Los coletazos de la guerra de tarifas entre Estados Unidos y China no terminan nunca. En esta batalla, la soja es el producto que ocupa el centro de la escena. Beijing la usó para presionar a Washington durante muchos meses de sequía de ventas en el país de las barras y las estrellas, pero Donald Trump parece haber encontrado la vuelta para canjearles a los chinos compras del preciado poroto a cambio de aceptar determinadas necesidades comerciales de los asiáticos.
Así, en noviembre pasado surgió el esquema, nunca reconocido formalmente por los chinos, que indicaba que comprarían inmediatamente 12 millones de toneladas de soja estadounidense, que se convertirían en 25 millones de toneladas en 2026 y otro tanto en 2027 y 2028. Como esto nunca fue escrito, los momentos exactos de cada uno de estos movimientos son ciertamente difusos y se van manejando a voluntad, sobre todo las de Trump y Scott Bessent.
El punto es que habiendo cumplido aparentemente con los 12 millones de toneladas iniciales, el mercado estaba convencido de que China ya no tendría incentivos para comprar soja estadounidense hasta verse forzada a ir por los 25 millones de toneladas que siguen. Equivale a una probable tendencia estable/bajista para el poroto en Chicago durante un buen tiempo. Brasil, e incluso la Argentina, debían ser proveedores excluyentes de China durante los próximos seis o siete meses, sencillamente porque su soja es más barata.
Cuando el poroto navegaba sin rumbo en la ciudad de los vientos, y con escasas expectativas de cambio, Trump sorprendió a propios y extraños al postear en su red social favorita que acababa de comunicarse con Xi Jinping, quien le habría manifestado que China estaba considerando sumar a los 12 millones de toneladas referidos, otros 8 millones en el corto plazo. Inmediatamente el poroto inició un rally que lo llevó a ganar USD 17 en la posición cercana la última semana, poniendo en pausa los planes de todos los que están cerca de este negocio, que ahora no saben a qué carta quedarse.
Desde luego, se discute por qué China iría a comprar un volumen como el citado, cuando puede obtenerlo por muchos menos dólares en Sudamérica. La primera conclusión de los analistas es que el arbitraje económico razonable va cediendo espacio ante el crecimiento de los negocios de índole política. El raciocinio indica que a calidades similares el precio define la venta, pero este es un concepto que ha perdido fuerza a partir de la presión del presidente de Estados Unidos.
La Argentina es un exportador de ocasión en el caso del poroto, pero en Brasil están que trinan. La prima deja de reflejar únicamente la competitividad y comienza a incorporar el riesgo político indirecto. Ignorar este canal equivale a una comprensión incompleta de la formación de precios, y esto rara vez sale barato, se quejan los especialistas del vecino país. “No es bueno cuando la política de un Estado determinado mete la cuchara en un negocio que debería involucrar únicamente a privados”. Un flagelo que hemos padecido largamente en la Argentina, por cierto.
El punto es que la soja estadounidense no se volvió más competitiva en términos relativos, pero los asiáticos siguieron comprando hasta completar los 12 millones de toneladas iniciales. Y quizás volverán a hacerlo ahora, apretados por sus compromisos con Estados Unidos. Los especialistas advierten que esto altera la lectura del riesgo implícito en el negocio. Los precios en Brasil no son holgados ni mucho menos, y la movida de la Casa Blanca siembra preocupación en toda la cadena granaría, en una temporada para la cual los costos resultan demasiado altos, al igual que el nivel de endeudamiento, al tiempo que la renovación se realiza sin garantías o con tasas de interés cercanas al 20% anual. Alarma que la suba en Chicago no tenga correlato con la evolución de los precios de exportación.
“Como primera reacción no hubo ofertas en el mercado CFR. La incertidumbre sobre lo que podría suceder si China compra 20 millones de toneladas esta temporada congelará el mercado, al menos de momento. La oportunidad no podía ser peor para una especulación como la que acaba de poner Trump sobre la mesa. Muy diferente hubiese sido en octubre”, dice un analista brasileño. La referencia es que llega justo cuando la cosecha del socio del Mercosur está saliendo al mercado. Los vendedores sudamericanos de soja ahora compiten por la demanda no sólo en términos de precio, sino también a través de decisiones políticas.
Hay otros inconvenientes. Las existencias de soja en los puertos chinos se encuentran en su nivel más alto en cuatro años. Según Bloomberg, desconociendo la movida de Trump, China había incrementado los pedidos de soja brasileña, tras alcanzar un volumen inicial de envío desde Estados Unidos como parte de una tregua comercial con Washington. “En la última semana, los importadores han reservado al menos 25 cargamentos de soja para su carga, principalmente en marzo y abril. Tiene sentido, los suministros brasileños son mucho más baratos. Moler en China la soja estadounidense supondría grandes pérdidas”, asegura una trader de Oriente.
La soja brasileña cuesta actualmente como mínimo USD 18 menos que los envíos desde el Golfo, y hasta USD 27 menos para los despachos de marzo, según comerciantes y analistas, A medida que se acelera la cosecha, es probable que la diferencia crezca, incluso a USD 37, afirmó Dan Basse, presidente de AgResource Co.
La compra de los 12 millones de toneladas de soja estadounidense tras el deshielo entre Beijing y Washington a finales de octubre, fue realizada en su totalidad por las empresas estatales Sinograin y COFCO, ya que el aumento de los precios en Estados Unidos marginó a los comerciantes privados. Los 8 millones de toneladas adicionales parecen poco probables, a menos que el gobierno de China emita una directiva específica. Beijing podría ordenar compras a las empresas estatales de granos para complacer a Trump antes de su visita a China prevista para abril, ya que busca otras concesiones de Washington.
“Pensando en ese mes, el diferencial entre la soja brasileña y la estadounidense ronda los USD 50 por tonelada en términos FOB. No tiene sentido comercial alguno”, reconoce un operador de Singapur. A esos niveles, China pagaría hasta 400 millones de dólares más por 8 millones de toneladas de soja estadounidense que si se tratara de poroto brasileño. Incluso con precios a la par, es poco probable que las procesadoras privadas intervengan para comprar, ya que China sigue imponiendo un arancel del 13 % a la soja estadounidense, frente a uno del 3 % para el país sudamericano. Los operadores avisan que las trituradoras privadas chinas no han comprado ni un solo cargamento de soja estadounidense en la temporada que comenzó en septiembre pasado, prefiriendo recurrir a Brasil y Argentina. Por eso algunos especulan con que los volúmenes anotados por el gigante asiático están destinados a las reservas del país, no quedando ninguna otra alternativa.
La Argentina había crecido en los despachos de poroto de soja a China en el último año. Hasta la novedad de Trump, se proyectaba que nuestro país exportaría 8,2 millones de toneladas de soja en 2026, un 5% más que el año anterior y el mayor volumen desde la temporada 2019/20, según datos del Servicio Agrícola Exterior (FAS) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos en su informe de enero. Es otro número que entró en duda desde la semana pasada; a nuestro país le caben comentarios similares a los utilizados para Brasil. Salvando las distancias, sus posibilidades de competir en el mercado asiático aparecen ahora inciertas, a pesar de ofrecer uno de los precios más baratos del planeta para esta oleaginosa.
Trump sumó entonces otro factor potencialmente alcista a su lista de los últimos días, que incluye el probable soporte al diesel renovable generado en Estados Unidos. Será clave que el mercado empiece a ver hechos concretos en ambos casos, so pena de repetir el proceso de diciembre, en que el poroto devolvió todas las ganancias acumuladas un mes antes. En el medio, tendremos un nuevo WASDE USDA el próximo martes. Es de imaginar la desorientación de los profesionales del organismo que calcularon stocks finales sin siquiera soñar con los 8 millones de toneladas que acaba de sugerir Trump. De acá en más el mercado global de la soja pasa a ser una moneda en el aire.