Entre lluvias, costos y guerra: ¿puede sostenerse el repunte de la lechería argentina?

Las precipitaciones traen alivio productivo, pero complican la cosecha, mientras la macroeconomía, el mercado interno y el conflicto en Medio Oriente abren interrogantes sobre el futuro inmediato del sector

La actividad lechera enfrenta hoy el desafío de compatibilizar la recuperación hídrica con la necesidad de avanzar con las labores sin mayores pérdidas (Revista Chacra)

Con perfiles de suelo todavía con capacidad para recibir más reservas de humedad, el oeste de la provincia de Buenos Aires registró lluvias importantes el 17 del mes y se esperan nuevas precipitaciones hacia fin de mes. Este escenario permitiría recomponer niveles de humedad necesarios para muchos planteos productivos, aunque al mismo tiempo genera preocupación por las dificultades que podría traer para levantar la cosecha gruesa. En varias zonas, el desafío pasa por compatibilizar la recuperación hídrica con la necesidad de avanzar con las labores sin mayores pérdidas, según consigna un informe elaborado por la Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste de Buenos Aires (CAPROLECOBA).

En el plano productivo, la lechería mostró en febrero señales positivas. Argentina produjo 821 millones de litros, equivalentes a 29,3 millones por día, lo que representó un crecimiento interanual del 10% en volumen y del 11,5% en sólidos (grasa butirosa más proteína). Sin embargo, el promedio diario quedó 6% por debajo de enero, una caída menor a la observada en los últimos cuatro años, cuando el descenso promedio rondó el 8%. Las industrias proyectan un mayor crecimiento en el primer semestre, con una desaceleración hacia la segunda mitad del año.

En la Cuenca Oeste, el incremento interanual fue del 7%, impulsado por buenos rendimientos en los maíces destinados a silo, con valores que oscilaron entre 30.000 y 50.000 kilos de materia verde por hectárea. Las lluvias recientes también favorecerían la siembra de verdeos, clave para sostener la oferta forrajera. No obstante, la relación de precios continúa ajustada: la relación leche-maíz se ubica en 1,96 y la leche-soja en 1,03, indicadores que reflejan márgenes cada vez más finos para los productores.

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Un informe elaborado por CAPROLECOBA indica que "la cadena está ajustada, y cada vez más productores están en rojo" (Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste de Buenos Aires)

A pesar del mayor volumen de leche que llega a las plantas en marzo, la cadena se mantiene tensionada. Las grandes industrias trabajan con parte de su capacidad ociosa debido a un mercado interno débil, aunque relativamente estable, y se preparan para atender la demanda externa. Las pymes, en cambio, optan por la prudencia y evitan movimientos bruscos, mientras la rentabilidad de los tambos continúa deteriorándose en un contexto macroeconómico complejo y poco favorable para la producción. En este escenario -puntualiza el informe de CAPROLECOBA- cada vez más establecimientos operan con números en rojo, aunque la necesidad de materia prima comienza a insinuar una leve mejora en la demanda.

El contexto internacional agrega incertidumbre. La guerra en Medio Oriente impacta sobre el comercio global, especialmente en el precio del petróleo, el gas y los fertilizantes nitrogenados, insumos clave para el agro. Entre los efectos posibles se mencionan subas en combustibles, granos y costos logísticos, mayor volatilidad de precios, dificultades para conseguir buques y aumentos en los seguros de transporte. Aun así, el hecho de que buena parte del comercio argentino con Asia no utilice rutas que pasan por el Golfo Pérsico reduce parcialmente el riesgo de interrupciones severas en las exportaciones.

En cuanto al clima, el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional para marzo, abril y mayo prevé lluvias dentro de los valores normales y temperaturas levemente superiores al promedio. El monitoreo del fenómeno ENSO indica condiciones neutrales con tendencia a Niño hacia el otoño, lo que podría favorecer la disponibilidad de humedad. Sin embargo, entre el clima, los costos y la incertidumbre internacional, la gran pregunta sigue abierta: ¿alcanzará este escenario para sostener la recuperación productiva sin comprometer la rentabilidad del sector?

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