La ganadería vive un momento muy especial. En el balance del año que acaba de terminar, fue el único segmento de negocios que registró un alza importante de precios frente a la caída general de inventarios y activos observada en otras áreas. Desde el Rosgan, destacan que este nuevo piso en los valores, con incrementos que superaron el 70 % en algunas categorías, permitió a la cadena sobrellevar mejor el impacto de los costos.
No todo es color de rosa. El análisis señala además que el nuevo escenario conlleva cierta pérdida de competitividad para la industria exportadora respecto de los países limítrofes, como reflejo del impacto de la fuerte recuperación de precios para el productor, con niveles de rentabilidad que no se observaban desde hacía años. Los técnicos de la entidad rosarina reconocen que esta situación afecta a un eslabón clave de la cadena, pero lo identifican como el costo necesario para iniciar una etapa de crecimiento futuro del stock ganadero, dado que sin buenos precios la producción continuaría achicándose y consolidando límites de carácter estructural.
Por cierto, los primeros movimientos de 2026 vuelven a exhibir la firmeza de la demanda construida sobre una oferta escasa. De acuerdo con los técnicos del Rosgan, la solidez de este escenario deviene de la presencia de valores sostenidos durante el segundo semestre del año pasado, paridos por la escasa oferta anual y la decisión de apostar fuertemente a una nueva etapa productiva, en medio de la baja de la inflación y reglas de juego más razonables.
En este contexto, el primer remate del año del Rosgan mostró pequeñas variaciones de precios respecto de diciembre para la invernada, atribuibles a la no convalidación de valores extraordinarios, en un escenario en el que se aproxima la zafra de terneros y la necesidad de encontrar un nuevo punto de equilibrio. Se observó además el avance del proceso de recría, con lotes de mayor kilaje, vinculado también con el aumento del peso promedio de faena registrado en los últimos meses.
Las categorías de vacas y vaquillonas de cría comenzaron a mostrar una mejor calidad. Aunque se trata de segmentos con bajo volumen de ventas en sistemas televisados o por streaming, su colocación a buenos valores es considerada un indicador relevante para identificar el inicio de la retención. En ese sentido, se registró una demanda más dispuesta a repoblar campos, interpretada como un primer síntoma de recuperación del stock ganadero.
Todo indica que el contexto ganadero muestra señales inequívocas de que algo está cambiando en este negocio. El analista Ignacio Iriarte remarca que se ha registrado el quinto mes consecutivo de reducción significativa de la oferta, una tendencia en la faena que parece acercarse a los niveles de equilibrio, salvo para las vaquillonas, categoría que mantiene una tasa de extracción altísima. Habla de una faena de 54 mil animales diarios, frente a los 58 mil que eran habituales meses atrás. “Implica una caída en la oferta, y este enero no es la excepción. No es sencillo imaginar un 2026 con un aumento en la producción de carne”, dice Iriarte en sus redes.
A pesar de perder dinero por la diferencia de compra-venta, los feedlots cuentan con más hacienda encerrada que el año pasado –probablemente engordes extendidos-, en tanto están disponibles los recursos para hacer recrías más largas y obtener animales más pesados. Iriarte subraya que suben tímidamente los pesos de faena, todavía debajo de la competencia. La exportación se muestra muy activa, con un Hilton muy firme, contratos con Israel a precios satisfactorios, buenos niveles en la Cuota 481 y con recuperación de los valores en China durante los últimos días, donde las salvaguardas perjudican a Brasil y Australia pero han sido neutras para la Argentina.
Todo cierra con un consumo que por ahora resiste muy bien, algo que no puede ser explicado por el ingreso de los argentinos. En 2025, los precios de la carne redondean un incremento del orden del 70 por ciento, frente a un aumento acumulado del Índice de Precios al Consumidor del 32 por ciento.
En el plano internacional, se destaca la fortaleza del consumo mundial de carnes, impulsado por la incorporación de China como gran demandante, pero también por la presencia de un habitante del primer mundo que ha comprendido el valor de ingerir comida real. Bovinos, porcinos y aves incrementaron sustancialmente su consumo, acompañado por un retorno a la producción natural, luego de que las alternativas sintéticas fueran perdiendo terreno.
En la Argentina, en tanto, empiezan a quedar atrás cuestiones por resolver producto de la inconsistencia de las políticas intervencionistas. Las distorsiones vividas durante los últimos veinte años, orientadas a garantizar la llamada mesa de los argentinos –concepto demagógico si los hay-, terminaron generando el efecto inverso, es decir, encareciendo un producto que se volvió escaso. Hubo momentos algo más racionales, aunque el daño ya estaba hecho y el productor había perdido capital e interés.
Los árboles jamás llegan al cielo. Cañuelas redondeó tres semanas en baja para los valores deflacionados, si bien los precios reales del novillo no están lejos de su máxima expresión para los últimos dos años. Con los pies sobre la tierra, la ganadería encara una etapa distinta respecto de tiempos recientes.