban explicar. Según la investigadora, durante mucho tiempo no encontraron dónde recibir atención por esos síntomas.
Las redes sociales dan visibilidad, pero también pueden difundir propuestas sin respaldo
Crescenzi advirtió que muchas personas recurren a las redes sociales para compartir experiencias y buscar información sobre el lipedema. La investigadora señaló que esos contenidos no siempre son confiables.
También señaló que el interés creciente puede ser aprovechado por quienes promocionan lociones u otras intervenciones sin respaldo. Según Crescenzi, esas propuestas pueden dificultar el acceso a la atención necesaria.
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Las resonancias se estudian como una herramienta que podría complementar la evaluación
Crescenzi estudia el lipedema y otras enfermedades del sistema linfático, la red de vasos que transporta líquidos en el organismo, con financiación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Su equipo desarrolla técnicas de resonancia magnética para analizar los niveles de sodio y la estructura de los tejidos afectados.
La investigadora informó que su grupo encontró diferencias en las mediciones de sodio y grasa de las piernas entre pacientes con lipedema y personas sin la afección que tenían un índice de masa corporal similar. Ese índice relaciona el peso con la altura.
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Su equipo investiga si esas mediciones podrían ayudar, en el futuro, a identificar la enfermedad con mayor precisión.
La investigadora señaló que una parte importante de los estudios originales sobre el lipedema se publicó en los últimos cinco años. También consideró que mejores herramientas de medición podrían contribuir a una identificación más precisa y a una mejor atención durante la próxima década.
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