El dolor abdominal en la parte superior derecha, especialmente tras ingerir alimentos grasos, puede ser una señal de ataque de vesícula, según especialistas de Cleveland Clinic. Estos episodios suelen confundirse con otros trastornos digestivos, pero consultar a tiempo con un médico resulta fundamental para evitar complicaciones.
Las crisis vesiculares se producen cuando la bilis almacenada en el órgano se espesa —formando lodo biliar— o se solidifica en cálculos. Estas formaciones pueden bloquear los conductos, generar presión interna y desencadenar el cólico. Si la obstrucción se mantiene, aumenta el riesgo de inflamación o infección en la pared de la vesícula, una condición denominada colecistitis.
Síntomas principales y presentación clínica
El síntoma más frecuente es un dolor localizado bajo las costillas derechas, indica la gastroenteróloga Christine Lee de Cleveland Clinic. Esta molestia puede irradiarse hacia la espalda, el hombro o el pecho, lo que en ocasiones lleva a confusiones con cuadros cardíacos. La intensidad y el patrón del dolor varían según la persona.
El cólico biliar suele aparecer entre 15 y 20 minutos después de consumir una comida rica en grasas, con una duración que oscila entre 30 minutos y 4 horas, pudiendo dificultar las actividades cotidianas. En algunos casos, el dolor surge durante la noche, interrumpe el sueño o aparece de manera espontánea, sin un vínculo claro con la alimentación.
Además del dolor típico, existen otros síntomas de ataque de vesícula biliar que deben evaluarse: fiebre, náuseas y vómitos pueden acompañar o sustituir al dolor, sobre todo si se desarrolla una infección. Algunas personas también experimentan alteraciones en los hábitos intestinales. “La forma en que se presentan todos estos síntomas varía de una persona a otra”, explica la doctora Lee.
Factores de riesgo y recomendaciones iniciales
Diversos factores aumentan la probabilidad de padecer un ataque de vesícula biliar. El consumo habitual de alimentos ricos en manteca, aceites, frituras o grasas saturadas incrementa el riesgo de formación de cálculos y crisis vesiculares. Mantener este tipo de dieta favorece la recurrencia de episodios, aunque no siempre hay una relación directa entre la comida y la aparición de síntomas.
Desde Cleveland Clinic recomiendan que, ante la sospecha de un ataque, se eviten los alimentos grasos y se mantenga una hidratación adecuada. Actualmente, no existen medicamentos que disuelvan los cálculos; no obstante, bajo indicación médica, se pueden utilizar analgésicos para el dolor o antibióticos si hay signos claros de infección.
Señales de alarma y diagnóstico
Existen síntomas de alarma que requieren atención urgente: fiebre persistente, transpiración intensa, dificultad respiratoria, vómitos o heces con sangre. El dolor abdominal puede tener múltiples causas —incluyendo infecciones, patologías renales o cardíacas— por lo que la evaluación por un especialista en gastroenterología es esencial.
El diagnóstico se basa en una historia clínica detallada y en pruebas complementarias —como estudios de imagen— para confirmar la presencia de cálculos y descartar otras enfermedades. Registrar los episodios, especificando frecuencia y circunstancias, ayuda al médico a determinar la gravedad y definir el mejor tratamiento.
Frente a episodios repetidos o complicaciones, el equipo médico puede recomendar una colecistectomía, es decir, la extirpación quirúrgica de la vesícula biliar. Cleveland Clinic señala que la intervención resuelve el problema en la mayoría de los pacientes y previene ataques futuros. Además, la vesícula biliar no es un órgano vital, lo que permite llevar una vida normal tras su extracción.
Aunque los ataques de vesícula biliar pueden generar preocupación, el abordaje médico oportuno y la adopción de hábitos alimenticios saludables reducen el riesgo de complicaciones graves.
Consultar a un especialista ante síntomas compatibles con cólico biliar permite un diagnóstico preciso y la elección del tratamiento más eficaz, destaca Cleveland Clinic. Si bien la vesícula biliar contribuye a la digestión de las grasas, su ausencia no compromete la supervivencia, ya que el organismo se adapta perfectamente a su falta.