Se ha puesto complicado el panorama para la agricultura mundial. Exceso de oferta/alta competencia en los mercados, precios que han descendido y costos que no acompañan esa baja componen una ecuación poco amigable. Y el problema no lo tienen únicamente los países de escasa tradición en la materia, sino también los más encumbrados en este negocio. Brasil y Estados Unidos conforman una muestra fiel de que algo se ha puesto muy áspero, más allá de que entre las empresas de campo hay matices en términos de capacitación y habilidades que hacen que algunos logren escapar de la encerrona.
En el caso del socio del Mercosur, su explosivo crecimiento en soja y maíz llevan a imaginar un escenario casi idílico. Nada más alejado. Roberto Rodrigues, un viejo conocido de los argentinos, indicó a Forbes que este 2026 pone a prueba la supervivencia económica de los productores rurales. Rodrigues es Profesor Emérito de la Fundación Getúlio Vargas y exministro de Agricultura de Brasil. Infaltable en cuanto seminario de alto nivel se ha realizado en nuestro país, avisa que las altas tasas de interés, la presión de los costos y la incertidumbre externa están reduciendo los ingresos en el campo.
En Brasil, la producción crece, las exportaciones también, pero los ingresos de los productores, cada vez menos. Para Rodriges, tasas de interés cercanas al 20% anual llevan a que las cuentas no cierren. “Producir un mayor volumen sin generar ganancias para el hombre de campo erosiona la base del sistema. En no mucho tiempo más empezará a recortarse el uso de cierta tecnología, las inversiones y la superficie sembrada. Para los granos, 2026 es un año particularmente difícil”, afirma. Desde luego, apuntar a una elevada productividad pone a cubierto de buena parte de estos factores negativos, pero no es soplar y hacer botellas. Depende de variables propias pero también de otras ajenas al control del productor, como el clima y el acceso al crédito y los insumos.
Para el consultor Alé Delara, es probable que los agronegocios tengan por delante dos años malos más en términos de rentabilidad. “La dinámica es la de siempre, excepto que para esta temporada los costos son altísimos, la deuda es elevada y las renovaciones de préstamos no tienen garantía o tienen tasas de interés cercanas al 20% anual”. Especialista en agronegocios y comercio exterior con foco en commodities, Delara dice que los USD 285 que se estarían ofreciendo en el norte de Mato Grosso por la soja en este comienzo de trilla resultarían impensados algunos años atrás.
En Estados Unidos, grupos agrícolas alertan sobre la crisis económica en las zonas rurales en una carta enviada al Congreso. Alrededor de 56 organizaciones firmaron la misiva coordinada por la American Farm Bureau Federation, que describe la amenaza existencial que se cierne sobre muchos establecimientos. “Los agricultores, ganaderos y productores estadounidenses se enfrentan a presiones económicas extremas que condicionan la viabilidad a largo plazo del sector agrícola. Las quiebras siguen aumentando y muchos productores podrían tener dificultades para obtener financiación para su próxima cosecha”, reza el texto del documento.
Los farmers hablan de una pérdida para el sector en torno de los USD 100 mil millones de una punta a la otra de Estados Unidos. Todo esto sucede a pesar de importantes inversiones gubernamentales en programas agrícolas, un esquema de asistencia puente y otras ayudas para sostener a los agricultores. “Instamos al Congreso a brindar apoyo económico inmediato para cubrir el rojo de los productores, tanto de commodities como de cultivos especializados”, reclaman los hombres de campo.
Tras alcanzar su máximo de rentabilidad en 2021/22, el sector se ha adentrado en al menos cuatro años consecutivos de márgenes negativos, y este año aún falta mucho para alcanzar el punto de equilibrio en casi todos los cultivos. De hecho se menciona un aumento en las solicitudes de quiebra de establecimientos de campo del 36 %. Los bancos están cortando el suministro a algunos productores, justo cuando necesitan efectivo con urgencia. El panorama incluye tractores y cosechadoras sin vender en los concesionarios, en medio de empresas agroindustriales que informan una disminución de sus ganancias, mientras la abundancia de granos afecta los mercados.
Desde luego, la guerra comercial con China ha tenido un enorme impacto negativo entre los productores estadounidenses, pero el problema parece ir más allá. Los agricultores han acogido con satisfacción el último paquete de ayuda de 12.000 millones de dólares de la Administración Trump, pero le advierten al presidente de Estados Unidos que con eso no alcanza. Necesitan medidas de fomento para los biocombustibles y las exportaciones de granos, que de todas maneras son excelentes en el caso del maíz y tampoco logran solucionar el problema.
Los fertilizantes se van tornado inalcanzables, entre otros insumos. Se prevé que su costo se mantenga elevado durante un año más, al tiempo que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estima que los precios de soja y maíz seguirían por debajo de los valores de 2023. El farmer necesitará un maíz de USD 198 y una soja de USD 470 para alcanzar el punto de equilibrio, según un análisis de Reuters de las cifras del USDA.
Los fabricantes de maquinaria agrícola en Estados Unidos han reducido sus nóminas, mientras se van haciendo populares las subastas de equipos usados. El problema es que los actuales precios de indiferencia para los distintos granos son superiores a los que ofrece el mercado en cualquier momento del año. En esencia, hay poco margen de error. Es probable que la gestión del nitrógeno sea una de las áreas más importantes donde los agricultores pueden mejorar la rentabilidad sin sacrificar el rendimiento.
Entre nosotros, la consultora Zorraquín –Meneses indica que el aumento “silencioso” de costos expresados en dólares vino para quedarse y obliga a cambiar prioridades en el manejo de la liquidez, en medio de un cauto optimismo respecto de que en el mediano plazo podría registrarse un costo del dinero más acotado en función de la evolución del riesgo país, que permita recomponer caja y plantear las inversiones que hacen falta.
En el caso particular de la Argentina, a pesar de la aplicación de derechos de exportación, el agricultor enfrenta precios mejores que los esperados y relaciones insumo/producto que se muestran estables. “La caja condiciona las decisiones, y la búsqueda de factores de competitividad (escala, talento, agilidad para decidir, capacidad de gestión, alianzas) será decisiva para lo que viene. Ya no habrá créditos que se licúen, ni moratorias baratas, ni subsidios de costos. Las acciones y decisiones de los que dirigen y gestionan empresas reales, harán la diferencia en los resultados que se logren”, advierten estos especialistas.
Las tasas de interés aún siguen altas; en algún momento habrá que decidir cómo financiarse, y obligará a tener un buen manejo de los excedentes temporales. Zorraquín-Meneses creen que los insumos estables pueden generar oportunidades de canjes en precampaña, con las cuales sería posible cerrar relaciones insumo/producto convenientes. Y advierten que en determinadas circunstancias, vender y colocar a tasa de interés el producto de la venta, puede ser una mejor alternativa que retener los granos.
Este contexto obligará al productor a transitar escenarios donde probablemente no se sienta tan cómodo. La referencia es a decisiones de venta, cobertura de precios y el manejo financiero de excedentes y faltantes, para así definir la renta de la empresa. Mientras tanto hay cuestiones puntuales que atender, por caso la logística en cosecha para soja y maíz, con un costo aproximado de entre 15 y 20 USD/t. Y no conviene perder de vista que varias cotizaciones en el caso de los granos están por encima del precio de paridad (capacidad teórica de pago).
Todo esto obliga a revisar asimismo la política de proyección de ventas. Zorraquín-Meneses ponen en blanco sobre negro ciertos riesgos. En principio, el hábito de vender solo lo que se necesita y luego esperar, podría tener riesgo de bajas importantes. La recomendación sería tratar de evitar necesidades de venta en los momentos de cosecha y realizar coberturas de precios flexibles (sin comprometer físico) por un porcentaje alto de la producción estimada.
A todos los condicionantes citados habrá que ir agregando las consecuencias de la seca que castiga a buena parte de la Región Pampeana, que seguramente podría alterar algunas de las decisiones in mente. Aún muchos campos necesitan lluvias urgentes para frenar el deterioro de los cultivos y minimizar daños. Conviene esperar para hacer un balance.
Desde la consultora que manejan los profesionales antes mencionados, subrayan que la incertidumbre es inherente a los negocios, pero la capacidad para adaptarse a los cambios, e incluso adelantarse, genera oportunidades. En un mundo agrícola sobreofertado, impactado por las idas y vueltas de la geopolítica y el clima, esta será una necesidad creciente.