El análisis fue realizado por especialistas de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos. No es ninguna novedad afirmar que China depende en gran medida de las importaciones de soja para satisfacer la demanda nacional de alimento para cerdos y aves de corral. Son algo más de 100 millones de toneladas que cada año llegan al gigante asiático, sobre todo desde Brasil. Sin embargo, el más interesado en que China siga comprando soja es Estados Unidos, muy complicado en su relación con Beijing y necesitado de colocar allí buena parte de su abultada producción. Desde luego, todo lo que pueda afectar el precio internacional de la oleaginosa es asimismo de interés para la Argentina.
Lo cierto es que China quiere recortar todo lo posible su excesiva exposición a la soja extranjera, y enarbola algunos avances. El Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de la nación asiática calcula que tras la implementación de una política de reducción del uso de harina de soja, la tasa de inclusión en la ración estimada oficialmente cayó por debajo del 13 % en 2023, desde el 17% en 2017. La primera impresión es que en efecto las tasas referidas han disminuido, pero no de forma tan pronunciada ni uniforme como sugieren las cifras oficiales. Además, la demanda general de importación de soja de China se mantiene elevada. Es probable que el impacto sobre los principales exportadores sea pequeño a corto plazo.
Los datos del Servicio Agrícola Exterior del USDA muestran que China se acerca a la autosuficiencia en granos básicos como el maíz, el arroz y el trigo. Sin embargo, dicha autosuficiencia es menor y más variable en oleaginosas. Si bien virtualmente se autoabastece de semillas de girasol y está muy cerca de lograrlo en el caso de la canola, para la soja la tasa de autosuficiencia se ha mantenido en torno del 20 % durante una década o más.
La dependencia de China de las importaciones de soja se originó en el período de rápido crecimiento económico y expansión demográfica que comenzó a principios de la década de 1990. Con el auge de la economía, la demanda de la oleaginosa aumentó, mientras que la producción no lo hizo. Hubo un notable incremento de la necesidad de forrajeros en general y de harina de soja como principal ingrediente proteico en la producción de carne de cerdo y de pollo. Esto generó un déficit interno persistente que llevó al gigante asiático a aumentar exponencialmente las importaciones y absorber más del 50% del poroto originado en el planeta.
Hay que decir que las guerras de tarifas de Trump en sus dos presidencias, tienen alta responsabilidad en el intento de China de reducir sus importaciones de soja. Para 2021, Beijing puso en marcha programas piloto para apuntalar este objetivo. Se dispuso que la tasa de inclusión de harina de soja debía caer a menos del 13% para 2025 –no se ha cumplido-, y a menos del 10% para 2030. Estos objetivos se llevarían a la práctica mediante alimentos con niveles más bajos de proteína cruda, suplementados con aminoácidos esenciales como lisina, metionina y treonina.
La política china promueve simultáneamente varias medidas complementarias para diluir el papel de la harina de soja en las raciones de alimento. Estas incluyen expandir el uso de otras harinas proteicas, como las de colza, algodón, maní, girasol y sésamo; desarrollar nuevas fuentes proteicas a partir de granos de destilería, subproductos de cervecería, residuos de cultivos y subproductos de la industria azucarera; y mejorar la estructura del forraje mediante la producción de ensilado y heno con mayor contenido proteico. Aunque el maíz contiene mucho menos proteína que la harina de soja por unidad, su gran escala de uso lo convierte en una importante fuente de estas macromoléculas esenciales para la alimentación animal.
Por cierto, existen diferencias notables entre las estimaciones basadas en las estadísticas oficiales de China y las del USDA. La divergencia es más pronunciada en el período 2021-2024. Los datos del gobierno chino probablemente sobreestiman la magnitud y la intensidad de la reducción en las tasas de inclusión de harina de soja. Una lectura más cautelosa reconoce que en 2024 estas han sido ligeramente inferiores a las de 2018. Sin embargo, la magnitud de la disminución es modesta y se caracteriza por una volatilidad interanual en lugar de una tendencia descendente definida.
Desde la Universidad de Illinois advierten que los datos del USDA exhiben una coherencia interna que las estadísticas del gobierno chino podrían no presentar, especialmente porque China no publica datos oficiales de inventarios. En cualquier caso está claro que las importaciones de soja por parte del gigante asiático siguen siendo abultadas.
Como fuere, las medidas de reducción de la harina de soja en China se continúan aplicando y adoptando gradualmente en toda la industria de alimentos balanceados. Es probable que el impacto del plan para reducir el uso de harina de soja en alimentación animal sobre los principales exportadores de soja siga siendo limitado por el momento. Sin embargo, esto podría modificarse a más largo plazo.
Lo cierto es que Beijing no se rinde. Las noticias más recientes indican que el gobierno chino impulsará la productividad en soja en lugar de ampliar la superficie cultivada, según su plan quinquenal. El llamado “Documento Nº 1” del Consejo de Estado se publicó antes de la redacción del nuevo plan quinquenal de China, en medio de tensiones comerciales con los principales proveedores de alimentos, como Estados Unidos y Canadá, la desaceleración económica y el aumento de los riesgos climáticos.
El paper hace especial hincapié en la diversificación, con planes para expandir la producción de semillas oleaginosas, generar variantes en el sistema alimentario y ampliar las fuentes geográficas de las importaciones agrícolas. En el caso de la soja, Beijing está concentrando su enfoque en mejorar el rendimiento y la calidad. El documento describe el apoyo a la innovación agrícola, el desarrollo de la biotecnología, la integración de la inteligencia artificial en la agricultura y medidas para estabilizar el sector cárnico, incluyendo la gestión de la producción porcina y el apoyo a la industria láctea, según enuncia UKRAgro.
China planea fomentar empresas agrícolas competitivas a nivel internacional, apoyar la expansión de las exportaciones especializadas, combatir el contrabando de productos agrícolas y participar en la gobernanza agrícola y alimentaria mundial, según el documento. Las iniciativas orientadas a mejorar la autosuficiencia en soja, como el cultivo de materiales transgénicos, podrían generar mayores aumentos de producción. Más importante aún, el tercer año consecutivo de disminución de la población china y la desaceleración del crecimiento del consumo de carne, apuntan a una posible disminución de la demanda de soja importada a largo plazo.
China no logró alcanzar sus objetivos de menor dependencia de la harina de soja el año pasado, y ahora el acuerdo no escrito sellado con Donald Trump dificulta aún más las cosas. A contramano de sus necesidades, Beijing está obligado a comprar muchos millones de toneladas de soja estadounidense. Los planes de independencia deberán archivarse por el momento.