
Por Valeria Román
A los 7 años, Anita Mahajan quería salvar vidas. No deseaba ponerse a jugar "a la doctora". Ella quería hacerlo de verdad. Vivía en Londres, Inglaterra, con su familia de origen indio. Se mudó a Canadá, donde estudió bioquímica y luego medicina. Se especializó en el Hospital General Massachusetts, en Boston, Estados Unidos, y lleva más de 20 años trabajando en lo que se propuso: resguardar la vida de niñas y niños que son afectados por diferentes tumores. Busca no sólo que el tratamiento cure a sus pacientes, sino que los efectos adversos se reduzcan. "Con la terapia de protones, podemos tratar al cáncer y minimizar las secuelas en la vida posterior de los pacientes", dijo la doctora Mahajan a Infobae durante una entrevista en Buenos Aires.
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Mahajan, que hoy investiga en la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota, Estados Unidos, fue una de las disertantes del 1er. Workshop Argentino de Protonterapia (WArP 2019), organizado conjuntamente por la Universidad de Buenos Aires, el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Hospital Garrahan y la empresa Invap. Habló sobre cuándo se puede usar hoy la terapia con protones.

"La terapia con protones o protonterapia ha sido el resultado de la aplicación de conceptos de la física", recordó Mahajan. Fue el físico Robert Wilson quien después de haber trabajado en el Laboratorio Los Álamos, donde se desarrollaron las primeras bombas nucleares, postuló la idea de usar protones como tratamiento médico. Corría el año 1946, y Wilson sostenía que esas partículas pequeñas con carga positiva que se encuentran en los átomos de todos los elementos podían ayudar a la humanidad.
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El camino de la idea de Wilson a la realidad concreta para los pacientes llevó décadas de inversión en investigación y desarrollo de centros científicos. Hoy la terapia de protones está disponible en ochenta centros de Estados Unidos, Canadá, Rusia, Suiza, Japón, Francia, Alemania, Italia, China, Polonia, República Checa, Corea del Sur, Taiwán, Dinamarca, India y Holanda. Hasta 2017 ya se habían tratado más de 175.000 pacientes con terapia de protones.

En comparación con la radioterapia convencional (que utiliza rayos X), la protonterapia posibilita una distribución de dosis más ajustada sobre el tumor. Al reducir la dosis en tejidos sanos, el tratamiento tiene menos efectos adversos. Esta diferencia permite que los profesionales de la salud puedan indicar una dosis más alta y brindar un tratamiento efectivo a los pacientes. "Recientes estudios también demuestran que la terapia de protones puede combinarse con la inmunoterapia en ciertos cánceres", agregó Mahajan.
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Tras décadas de investigación en diferentes países desarrollados, hoy la evidencia demuestra que la terapia de protones puede ser indicada en casos de tumores infantiles, cáncer avanzado de cabeza y cuello, cáncer ocular, tumores de la base del cráneo, carcinoma hepatocelular, tumores de la columna vertebral y casos de reirradiaciones, entre otros. También se puede administrar para tratar casos de difícil planificación de tumores génito-urinarios, tumores en la zona del tórax, abdominales y cáncer de mama.
Para la doctora Mahajan, la terapia de protones es todo un mundo. "Llegué al campo de la oncología radioterápica casi por accidente, pero es lo que mejor podría haber hecho. Por un lado, obliga a conocer mucho sobre anatomía humana y cáncer, y a la vez permite tratar con personas, con los pacientes. Además, es el resultado de un trabajo en equipo permanente. Para administrar las instalaciones con la tecnología donde se emiten los haces de protones, se necesitan físicos e ingenieros, que trabajan con los profesionales de la salud. Es un campo que combina ciencia, tecnología y sociedad", comentó.
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En el caso de los niños con tumores, la terapia con protones hace que el cáncer se controle en muchos casos. "Nos permite salvar las vidas de muchos chicos y reducir los riesgos de los efectos adversos que pueden afectar el aprendizaje y sus movimientos. Por lo cual, después de la enfermedad, los chicos pueden seguir estudiando, jugando, entre otras actividades, sin que se afecte su calidad de vida", aclaró Mahajan.
Un obstáculo para que la terapia de protones sea masiva es que su instalación y la tecnología que implica tienen un alto costo. También se requiere de personal capacitado en su administración. Mahajan reconoció además que la medicina a veces tiene límites frente a los casos de cánceres avanzados. "Cuando muere un paciente, es muy triste. Pero trato de mantenerme positiva para acompañar a las familias. Muchos padres encuentran un motivo para seguir adelante en las organizaciones solidarias. Afortunadamente, en la actualidad más del 70% de los pacientes infantiles con cánceres sobreviven", expresó.
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En la Argentina, la Universidad de Buenos Aires y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) empezaron en julio a construir el Centro Argentino de Radioterapia Protonterapia. Será el primero en América Latina y estará dedicado a la investigación y el tratamiento radiante de tumores de difícil acceso y/o pediátricos. Estaría listo para funcionar en el año 2021.
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